La psicología es una ciencia que muchos hemos creído conocer. Llegado el caso, hasta nos hemos atrevido a aplicarla. Leemos un par de post en Facebook, la sección de psicología de los dominicales y memorizamos varias frases de Freud y lo tenemos: ya estamos listos para dar consejos y diagnosticar trastornos con la sencillez de quien despeja la x en una ecuación de primer grado. La psicología está más presente de lo que pensamos en nuestro día a día, y muchas de las cosas que creemos saber son simplemente mitos muy extendidos. No es cierto que solo usemos el 10 % de nuestra capacidad cerebral, ni que la música de Mozart vuelva a los niños más inteligentes. Y si estás entre los 40 y los 50 y te has comprado un deportivo, no pongas excusas: la crisis esa por la que dices estar pasando es otro mito.

El virus de la mitología psicológica nos afecta a muchos. Para combatirlo, los psicólogos Scott O. Lilienfeld, Steven Jay Lynn, John Ruscio y Barry Beyerstein crearon, en 2009, una medicina en forma de libro: 50 grandes mitos de la psicoloía popular. Las ideas falsas más comunes sobre la conducta humana. La obra, dicen sus autores, debería estar en la mesilla de noche de todo estudiante de psicología y de todos aquellos profesionales que “en el curso de su trabajo aborden cuestiones psicológicas”, como los periodistas, escritores, educadores y pedagogos.

En Analytiks nos hemos dado por aludidos, de modo que hemos decidido leer el libro y exprimir su contenido. Resumiremos los mitos más extendidos en nuestra sociedad y os los entregaremos en pequeñas dosis. Aquí va la primera:

“La mayoría de la gente solo utiliza el 10 % de su capacidad cerebral”

En efecto, este mito está muy extendido, también incluso entre los estudiantes de psicología, debido a varios factores. Además del márquetin, que, en ocasiones, ha recurrido a este bulo para atraer potenciales clientes, se han publicado libros bajo esta premisa y se ha dado voz a personalidades que proclamaban esta afirmación. En 1983 se publicó la obra How To Be Twice as Smart [Cómo ser el doble de inteligente], donde su autor, Scott Witt, escribía: “Si usted es como la mayoría de la gente, está utilizando solamente el 10 % de su capacidad cerebral”. Más tarde, en 1996, el parapsicólogo Uri Geller afirmaba algo similar: “La mayoría de la gente utiliza solamente un 10 % de su cerebro, como mucho”.

Pero ¿por qué dudan los investigadores de esta afirmación? El libro nos explica que hay varias razones para ello: “Para empezar, nuestro cerebro ha sido creado por la selección natural. El tejido cerebral es muy caro: cuesta mucho desarrollarlo y hacerlo funcionar; con solamente un 2-3 % de nuestro peso corporal, consume más del 20 % del oxígeno que respiramos. Resulta muy poco verosímil que la evolución haya permitido un despilfarro de recursos a la escala necesaria para construir y mantener un órgano tan masivamente infrautilizado”.

Además, señalan los autores, tanto los neuropsicólogos como los neurólogos, coinciden en que “perder mucho menos del 90 % del cerebro debido a un accidente o a una enfermedad tiene casi siempre consecuencias catastróficas”. Para explicar este punto los científicos toman como ejemplo el caso de Terri Schiavo, una joven estadunidense que permaneció en estado vegetativo 15 años. La privación de oxígeno tras una parada cardiaca provocó que Schiavo perdiese el 50 % de su cerebro y con él la capacidad de tener pensamientos, percepciones, recuerdos y emociones.

La neurociencia, además, ya ha demostrado que las áreas del cerebro que no se utilizan debido a haber sufrido lesiones o a causa de alguna enfermedad tienden o bien a atrofiarse o degenerarse, o bien a ser reemplazadas por áreas cercanas que están al acecho de nuevos territorios para colonizarlos para sus propios propósitos. “En cualquier caso, es poco probable que un tejido cerebral en buenas condiciones esté mucho tiempo sin utilizar”, aclaran los autores de la obra.

La tecnología también desmiente este bulo. Con la ayuda de las técnicas para la obtención de imágenes cerebrales, como los electroencefalogramas o los escáneres obtenidos por tomografía axial computerizada (más conocido como TAC), entre otras, los investigadores han conseguido relacionar un gran número de funciones psicológicas con áreas específicas del cerebro. “Pese a lo detallados que son los mapas cerebrales así elaborados, no hay áreas silenciosas a la espera de que se les asigne una función. De hecho, incluso las tareas más sencillas requieren generalmente la contribución de áreas de procesamiento distribuidas prácticamente por todo el cerebro”, explica el libro.

No te sientas culpable

Este mito está muy extendido, pero ¿dónde nace? Según los autores del libro, la expansión de este bulo se debe, en parte, a lo mal que los creadores del mismo entendieron los trabajos científicos de los primeros investigadores del cerebro, quienes dieron erróneamente la impresión de que lo que los científicos llaman actualmente ‘córtex asociativo’ no desempeñaba ninguna función porque ellos lo llamaron ‘córtex silencioso’. “Como sabemos ahora”, aclaran los psicólogos, “el córtex de asociación’ es de vital importancia para nuesdtro lenguaje, nuestro pensamiento abstracto y la realización de complejas tareas sensoriomotoras”.

Por otra parte, también ayudó a la popularización de este mito que los primeros investigadores admitiesen que desconocían lo que hacía un 90 % del cerebro, algo que se pudo interpretar como que, simplemente, no hacía nada.

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Sobre El Autor

Sergio García Moñibas

Periodista. Creo que nací el mismo día que Cervantes. Soy de los que piensa que un pesimista es un optimista informado.

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