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[Hyaterá: matriz. Histeria: afección psicológica propia de la mujer que causa trastornos en su comportamiento].

En la medicina griega, se creía que el útero era un órgano móvil que se desplazaba por el cuerpo de la mujer, especialmente, cuando no tenía relaciones sexuales. La histeria era siempre una posibilidad. Cualquier comportamiento extraño, ansiedad, irritabilidad, decir que no o querer tener una vida propia, era considerado un síntoma de la histeria. El remedio, ya desde el siglo VII, era un masaje en la zona pélvica que provocase lo que se conocía como paroxismo histérico. Las mujeres podían ser masturbadas por matronas o doctores  hasta el orgasmo porque no eran seres sexuales, con deseo, sino solo gestantes. La estabilidad emocional y psicológica de la mujer estaba vinculada a un elemento misterioso del que no se podía predecir el comportamiento; por lo tanto, no podía acceder a ningún puesto de responsabilidad porque cualquiera era una loca en potencia. Mejor, dicho, una histérica. En el lenguaje actual, una loca del coño.

La puesta en escena de David Alden sitúa la historia de Lucia de Lammermoor en la época victoriana, el gran momento de la histeria, la época en la que según la ensayista Elaine Showalter (https://en.wikipedia.org/wiki/Elaine_Showalter), se produce una feminización de la locura y las mujeres se convierten en el objeto principal del estudio psiquiátrico, con Freud como principal ejemplo. El escenario, el castillo de los Ashton, se transforma estéticamente en un psiquiátrico en el que, al inicio, Lucia duerme en una cama giratoria, como si la obra no nos fuera a mostrar lo que va a suceder, sino lo que ya ha pasado. En la presentación, Alden indicó que había elegido la época victoriana para mostrar una sociedad patriarcal en la que la familia, los modos sociales o la religión llevan hasta el límite a las emociones de la protagonista hasta que se rompe.

La  mirada de Alden transforma la tradicional historia de familias enfrentadas y amor pasional en una interpelación de cómo los distintos rostros del poder presionan a una mujer hasta romperla, hasta que estalla internamente y deja de ser ella, hasta que grita envuelta en sangre, excluida del mundo, como Marie, la protagonista de Die Soldaten. La temporada 17/18 termina con dos mujeres cubiertas de sangre, dos mujeres que gritan, dos mujeres rotas. Quizá, ese hilo entre Marie y Lucia es el que provocó que Alden recibiera algunos abucheos en el estreno. Una inofensiva puesta en escena histórica hubiera permitido disfrutar del espectáculo agradable; pero, si el arte no molesta, ¿qué es?

La trama es una historia clásica. Los Ashton tienen problemas de dinero y el cabeza de familia, Enrico, quiere solucionarlo concertando un matrimonio para su hermana Lucia. A su vez esta ama a Edgardo Ravenswood, la familia enemiga, cuyo castillo ocupan los Ashton, y se promete con él justo antes de que se vaya a captar apoyos políticos para su causa. Las mujeres, resignadas a las lealtades privadas, como el amor romántico, que los hombres pueden compatibilizar con las lealtades públicas, la política, el honor, la aventura o la guerra. También, el cuerpo femenino como objeto mercantil y territorio violentado. Historias clásicas.

La mirada de Alden sitúa esa trama en una frontera entre lo real y lo imaginado por Lucia. Su habitación, que es todas las habitaciones del castillo, tiene un pequeño escenario en el que Alden sitúa varias de las escenas clave de la obra; en especial, el aria de la locura, el momento concreto de la trama en el que Lucia pierde la razón tras asesinar al marido impuesto por su hermano y ser despreciada por su prometido. Siempre es tranquilizador pensar que existe un momento concreto en el que se produce el extravío, en el que la copa se rompe al tocar el suelo, la catarsis del individuo frente a la norma y consiguiente desplome, pero la puesta en escena nos explica, como en el caso de Die Soldaten, que hay un proceso en el que no solo hay un suelo.

La soprano Lisette Oropesa señaló en la presentación que Lucia “no tiene a nadie”. Es presionada por su amado, por su hermano, por el capellán y por el resto de personajes de la obra que le piden que ceda a sus respectivos deseos por algún bien superior: el amor, la familia, el recuerdo de su madre o Dios. Lucia se siente a punto de estallar y su hermano la señala como histérica aplicándole el remedio habitual, la masturbación. No hay incesto, sino la consignación de su rebeldía como un trastorno. El negarse al deseo ajeno, el tener deseo propio, queda dentro del terreno de la insanía, de lo que hay que corregir.

Oropesa construye una Lucia frágil, pero contenida, algo nada sencillo en una obra en la que el despliegue vocal es arrollador. El director musical, Daniel Oren, agradeció al Teatro Real la selección de voces en la presentación. En la famosa aria de la locura, Oropesa mantiene un dúo con la armónica de cristal, instrumento de timbre desasosegante basado en la sonoridad de las copas con agua. Para huir del dramatismo, se convierte en vidrio. El montaje no prescinde de la escena final del cementerio, la muerte de Edgardo, que podríamos enlazar con el inicio, Lucia durmiendo en la cama del psiquiátrico, otra vez a punto de revivirlo todo en un bucle interminable. Por eso, Lucia no solo dialoga con Marie, sino con Emma Bovary o Anna Karenina, dos novelas donde aparece la ópera, pero también con la loca del ático de Jane Eyre o la señora Dalloway, con un coro de mujeres que, desde la historia, nos dicen que no son histéricas, sino que están rotas.

 

Lucia de Lammermoor (hasta el 13 de julio en el Teatro Real)

https://www.teatro-real.com/es/temporada-17-18/opera/lucia-di-lammermoor/

 

Enlaces:

¿Escritoras locas? No, sencillamente, incomprendidas

https://elpais.com/cultura/2017/08/09/actualidad/1502281781_071174.html

Mujer loca y suicida en la literatura (entrevista a Elaine Showalter)

https://online.ucv.es/igualdad/mujer-loca-y-suicida/

Historia de la histeria

http://barthestudios.com/2016/10/origen-y-tratamiento-para-la-histeria-en-las-mujeres-y-su-solucion-final-el-vibrador

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Sobre El Autor

Jorge Dioni

Yugoslavo. Leo y escribo. Tengo gafas y pelo en la cara como Luis Carandell, Vázquez Montalbán y el Gato Pérez. En Escuela @deescritores.

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