Se mantiene la “guerra de trincheras” que caracteriza el último año y medio y, como en toda guerra de este tipo, los movimientos son pequeños y muy costosos. Es la principal conclusión de un informe de Estudio de Sociología Consultores que ha sido elaborado en base a un trabajo de campo realizado entre el 1 y el 7 de este mes de septiembre, justo una semana después del debate de investidura.

El análisis de los datos obtenidos pone de manifiesto que el fragmento del electorado de centro derecha que oscila entre el PP y Ciudadanos ahora es muy reducido, de unos 500.000 votantes. Es un juego de “suma cero”: los votantes de centro derecha acudieron todos a las urnas en junio, no hay abstencionistas que movilizar en ese espacio. Por tanto, el avance de uno supone el retroceso del otro. A comienzos de septiembre se podría decir que unos 300.000 votos de Ciudadanos pasaban al PP. El primer gráfico muestra este leve ascenso al captar a estos votantes. El altibajo entre julio (barómetro del CIS) y primeros de septiembre señala lo inestable de esta corriente.

Barómetro del CIS Enero

A la inversa, el perfil de los indicadores electorales de Ciudadanos muestra su descenso por la atracción de parte de sus votantes hacia el PP. La escala del segundo gráfico aumenta ópticamente la magnitud de su descenso. En todo caso, muestra la dificultad de Ciudadanos para estabilizar los apoyos que podría llegar a captar. La campaña electoral del PP en junio fue muy eficaz para restar apoyos a este partido, o la de Ciudadanos ineficaz para retenerlos. En todo caso, estos deslizamientos entre el PP y Ciudadanos son fácilmente reversibles. Puede que estén inducidos o aumentados por acontecimientos puntuales en cada momento.

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El voto del PSOE se ha estabilizado, muestra una leve erosión de apenas 150.000 votos, que puede ser un síntoma pero, también, simplemente, un error muestral. La agitación que manifiestan los dirigentes del PSOE no se ha trasladado a sus votantes, pero éstos suelen ser sensibles a los procesos en los que las direcciones de los partidos transmiten poca armonía entre sus integrantes. Las polémicas sin un contenido ideológico suelen ser sancionadas. En estos casos, las caídas no son progresivas (el desgaste no se manifiesta en un descenso paulatino de la intención de voto), sino súbitas, como si se produjera en parte de los votantes un efecto “gota que colma el vaso”. Algo así le ocurrió al PSOE tras las catalanas. De momento, en el voto del PSOE se impone la cohesión sobre la base de la identidad de izquierda, frente al PP, y socialista-socialdemócrata, frente a Podemos.

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En el caso de Podemos, basta ver el cuarto gráfico para pensar que desde que accedió al Congreso no consigue transmitir mensajes que cohesionen su base electoral: heterogénea ideológica, generacional y socialmente. Da la sensación de que hubiera un desajuste entre la “guerra cultural” que despliegan las élites que han aparecido con Podemos y las demandas de parte de sus votantes. El resultado es que está sometido a una erosión continua que no logra frenar. La absorción de IU disimuló este proceso durante unas semanas, pero sólo eso, ya que desde junio el desgaste vuelve a ser claro en los indicadores electorales. En Podemos se da una circunstancia que revela un partido en descenso: su recuerdo de voto es superior a su intención de voto.

Mientras que en el centro derecha la pérdidas de uno de los partidos van al otro casi automáticamente, en la izquierda, no. Las pérdidas de Podemos y lo que queda del electorado de IU se embalsan en la abstención, no van al PSOE. La clave de la política española está en la relación de fuerzas entre ambos partidos en la izquierda. Aunque, sin duda, hay votantes que se mueven entre PSOE y Podemos, son una minoría exigua. Entre ambos electorados parece haber una barrera.

Barómetro del CIS Enero

El último gráfico, que aparece más abajo, refleja la evolución de los cuatro partidos nacionales durante 2016. En escaños esta distribución de votos sería muy rentable para el PP, pues pasaría de 137 a 145, el problema es que 5 procederían de Ciudadanos, que se quedaría en 25. Es decir, seguirían sumando 170 entre ambos. El PSOE recuperaría 3 escaños (88) por desgaste de Podemos y Podemos se quedaría en 65 (-6). La suma de PSOE + Podemos pasaría de 156 a 153. Estas estimaciones hay que tomarlas con extrema precaución. Apenas un 1 % de voto en cualquiera de estos tres partidos pueden suponer 3 ó 4 escaños, lo que dado lo estrecho de la aritmética parlamentaria puede ser decisivo.

Barómetro del CIS Enero

La política plantea retos a todos los partidos. A partir de las encuestas publicadas se detectan varios elementos que pueden afectar a la estabilidad de los apoyos en las próximas semanas. Dado el panorama estable, hay que pensar que no se van a producir cambios de grandes dimensiones, pero sí puede haber deslizamientos de unos pocos centenares de miles de votos que cambien la aritmética parlamentaria decisivamente.

En el electorado del PP, la figura de Rajoy no es tan indiscutible como transmite su dirección: el 29 % de sus votantes cree que “debería renunciar a ser presidente si eso facilitara la formación de Gobierno”. Casi la mitad, piensa que si el PP presentase otro candidato, eso facilitaría que el PSOE y Ciudadanos permitieran su investidura (48 %). El 79 % de los votantes de Ciudadanos comparte la idea de que Rajoy debería renunciar. La conclusión es clara, el PP tal vez debería dosificar su insistencia en Rajoy. A la vez, esta debilidad ofrece a los otros partidos la oportunidad de centrar sus críticas en él. En algún momento, estas reticencias sobre Rajoy podrían hacerse patentes desencadenando una reacción que ahora parece imprevisible en el electorado popular.

Los votantes del PSOE están divididos sobre cómo dar salida al bloqueo, aunque se mantienen leales su partido. Una parte minoritaria (entre el 25 % y el 30 %) tiende al entendimiento con el PP como vía de salida al bloqueo: cree que le corresponde al PP gobernar con los resultados (37 %), no está de acuerdo con que Pedro Sánchez gobierne con Podemos y el apoyo de Ciudadanos (25 %) y menos si el apoyo procediera de los partidos nacionalistas (41 %), piensa que su partido es el que está poniendo más dificultades para formar gobierno (24 %) y que Felipe González hizo bien al aconsejar al PSOE abstenerse para facilitar la investidura de Rajoy (42,9 %). La mayoría (entre el 65 % y el 70 %) tiende al acuerdo de izquierda (PSOE + Podemos) con apoyo de Ciudadanos (70 %) o de los nacionalistas (53 %) y piensa que Felipe González hizo mal al aconsejar al PSOE abstenerse para facilitar la investidura de Rajoy (52 %), lo que, de paso, indica una ruptura simbólica. Es evidente que este sector es renuente a cualquier acuerdo con Rajoy, estaría por ver con otro candidato del PP.

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En este equilibrio desigual, la idea de que el PSOE se abstuviera a cambio de un programa de reformas para que Rajoy pudiera gobernar ha descendido desde el 63 % en julio al 43 % en septiembre. Es decir, la posición de Pedro Sánchez está ganando peso entre los votantes del PSOE, pero su electorado sigue dividido. Se podría decir que los votantes del PSOE están atrapados en el mismo dilema que su dirección. El problema es que la dirección necesita mantener unido este bloque electoral. La situación es tal que parece que cualquier decisión en un sentido u otro podría tener elevados costes en votos.

Vistas las cosas desde esta perspectiva, la posición de Pedro Sánchez parece racional, aunque muy difícil de mantener. Tratar de llevar a alguna de las dos alas de estos votantes a la posición de la otra podría tener elevados costes y fracturar irreversiblemente el débil electorado actual del PSOE. Ceder el espacio de oposición de izquierda a Podemos sería muy arriesgado dada la querencia hacia la izquierda de más de la mitad de los votantes socialistas. El riesgo es no satisfacer a ninguna de las dos partes, pero desde esta perspectiva parece que Sánchez lo estuviera consiguiendo: su aprobación entre los electores socialistas se mantiene entre julio y septiembre, aunque es el dirigente con menor valoración entre sus votantes, lo que puede ser lógico dada esta escisión de fondo, que lleva a que no pueda satisfacer plenamente a ninguna de las dos alas. En definitiva, la dirección del PSOE y sus votantes están en un dilema.

Los votantes de Ciudadanos y, desde luego, de Podemos, mantienen posiciones homogéneas y coincidentes con las posiciones de sus direcciones. ¿Por qué, entonces, pierden votos, aunque en cantidades reducidas? En el caso de Ciudadanos por el voto útil de centro derecha hacia el PP, aunque sea una corriente que opera en vaivén. La segunda razón es que, probablemente, Ciudadanos no consigue salir de la imagen de partido “unipersonal” ni transmite una posición propia de centro. Es el problema de oscilar entre acuerdos y centrar el discurso en la necesidad de acuerdo. Ser operativo para dar salida a un bloqueo puede ser muy costoso en términos de identidad de sus votantes. Por ahora, su electorado parece estabilizarse por la hostilidad que en estos sectores de centro se ha desarrollado hacia el PP y hacia Rajoy.

En el caso de Podemos, porque la heterogeneidad ideológica de sus votantes se manifiesta también en las salidas que se plantean a esta crisis. Un fragmento no desearía una coalición PSOE + Podemos presidida por Pedro Sánchez y apoyada por Ciudadanos (13 %) o por los partidos nacionalistas (15 %). A contrapelo del resto de la opinión pública, la mayoría desea otras elecciones (61 %, frente al 24,5 % del resto de la población). Por último, su liderazgo no parece muy consistente, la valoración de Iglesias es moderada entre sus votantes, lo que no se compagina bien con que Podemos sea, esencialmente, un voto a la contra y el protagonismo de Iglesias eclipse a otros dirigentes. Tampoco contribuye a dar cohesión a este electorado la pugna entre facciones que empieza a dibujarse entre la élite de Podemos.

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