BOLSAS: Nadie quiere ser el primero en abandonar el baile.

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Capitalbolsa | 19 dic, 2025

Nuevas alzas al cierre de las bolsas europeas, en una sesión con multitud de referencias macroeconómicas a ambos lados del Atlántico. De cualquier forma, se nota en el mercado una sensación de "el último baile de la fiesta" que inquieta a algunos gestores.

Más suben Ibex 35
Acciona 186,60€ 5,20 2,87%
Mapfre 4,32€ 0,08 1,79%
Indra-A 48,50€ 0,72 1,51%
BBVA 19,84€ 0,28 1,41%
Banco Sabadell 3,41€ 0,05 1,34%
Más bajan Ibex 35
Telefónica 3,42€ -0,06 -1,84%
Amadeus-A 62,92€ -0,78 -1,22%
Arcelormittal 38,25€ -0,41 -1,06%
Inditex 55,64€ -0,56 -1,00%
Naturgy 24,96€ -0,22 -0,87%

"Nadie quiere salirse antes de tiempo de una fiesta en la que se lo está pasando bien. Esa es la sensación que tengo actualmente con los mercados. Sabes que en la última parte de toda fiesta es cuándo hay más posibilidades de que empeore todo, que un buen día se gire bruscamente, y aún así, nadie quiere ser el primero en abandonarla", nos comentaba un gestor institucional de forma muy gráfica. Estamos de acuerdo. Todo modelo de valoración sugiere que a estos niveles hay mucho más que perder que ganar en los mercados financieros, y aún así, nadie quiere ser el primer en "abandonar la fiesta".

Ya hablaremos la próxima semana sobre estos modelos, y sobre lo que están recomendando los bancos de inversión a sus principales clientes institucionales, centrémonos en este cierre de mercado en un hecho curioso del que todavía no se ha hablado demasiado: El patrón de mitad de mandato de los ciclos electorales en EE.UU.:

Si algo ha dejado claro 2025 es que los mercados pueden encajar golpes políticos, macroeconómicos y geoestratégicos… y aun así seguir subiendo. Pese a un año marcado por el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y un entorno político especialmente ruidoso, la renta variable estadounidense encara el cierre del ejercicio con un balance sorprendentemente sólido.

La mirada del mercado ya está puesta en 2026, año de elecciones de mitad de mandato dentro del actual ciclo presidencial. Y, tradicionalmente, estos años no suelen ser precisamente tranquilos para las bolsas.

Históricamente, el segundo año de un mandato presidencial —el año de las elecciones intermedias— ha sido el más débil del ciclo de cuatro años. Desde 1948, el S&P 500 ha registrado una rentabilidad media cercana al 4,6% en estos ejercicios, con resultados positivos solo en algo más de la mitad de las ocasiones. En contraste, el tercer año del mandato, el año preelectoral, ha sido con diferencia el más favorable, con subidas medias superiores al 17%, según datos históricos.

Sin embargo, este ciclo podría romper el patrón habitual.

Como explica Jeffrey Hirsch, editor del Stock Trader’s Almanac, los años de elecciones intermedias correspondientes al segundo mandato de un presidente suelen comportarse mejor que la media. Desde 1949, el denominado “sexto año” de una administración —el año de mitad de mandato del segundo mandato— ha ofrecido rentabilidades medias para el S&P 500 en un rango aproximado del 8% al 12%.

Este contexto encaja con el escenario base que maneja Hirsch para 2026: una inflación que sigue presente pero sin acelerarse, políticas económicas de Trump con efectos mixtos pero en conjunto favorables, una transición ordenada en la Reserva Federal y un mercado laboral razonablemente estable, todo ello mientras el ciclo de inversión en inteligencia artificial continúa avanzando.

En gran medida, son las mismas fuerzas que han permitido al mercado avanzar en 2025, escalando lo que algunos estrategas han definido como un auténtico “muro de preocupaciones”. Durante buena parte del año, los inversores han temido que la política arancelaria errática de Trump derivara en una guerra comercial, reavivara la inflación o empujara a la economía estadounidense hacia la recesión. De momento, esos riesgos no se han materializado de forma clara.

Salvo un episodio puntual de fuerte volatilidad en abril tras el anuncio de nuevos aranceles —el llamado “día de la liberación”—, el mercado ha tendido a relativizar estos temores. De hecho, Hirsch considera que esa corrección de primavera adelantó buena parte de la debilidad que suele verse en los años de elecciones intermedias. Al mismo tiempo, medidas como la desregulación y los recortes fiscales han actuado como contrapeso a la incertidumbre generada por los aranceles.

¿Oportunidad de compra en las caídas de 2026?

La historia sugiere que el periodo previo a las elecciones de mitad de mandato suele ofrecer oportunidades interesantes para los inversores pacientes. Desde 1934, el S&P 500 ha sufrido caídas medias cercanas al 21% desde máximos hasta mínimos en torno a estos procesos electorales. Habitualmente, las bolsas corrigen en los 12 meses previos a las elecciones y tienden a marcar suelo antes de que estas se celebren.

La parte positiva es que esa volatilidad suele sentar las bases de un fuerte repunte posterior. De media, el S&P 500 ha subido cerca de un 46% desde el mínimo del año de mitad de mandato hasta el máximo alcanzado en el tercer año del ciclo presidencial.

Por eso, algunos gestores creen que 2026 podría ofrecer una doble oportunidad: generar alfa aprovechando las caídas y, posteriormente, capturar un potente tramo alcista. No es casualidad que buena parte de los grandes bancos de inversión de Wall Street sigan esperando un año sólido para la renta variable estadounidense. El consenso sitúa el objetivo del S&P 500 a finales de 2026 en torno a los 7.500 puntos, más de un 10% por encima de los niveles actuales.

Las razones que se esgrimen son conocidas: crecimiento sostenido de beneficios, fuerte inversión en capital ligada a la IA y apoyo fiscal adicional. Muchos estrategas restan importancia a las elevadas valoraciones en tecnología, viéndolas como una fuente de volatilidad puntual más que como una amenaza estructural.

No todos comparten ese optimismo sin matices. Otros advierten de que las valoraciones exigentes en las grandes tecnológicas, las dudas persistentes sobre la inflación y la incertidumbre en torno al futuro liderazgo de la Fed podrían hacer al mercado más vulnerable a correcciones abruptas.

En particular, algunos ven signos de exuberancia a corto plazo en las acciones vinculadas a la inteligencia artificial. Aunque el potencial a largo plazo es indiscutible, la historia recuerda que muchas burbujas de mercado nacieron precisamente alrededor de nuevas tecnologías difíciles de valorar en sus primeras fases.

En definitiva, 2026 se perfila como un año exigente, probablemente volátil, pero también lleno de oportunidades. Para los inversores, la clave podría no estar en evitar la incertidumbre, sino en saber utilizarla a su favor dentro de un ciclo electoral que, esta vez, podría comportarse de forma muy distinta a lo habitual.

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