La extrema derecha asoma cada vez con más fuerza. Estos movimientos, enmascarados entre siglas y apariencia democrática, aprovechan cualquier oportunidad para sacar a relucir su racismo y su clasismo. Disfrazado de paladín contra las injusticias, Matteo Salvini, vicepresidente y ministro del Interior italiano, afirmó que su país “comenzaba a decir ‘no’ al tráfico de seres humanos. El líder de la ultraderechista Liga Norte, sin embargo, estaba negando la entrada a unas personas que solo buscan un futuro que les ha sido negado en su país natal y que son víctimas de unas mafias que trafican con sus esperanzas.

Los partidos ultras van a aprovechar cualquier momento, cualquier situación que les venga bien, para sacar provecho. “Los partidos de extrema derecha no aparecen porque haya inmigrantes o refugiados, sino que los utilizan para sacar rédito político, del mismo modo que atacan a los movimientos LGTBI, a la población roma, etc.”, nos cuenta Gemma Pinyol, directora de políticas migratorias y diversidad en Instrategies, un think & do especializado en asuntos europeos e internacionales, especializado en movilidad, migraciones y gestión de la diversidad, e investigadora asociada del GRITIM-UPF, de la Universidad Pompeu Fabra.

Los partidos ultras, xenófobos o populistas -que cada uno le ponga la etiqueta que prefiera- se hacen fuertes al presentarse con un discurso alternativo. “Crecen porque ven un espacio en el que nadie dice nada, por miedo, por falta de discurso, etc. Entonces, su discurso se convierte en el único, y cuando otros intentan ocupar ese espacio se encuentran con que, efectivamente, ya está ocupado y definido por un discurso xenófobo”, explica Pinyol.

Aquí ya hablamos de lo que comentaba George Lakoff acerca de la gente y su voto. El lingüista cognitivo y asesor del partido demócrata en Estados unidos defendía que la gente no votaba únicamente por sus intereses, sino que lo hacía teniendo muy en cuenta sus valores (catolicismo, patriotismo, etc.). En este sentido, Pinyol, experta del Consejo de Europa en el marco del proyecto Intercultural Cities, señala que “los partidos xenófobos explotan las cuestiones culturales, creando la dicotomía ellos/nosotros en la que mucha gente se siente cómoda. Estos discursos culturalistas no solo los utilizan estos partidos más extremistas, también subyacen en la lógica de partidos como el republicano de EE. UU., que mientras recorta impuestos a los más pudientes y servicios a los más vulnerables, tienen un discurso basado en ‘la protección de la bandera’”.

¿Hay algo más que motive el voto a estos partidos? La experta en políticas migratorias y diversidad apunta al efecto de los left-behind, los que se han quedado atrás. “Estos colectivos, que son muy amplios porque afectan a personas a las que las desigualdades han empeorado sus condiciones de vida, pero también a los que tenían expectativas que no se han cumplido, consideran que el sistema tradicional de partidos (y el modelo en sí) les ha fallado, y que cualquier cosa que suene antisistema les parece una nueva oportunidad. Si va acompañado de comentarios xenófobos, a algunos les parecerá bien y a otros no les parecerá lo más importante”, argumenta.

El economista español Antón Costas ha escrito recientemente un breve pero brillante artículo en El País, titulado ‘Contra la desigualdad por tierra, mar y aire’. El catedrático de Política Económica señala que hay que tomarse en serio la falta de equidad, y que es algo que debe ser tenido en cuenta tanto por la empresa como por los gobiernos. “Contra la desigualdad hay que luchar desde las políticas redistributivas, desde el mejor funcionamiento de los mercados competitivos y desde la autoregulación interna del gobierno corporativo”, señala.

Pinyol, por último, apunta a la capacidad de estos partidos para acoplar sus mensajes a los tiempos que corren. “Los partidos xenófobos han sabido adaptarse mejor -seguramente porque sus estructuras sean más pequeñas, han estado tradicionalmente muy conectados y tienen menos compromisos con actores terceros- a las nuevas tecnologías y a los mensajes cortos y contundentes. Deconstruir sus medias verdades, o mentiras enteras, es, en muchos casos, complicado e incluso estéril, por aquello de la psicología social que dice que creemos en lo que queremos creer”.

 

*Pinyol, vía mail, recomienda las siguientes lecturas para profundizar:

The math is clear: Democrats need to win more working-class white votes

The far right is reeling in professionals, hipsters, and soccer moms

‘A lot of people feel left behind’: voters on the far-right surge in Germany

Extremists Are Thriving On Social Media. How Should We Respond?

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