5 gráficos que definieron un período caótico para las acciones.
- El S&P 500 cerró el primer trimestre con una caída del 4,6%, su peor arranque de año desde 2022.
- El conflicto con Irán, el petróleo por encima de 100 dólares, la presión sobre el crédito privado y la rotación fuera de la tecnología marcaron el trimestre.
- Bajo la superficie hubo una enorme dispersión: energía se disparó, software se hundió y la volatilidad volvió a niveles claramente incómodos.
El primer trimestre de 2026 se despide con una conclusión incómoda para los inversores: el último rebote no cambia el hecho de que han sido tres meses caóticos para la bolsa estadounidense. El S&P 500 logró cerrar marzo con una fuerte subida en la última sesión, pero aun así terminó el trimestre con su peor comportamiento de arranque de año desde 2022. La combinación de guerra en Oriente Medio, crudo disparado, dudas sobre inflación, inquietud en crédito privado y fatiga en las grandes tecnológicas ha dejado un mercado mucho más frágil de lo que parecía a comienzos de enero.
La imagen general es la de un mercado que pasó de la confianza a la defensiva en muy poco tiempo. Enero fue razonablemente sólido, febrero empezó a torcerse por el enfriamiento del entusiasmo con la inteligencia artificial y marzo acabó convirtiéndose en el verdadero punto de ruptura. Para entender bien qué ha definido este trimestre, conviene separar las seis grandes fotografías que explican lo ocurrido.
Gráfico 1. El S&P 500 firma su peor primer trimestre desde 2022
El dato principal es claro: el S&P 500 cayó un 5,1% en marzo y cerró el trimestre con un descenso del 4,6%. Es su peor primer trimestre desde 2022, cuando el mercado ya estaba entrando en una fase bajista mucho más dura. El rebote del último día alivió algo el golpe, pero no cambió el balance final.
El desencadenante más evidente fue el cierre de facto del estrecho de Ormuz por parte de Irán, un punto crítico para el comercio mundial de petróleo, gas, fertilizantes y otras materias primas. A partir de ahí, el mercado pasó a descontar un escenario más complejo: energía cara, presión sobre márgenes, menor margen para que la Reserva Federal recorte tipos y mayor riesgo de desaceleración económica.
Gráfico 2. Bajo la superficie hubo más amplitud de la que parecía
Aunque el índice cayó con claridad, bajo la superficie el comportamiento fue menos uniforme de lo que muchos piensan. Al cierre del trimestre, más del 64% de los valores del S&P 500 habían superado al propio índice. Eso indica que el castigo estuvo muy concentrado en determinados segmentos del mercado, sobre todo en las áreas más expuestas a duración, crecimiento exigente y cambios bruscos en expectativas.
Esta dispersión explica por qué la sensación del inversor ha sido tan confusa. No fue una venta lineal y ordenada, sino una rotación continua entre sectores, estilos y temáticas. Durante enero y febrero llegaron a destacar industriales y algunas áreas defensivas, mientras que marzo terminó arrastrando a casi todo el mercado salvo contadas excepciones.
Gráfico 3. El liderazgo sectorial cambió de forma radical
Uno de los mensajes más importantes del trimestre es la brutal diferencia entre sectores. Energía fue el gran ganador, con una subida cercana al 37% en el trimestre, impulsada por el rally del crudo. En el extremo contrario, el sector financiero fue el más castigado, con una caída del 9,8%, en parte por las dudas sobre estándares laxos en el universo del crédito privado y el temor a que afloren problemas de valoración o liquidez.
También sufrieron con claridad consumo discrecional y tecnología de la información, ambos con retrocesos trimestrales superiores al 9%. Los industriales, que habían mostrado fortaleza al inicio del año, terminaron topándose con un muro en marzo. En otras palabras: el trimestre empezó como una rotación y terminó como una purga bastante más amplia.
Gráfico 4. El software vivió un auténtico desplome
Si hubo un segmento especialmente golpeado, fue el de software. El ETF que agrupa a este tipo de compañías se dejó más de un 24% en el trimestre, firmando su peor resultado desde la gran crisis financiera. Aquí se mezclaron varios factores: compresión de múltiplos, más escepticismo sobre la monetización real de la IA, alza de tipos reales y una revisión mucho más exigente del apetito por riesgo.
El llamado comercio del miedo de la IA fue una de las narrativas más visibles del trimestre. Tras meses en los que cualquier exposición a inteligencia artificial era premiada, el mercado empezó a distinguir más y a castigar más deprisa. Eso afectó sobre todo a compañías donde la promesa seguía siendo muy potente, pero la valoración ya no dejaba margen para errores.
Gráfico 5. Las grandes tecnológicas también perdieron el mando
Las llamadas grandes tecnológicas tampoco escaparon al ajuste. El ETF que agrupa a los conocidos “Siete Magníficos” retrocedió un 12,2% en el trimestre, en otro recordatorio de que el liderazgo de estos gigantes ya no es incuestionable. Apple, Microsoft, Alphabet, Nvidia, Amazon, Tesla y Meta siguieron siendo referentes del mercado, pero dejaron de actuar como refugio automático.
Esto es relevante porque durante mucho tiempo una parte importante de la fortaleza del S&P 500 descansó sobre este pequeño grupo de compañías. Cuando ellas corrigen, el índice pierde su principal red de seguridad. Y eso fue exactamente lo que ocurrió durante buena parte de marzo.
Gráfico 6. La volatilidad confirma que la cautela sigue instalada
El último gran gráfico del trimestre es el del VIX, el conocido indicador del miedo de Wall Street. El índice se disparó cerca de un 69% en el primer trimestre, su mayor subida trimestral desde el arranque de 2020. Aunque el cierre de marzo fue más amable, la volatilidad siguió claramente elevada y terminó el trimestre muy por encima de los niveles de enero.
Esto deja un mensaje importante: el mercado todavía no ha recuperado confianza real. Los rebotes provocados por titulares sobre una posible desescalada con Irán han sido rápidos, pero también frágiles. Los inversores siguen pendientes del estrecho de Ormuz, del petróleo, de la inflación y de la posibilidad de que la Reserva Federal tenga menos margen del que el mercado esperaba hace solo unas semanas.
Lo que deja el trimestre
El balance final del primer trimestre es el de un mercado que ha empezado a descontar algo parecido a una estanflación moderada: crecimiento más débil, energía cara, inflación menos controlada y una Reserva Federal más limitada para acudir al rescate. Esa combinación no suele gustar a la bolsa, y mucho menos a los sectores de crecimiento con valoraciones exigentes.
Aun así, no todo es completamente negativo. Las previsiones de beneficios empresariales siguen aguantando y el mercado todavía conserva la esperanza de que el conflicto no se prolongue demasiado. Pero la condición es evidente: que el estrecho de Ormuz no siga actuando como gran factor desestabilizador. Mientras esa variable no se normalice, los inversores seguirán mirando cualquier rebote con prudencia.