El consumidor estadounidense sigue pesimista pese a la fortaleza de la economía

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Capitalbolsa | 14 may, 2026

Puntos clave
  • La confianza del consumidor estadounidense sigue en niveles muy deprimidos pese a la resistencia de la economía.
  • El problema no es solo la inflación actual, sino el encarecimiento acumulado desde la pandemia.
  • El consumo aguanta, pero la subida de la gasolina y la sucesión de shocks económicos amenazan con erosionar esa resistencia.

El consumidor estadounidense sigue sin recuperar la confianza, aunque la economía haya mostrado una resistencia notable en los últimos años. Según CNBC, el índice de sentimiento del consumidor de la Universidad de Michigan ha caído recientemente a mínimos históricos, reflejando una desconexión cada vez más evidente entre los datos macroeconómicos y la percepción real de los hogares.

La cuestión que se plantean ahora muchos economistas es sencilla, pero incómoda: ¿cuándo volverán los estadounidenses a sentirse financieramente mejor? La respuesta no parece inmediata. Los consumidores arrastran años de fuertes subidas de precios y una sucesión de shocks —Covid, guerras, aranceles, tensión energética— que han dejado una huella profunda en sus expectativas.

El problema es el nivel de precios, no solo la inflación


Los bancos centrales suelen mirar la inflación en términos interanuales. Bajo esa medida, el ritmo de crecimiento de los precios se ha moderado respecto a los máximos alcanzados durante la pandemia. Sin embargo, los consumidores no piensan así. Para ellos, lo relevante es que el supermercado, la gasolina, los alquileres o los servicios siguen siendo mucho más caros que hace unos años.

Ahí está la clave del malestar. Aunque la inflación baje, los precios no vuelven necesariamente a los niveles previos. Como explica CNBC, muchos hogares sienten que han soportado una década de inflación comprimida en apenas unos pocos años. El resultado es una sensación persistente de pérdida de poder adquisitivo.

La inflación puede estar moderándose, pero el daño psicológico ya está hecho: el consumidor sigue viendo precios demasiado altos en los productos cotidianos.

Una economía golpeada por shocks consecutivos


Otro factor que explica la debilidad del sentimiento es la falta de estabilidad. Los consumidores apenas han tenido tiempo de recuperarse de un golpe económico antes de enfrentarse al siguiente. La pandemia, los cuellos de botella, la inflación, las guerras, los aranceles y ahora el repunte del petróleo han creado un entorno de cansancio financiero permanente.

Para que la confianza se recupere de forma sólida, los hogares necesitarían varios trimestres de condiciones económicas positivas y estables. El problema es que el entorno actual sigue ofreciendo justo lo contrario: incertidumbre geopolítica, precios energéticos elevados y dudas sobre el impacto de la política comercial.

El consumo sigue abierto, pero la confianza no acompaña


La paradoja es que los estadounidenses siguen gastando. Empresas como Uber o Walt Disney han mostrado una demanda sólida, desafiando las previsiones de un frenazo claro del consumo. Esto sugiere que la relación tradicional entre sentimiento y gasto se ha debilitado.

Los consumidores dicen sentirse mal, pero siguen abriendo la cartera. Esta desconexión obliga a interpretar las encuestas con más cautela: quizá el nivel absoluto de confianza ya no sea tan útil como antes, y lo importante sea observar si mejora o empeora desde los niveles actuales.

El consumidor estadounidense está tocado en ánimo, pero no derrotado en gasto. Esa diferencia explica por qué la economía resiste mejor de lo que sugieren las encuestas de confianza.

La gasolina vuelve a ser una amenaza


A corto plazo, la mejora del sentimiento parece difícil mientras el petróleo se mantenga por encima de los 100 dólares por barril. La guerra con Irán ha disparado los precios energéticos y la gasolina vuelve a convertirse en un problema directo para los hogares.

Cuando el precio del galón supera determinados umbrales, muchos consumidores empiezan a modificar sus hábitos de gasto. Algunas compañías ya lo están notando. Whirlpool ha hablado de una caída de la demanda de electrodomésticos similar a la de una recesión, mientras que McDonald’s ha advertido de que el encarecimiento de la gasolina puede presionar el bolsillo de sus clientes.

El empleo será el verdadero punto de control


El factor decisivo será el mercado laboral. Mientras el empleo aguante, el consumidor puede seguir gastando, aunque lo haga con malestar. Los últimos datos siguen apuntando a un mercado de trabajo resistente, aunque con una dinámica de pocas contrataciones y pocos despidos.

Para los mercados, la conclusión es relevante: el consumidor estadounidense no está eufórico, pero tampoco se ha quebrado. La confianza está hundida, los precios pesan y la energía añade presión, pero el gasto continúa sosteniendo una parte esencial de la economía.

Mientras el empleo se mantenga firme, lo razonable es esperar un consumidor más cansado que colapsado. El riesgo aparecerá si el shock energético se combina con un deterioro claro del mercado laboral.

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