La península de Corea ha vivido un último año de fuertes tensiones. Los constantes ensayos nucleares de Kim Jon-un, el presidente norcoreano, y las respuestas cargadas de testosterona de su par estadounidense, Donald Trump, animaron a las redacciones de medio mundo a hablar de una posible contienda, aunque lo cierto es que, si uno repasa la hemeroteca, se dará cuenta de que los tambores de guerra nunca han dejado de sonar en el paralelo 38. Así lo ha querido parte de la prensa, que, ante los constantes ensayos nucleares y la palabrería de los dirigentes y de todo el aparato propagandístico norcoreano, se apresuraba a vaticinar el comienzo de algo trágico. Ahora ya se habla de un deshielo histórico entre el Norte y el Sur, pero hay que tener prudencia.

No existe un tratado de paz que haya puesto fin a la Guerra de Corea, iniciada en 1950, por lo que ambos países se encuentran en una situación de guerra técnica. Cualquier acercamiento entre sus líderes es visto con optimismo por organismos e instancias internacionales. En estos Juegos Olímpicos de Invierno, que se están celebrando en Pieonchang (Corea del Sur), los deportistas de ambas delegaciones desfilaron durante la inauguración bajo la misma bandera. A este gesto simbólico se le sumó la presencia de Kim Yo-jong, hermana del presidente norcoreano y subdirectora de Propaganda, quien mantuvo el sábado pasado la primera reunión de un miembro de su dinastía con un presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, a quien le entregó una invitación personal de su hermano para visitar Pionyang “cuando le sea conveniente”.

El acercamiento es visible, pero cómo se materializará la normalización de las relaciones –si se produce– es caso aparte. Luis Alberto Botella, experto en Asia Oriental de la Universidad de Málaga, cree que Corea del Norte está intentando suavizar la situación internacional con respecto al último periodo de la escalada de tensiones derivadas de las pruebas nucleares. “Pero no me parecería muy sensato pensar que Piongyang vaya a optar por la desnuclearización del país. Parece que hay indicios firmes de que quieren entablar relaciones con regímenes de su alrededor, pero no van a dejar su armamento nuclear”, sostiene.

Estados Unidos exige la desnuclearización completa de Corea del Norte, una línea roja que no traspasará Kim Jong-un. El país, cuenta el experto a Analytiks, no se deshará de su material nuclear, simplemente por una cuestión de supervivencia: “Corea del Norte quiere asegurar su continuidad como régimen en un escenario en el que ya ha visto que otras dictaduras, como Libia, por ejemplo, han sido desbancadas en poco tiempo”, explica Botella.

El presidente Moon tiene que disfrazarse de funambulista para la ocasión y tratar de mantener el equilibrio en la fina cuerda de las relaciones diplomáticas: tender la mano a Corea del Norte sin soltar las de China y EE. UU. “Romper la relación con EE. UU. sería catastrófico a todos niveles, en el estratégico, pero también en el económico, ya que este es uno de los principales mercados para la exportación surcoreana. Sería un suicidio romper las relaciones, de la misma manera que EE. UU. haría un flaco favor a sus rivales si presionase demasiado a Corea del Sur e hiciese saltar por los aires el acercamiento. Al fin y al cabo, los primeros interesados en una bajada de la tensión son ellos”, afirma el experto en Asia Oriental.

Por último, hemos querido hablar sobre una posible reunificación de las dos Coreas. ¿Abrazaría la economía de libre mercado Corea del Norte así sin más? Botella nos explica que en este país una de las grandes preguntas que se hacen los académicos es hasta qué punto el régimen tiene el control real de la situación. “Hay indicios por parte de informantes norcoreanos de que existe cierto tipo de mercado negro en funcionamiento desde la grave crisis alimentaria de los 90, y parece que el régimen lo tolera e incluso lo acepta”. En cuanto a la reunificación, “nos veríamos con los enormes problemas de reinserción que están viviendo los refugiados norcoreanos en el Sur. Es muy difícil reunificar dos sistemas económicos y culturales tan diferentes entre sí, ya lo vimos en tiempos de la caída del Muro de Berlín”, recuerda.

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