El indicador que nadie esperaba confirma una economía sorprendentemente sólida

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Capitalbolsa | 19 ene, 2026

Puntos clave
  • La economía de EE. UU. mostró una resiliencia sorprendente en 2025 pese a aranceles, inflación persistente y menor creación de empleo.
  • Para 2026 aparecen nuevos vientos de cola: rebajas fiscales, mayor gasto público y una fuerte inversión en inteligencia artificial.
  • El PIB podría acelerar gracias a un consumo sólido, inversión empresarial récord y un déficit comercial más reducido.

Contra todo pronóstico, la economía estadounidense cerró 2025 con una fortaleza que pocos anticipaban. La inflación aún elevada, los aranceles impuestos por la administración Trump y la moderación del empleo no lograron frenar una expansión que ahora se prepara para un posible nuevo impulso en 2026.

Según diversos indicadores adelantados, el crecimiento podría incluso acelerarse este año, apoyado por una combinación poco habitual de factores: menor presión fiscal, desregulación, mayor gasto público y una ola de inversión en inteligencia artificial. Como resume Ali Jaffery, economista de CIBC Economics, “el panorama general sugiere que la economía sigue avanzando”.

La economía sobrevivió al shock arancelario


A comienzos de 2025, el escenario era mucho más sombrío. Tras una inesperada contracción del PIB en el primer trimestre, Donald Trump sorprendió a los mercados con una fuerte subida de aranceles que dio inicio a la mayor guerra comercial global en décadas. Las previsiones más pesimistas apuntaban a un repunte de la inflación y una fuerte desaceleración económica.

Sin embargo, ese escenario no llegó a materializarse. El PIB repuntó con fuerza, creciendo un 3,8% en primavera y acelerándose hasta un 4,3% en verano. Los datos más recientes sugieren que la economía podría haber cerrado el año con un crecimiento anualizado de entre el 3% y el 5% en el cuarto trimestre.

Paradójicamente, parte del impulso provino de los propios aranceles: hogares y empresas adelantaron compras para evitar futuras subidas de precios, inflando el gasto a corto plazo.

Además, muchos de los aranceles inicialmente anunciados fueron suavizados, retrasados o directamente eliminados antes de tener un impacto pleno, reduciendo el daño potencial sobre la actividad económica.

Consumo e inversión: los dos pilares clave


Dos motores han sostenido especialmente la expansión: el consumo y la inversión empresarial. Aunque el gasto de los hogares se moderó respecto al último año de la presidencia de Joe Biden, aún creció un 2,2% en términos reales durante los primeros nueve meses de 2025, por encima de su media histórica.

La mayor sorpresa llegó por el lado empresarial. Las compañías destinaron cientos de miles de millones de dólares a equipos y software vinculados a la inteligencia artificial, marcando el inicio de lo que muchos economistas describen como un cambio tecnológico generacional.

“Estamos en las primeras fases de una transformación que ocurre una vez por generación”, señalan algunos analistas del mercado laboral, destacando el impacto potencial de la IA en productividad y márgenes.

Un cuarto trimestre clave para arrancar 2026


El dato de PIB del cuarto trimestre podría traer otra sorpresa positiva. Uno de los factores técnicos más relevantes es la fuerte caída del déficit comercial estadounidense, que alcanzó su nivel más bajo en 16 años y podría añadir hasta dos puntos porcentuales al crecimiento.

A ello se suma un consumo navideño más sólido de lo previsto y una inversión empresarial que, según los primeros indicios, se mantuvo robusta hasta final de año.

2026: rebajas fiscales, gasto público e IA


De cara a 2026, aparecen nuevos factores de apoyo. El efecto negativo de los aranceles se va diluyendo y el gobierno ha empezado a desmontar algunos de los gravámenes más impopulares. Además, al tratarse de un año electoral, se espera un aumento del gasto público, especialmente en defensa.

A esto se suma la entrada en vigor de nuevas exenciones fiscales orientadas a aliviar la carga de los hogares de rentas medias y bajas: exención de impuestos sobre propinas y horas extra, mayores devoluciones, créditos fiscales por cuidado infantil y deducciones en préstamos para automóviles nuevos.

Estas medidas podrían equilibrar un consumo que en 2025 estuvo dominado por los hogares más acomodados, beneficiados por el rally bursátil.

Si este escenario se confirma, las empresas podrían reactivar la contratación tras el parón observado en la segunda mitad de 2025, reforzando aún más el crecimiento. En última instancia, muchos economistas coinciden en que la inteligencia artificial —más que la política o los aranceles— será el gran motor económico de los próximos años.

La tesis de fondo es clara: un crecimiento sólido podría dejar de ser la excepción y convertirse en la norma, redefiniendo las expectativas económicas para Estados Unidos más allá de 2026.

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