Persiste la incertidumbre ante una nueva ampliación del plazo de negociaciones Estados Unidos-Irán

Renta 4 Banco

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Capitalbolsa | 27 mar, 2026

Puntos clave
  • Europa abre con leves subidas tras otra prórroga de Trump a Irán, pero el mercado sigue muy lejos de confiar en una paz cercana.
  • El Brent vuelve a repuntar, las TIRes siguen tensas y crece el temor a un shock energético más duradero.
  • Hoy el foco macro estará en el IPC preliminar de España y en las expectativas de inflación del BCE para la Eurozona.

Las bolsas europeas afrontan la sesión con una apertura tímidamente positiva, apoyadas por la nueva ampliación del plazo concedido por Donald Trump para negociar con Irán, ahora extendido hasta el 6 de abril. El movimiento da algo de oxígeno a corto plazo, pero no cambia lo esencial: el mercado sigue viendo la guerra como un conflicto abierto, largo y con capacidad suficiente para seguir condicionando al petróleo, a los bonos y al conjunto de los activos de riesgo.

De hecho, el tono de fondo sigue siendo de prudencia. Mañana se cumple un mes desde el inicio de la guerra en Irán y no hay visibilidad real sobre su desenlace. Trump ya habla de un horizonte de cuatro a seis semanas, mientras Irán mantiene su escasa disposición a negociar y Estados Unidos valora, según distintas informaciones, el posible envío de 10.000 soldados adicionales a Oriente Medio. Es decir, la prórroga existe, pero el riesgo de escalada no ha desaparecido.

Más plazo, sí; más tranquilidad, no

La reacción del mercado lo resume bastante bien. Pese a esa ampliación del “deadline”, el Brent vuelve a repuntar hoy un 1% hasta situarse en torno a los 109 dólares por barril, después del fuerte avance del 6% registrado en la sesión previa. En paralelo, las rentabilidades de la deuda soberana continúan subiendo tanto en Estados Unidos como en Alemania, reflejando una presión adicional sobre las expectativas de inflación y sobre el precio del dinero.

La combinación es incómoda: petróleo alto y bonos débiles. Cuando ambas variables se tensionan al mismo tiempo, el margen para una recuperación sostenida de la renta variable se reduce de forma clara. No basta con una pausa táctica en el conflicto. El mercado necesita avances verificables en la negociación y, sobre todo, una progresiva normalización del flujo energético a través del Estrecho de Ormuz.

La clave no está en si Trump gana diez días más. La clave está en si esos diez días sirven para algo real. Mientras Ormuz siga siendo un factor de presión, el alivio bursátil seguirá siendo frágil.

Irán endurece su posición

Lejos de suavizar su postura, Irán ha reiterado sus cinco condiciones para poner fin a la guerra: cese total de las agresiones de EE.UU. e Israel, mecanismos concretos que impidan nuevos ataques, definición clara de reparaciones de guerra, final del conflicto en todos los frentes regionales y reconocimiento internacional de su autoridad sobre el Estrecho de Ormuz. Son exigencias duras, políticamente muy complejas y que, en la práctica, hacen pensar que la distancia entre las partes sigue siendo enorme.

Por eso el mercado mantiene el escepticismo. La lectura dominante es que la paz todavía no está cerca y que cualquier mejora puntual del sentimiento puede evaporarse en cuanto aparezca un nuevo titular sobre tropas, sanciones, infraestructuras energéticas o restricciones al paso del crudo.

Inflación, BCE y bancos centrales: el frente macro se complica

En el plano macroeconómico, la referencia principal de hoy estará en España, donde se espera un fuerte repunte del IPC preliminar de marzo en tasa general, hasta el 3,6%, por el impacto del encarecimiento energético. La subyacente, en cambio, se mantendría mucho más contenida. Además, el BCE publicará sus expectativas de inflación para la Eurozona, una variable importante para calibrar si el shock energético empieza a contaminar las previsiones a medio plazo.

El trasfondo monetario también se está volviendo más exigente. Ayer destacó el tono claramente más hawkish del Banco de Noruega, que mantuvo tipos en el 4% pero revisó al alza su senda prevista, al asumir una inflación más alta de la esperada incluso antes del conflicto. La institución reconoce presión en alquileres y salarios, y ahora contempla unos tipos sensiblemente más altos en 2026 que los previstos antes de la guerra.

En la misma línea, la OCDE revisó al alza sus previsiones de inflación para 2026, con un impacto especialmente notable en Reino Unido, Estados Unidos y la Eurozona. Lo relevante aquí no es solo el aumento del IPC previsto, sino que el organismo asume que el shock energético puede alterar de forma significativa el equilibrio entre crecimiento e inflación, obligando a los bancos centrales a ser más prudentes con cualquier relajación monetaria.

El gran problema para mercado y bancos centrales es evidente: si el crecimiento aguanta pero la inflación vuelve a repuntar por energía, el margen para bajar tipos desaparece justo cuando más lo necesita la renta variable.

La OCDE enfría el escenario ideal

En crecimiento, la OCDE no ve todavía un desplome generalizado, pero sí un deterioro claro en varias economías europeas. Reino Unido, Alemania, Francia e Italia sufren recortes en sus previsiones de PIB para 2026, mientras que España muestra una revisión más moderada. En paralelo, el organismo considera que la Fed y el Banco de Inglaterra mantendrían tipos en 2026 y que el BCE incluso podría verse obligado a subir 25 puntos básicos en el segundo trimestre para evitar un desanclaje de expectativas.

Además, la OCDE advierte contra una respuesta fiscal excesiva. Su mensaje es claro: las ayudas públicas frente al shock energético deberían ser temporales, muy focalizadas y dirigidas solo a hogares vulnerables y empresas viables, para no agravar aún más el problema de deuda.

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