Análisis de La Fed y el BCE en pleno relevo de Powell y ¿Lagarde?

Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad

Por

Capitalbolsa | 19 feb, 2026

Puntos clave
  • 2026 gira alrededor de la política monetaria: la Fed es el gran foco por impacto global.
  • Riesgo principal: un recorte de tipos en EE.UU. que el mercado interprete como incoherente con la inflación, elevando volatilidad.
  • Europa no está inmune: el posible relevo anticipado en el BCE abre un debate sobre independencia y realpolitik.
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Si hay un tema que, por encima de casi todo lo demás, merece atención en 2026 es el rumbo de la política monetaria. Y, en particular, el de la Reserva Federal. La política económica estadounidense —casi un serial— mantiene al mercado en alerta constante, no solo por el nivel de tipos, sino por la lectura que hace el banco central del ciclo y por la credibilidad con la que sostiene su mandato.

La Fed y el riesgo de desanclar expectativas


En la Fed se percibe una dispersión llamativa en la forma de interpretar la situación financiera y monetaria. No todos los miembros valoran igual el riesgo de inflación, el grado de restricción ni el margen real para bajar tipos. Por ahora, parece imponerse la postura más prudente, con Jerome Powell liderando una línea de recortes más contenida, al menos de momento.

El contexto macro es clave. Con un crecimiento nominal en torno al 6%, no da la sensación de que el escenario invite a “alegrías” monetarias. De hecho, el riesgo más relevante para 2026 podría no ser un dato aislado, sino un desacoplamiento monetario: que la Fed recorte tipos de un modo que el mercado interprete como poco acorde con la desinflación. Ese desajuste podría desanclar expectativas y elevar la volatilidad de forma más persistente de lo que muchos anticipan.

El problema no sería “un mal dato”, sino una señal de incoherencia: si el mercado percibe que la Fed se adelanta demasiado, la reacción puede venir por expectativas, no por titulares.

El relevo en la Fed: Warsh, el punto caliente


El punto de atención más inmediato será observar los próximos pasos de la Reserva Federal y, sobre todo, si se confirma a Kevin Warsh como próximo presidente. Ahí se concentra una de las grandes preguntas del año: si pesará más la ortodoxia o las presiones para acelerar recortes. En cualquier caso, el foco —por importancia— está ahí, porque no se trata solo del destino de los tipos, sino del marco de credibilidad que sostiene ese destino.

BCE: independencia, realpolitik y un relevo sensible


Cuando miramos a Europa, el contraste es revelador. Se habla mucho de injerencias e independencia en Estados Unidos, pero aquí conviene no ignorar “la viga en el nuestro”. La información publicada sobre una posible salida anticipada de Christine Lagarde antes de completar su mandato (que vence a finales de octubre de 2027) abre un debate delicado: la hipótesis de que una marcha temprana evitase negociar el relevo en un entorno político distinto, tras las presidenciales francesas de abril de 2027.

La lectura es bastante clara: un ejercicio de realpolitik, resolver hoy para evitar un problema mañana. Es decir, facilitar un acuerdo franco-alemán con interlocutores que ahora podrían entenderse mejor, y evitar una negociación más compleja con un mapa político por definir el próximo año.

La presidencia del BCE no es un cargo más: orienta el mensaje, la lectura del ciclo y la capacidad de consenso. Y de eso depende buena parte de la estabilidad de expectativas en el euro.

La credibilidad no se improvisa


Este debate institucional es crucial porque, al final, el mercado no solo descuenta tipos: descuenta coherencia. Tanto en Washington como en Fráncfort, el fondo de la cuestión no es únicamente el nivel de las tasas, sino la percepción de independencia y consistencia con el mandato. La credibilidad monetaria no se sostiene con declaraciones; se sostiene con decisiones que encajen, una tras otra, con el relato que el propio banco central construye.

Y sí, es difícil no sentir cierta nostalgia al comparar épocas: en Europa, la sombra de Mario Draghi sigue presente. Mientras Estados Unidos empieza a parecerse a un serial, Europa —con estas dinámicas políticas e institucionales— ya lo era desde hace tiempo. Precisamente por eso, conviene seguir ambos frentes con la máxima atención.

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