La enorme valoración de SpaceX, de 2,1 billones de dólares, pronto podría convertirse en su peor enemigo.
- La valoración de SpaceX, cercana a los 2,1 billones de dólares, puede convertirse en un obstáculo para la rentabilidad futura.
- La historia muestra que las compañías más grandes tienden a hacerlo peor que el mercado por pura exigencia de valoración.
- El entusiasmo inicial por la OPV puede chocar con una realidad: cuanto mayor es una empresa, más difícil es sorprender.
La salida a bolsa de SpaceX ha provocado una ola de entusiasmo en el mercado, pero no todos ven su enorme tamaño como una ventaja. Según Mark Hulbert, de MarketWatch, la valoración actual de la compañía, próxima a los 2,1 billones de dólares, podría convertirse precisamente en uno de sus mayores problemas.
La tesis es sencilla: las empresas que alcanzan posiciones de liderazgo por capitalización suelen enfrentarse a una dificultad creciente para batir al mercado. No porque necesariamente sean malos negocios, sino porque el precio ya descuenta un nivel de éxito extraordinario.
El tamaño también juega en contra
Hulbert recuerda un estudio de Research Affiliates que analizó una cartera formada cada año por las diez mayores compañías del mundo. Entre 1980 y 2020, esa cartera quedó por debajo del mercado global en 1,8 puntos porcentuales anualizados.
El patrón también se observa en Estados Unidos. Una cartera que invirtiera cada año en la compañía estadounidense de mayor capitalización habría generado desde 1980 una rentabilidad anualizada del 8,6%, frente al 11,7% del S&P 500. Es decir, una diferencia negativa de 3,1 puntos porcentuales al año.
Valoraciones muy exigentes
El argumento central es que muchas megacapitalizadas suelen estar sobrevaloradas cuando alcanzan los primeros puestos del mercado. Las diez mayores compañías estadounidenses actuales, excluyendo SpaceX, cotizan en conjunto a un PER medio de 68,4 veces, frente a unas 25,1 veces del S&P 500.
En otras palabras, el inversor no solo está comprando compañías de calidad, sino también expectativas muy elevadas. Para que la inversión funcione, esas empresas deben seguir creciendo a ritmos excepcionales durante muchos años.
SpaceX, entre la euforia y la exigencia
SpaceX ya se sitúa como la sexta mayor compañía de Estados Unidos por capitalización bursátil. Ese dato refuerza su atractivo mediático, pero también aumenta la presión. El mercado no le exige simplemente crecer; le exige justificar una valoración comparable a la de los gigantes tecnológicos más consolidados.
Hulbert apunta que los índices ponderados por fundamentales, que miden las empresas por ingresos, flujo de caja, valor contable, dividendos o recompras, ofrecen una visión muy distinta. Bajo ese enfoque, SpaceX tendría un peso económico mucho menor que el que sugiere su capitalización bursátil.
La historia de SpaceX puede seguir siendo poderosa, pero la historia del mercado deja una advertencia incómoda: las compañías más grandes no siempre son las mejores inversiones. En muchos casos, su propio tamaño termina reduciendo su capacidad para seguir batiendo al índice.