Europa se la juega en un largo proceso electoral que comienza mañana en Francia y que culmina el próximo 24 de septiembre en Alemania.

Después del referéndum del brexit en Reino Unido, la Unión entra en una fase decisiva que podría desembocar en largo y complejo callejón de inestabilidad e incertidumbre. El domingo 23 de abril se celebra en Francia la primera vuelta de las presidenciales con cuatro candidatos en liza, de los que dos incluyen en sus programas salir de la UE.

Mientras, la primera ministra británica convoca elecciones para el 8 de junio para reforzar su liderazgo y culminar lo que ella misma denominó “brexit duro”.

En Francia, las grandes empresas organizan planes de contingencia por si ocurre lo peor: la victoria de cualquiera de los partidos más radicales que proponen barreras al comercio o, incluso, la salida del euro. Por no hablar de un fuerte incremento de los impuestos o un aumento del proteccionismo. En caso de que ninguno de los candidatos logre la mayoría absoluta este domingo, sería necesaria una segunda vuelta que tendrá lugar el 7 de mayo.

Las encuestas sitúan a Macron y Le Pen para disputar la presidencia en la segunda vuelta, pero las diferencias son tan exiguas con Fillon y Melenchon que cualquier cosa puede ocurrir.

La abstención puede jugar una mala pasada y sorprender con un resultado de la primera ronda, si acaba volcando el actual 28 %, en un sentido u otro. Pero otro elemento de incertidumbre es el gran número de indecisos. Casi un tercio de los votantes todavía no ha decidido qué candidato escogerá, o incluso si irá a las urnas.

En Alemania, las elecciones federales serán el 24 de septiembre. Entonces se enfrentará la canciller Angela Merkel al socialdemócrata Martin Schulz. Las encuestas muestran una ligerísima ventaja de la CDU o incluso un empate. Es decir, más incertidumbre, aunque para esa fecha, gane quien gane en Alemania, si Europa aún se mantiene unida, se podrá recuperar la estabilidad.

Pero el epicentro de la política europea se sitúa de nuevo en París. Como dice Mario Vargas Llosa “la polémica es tan intensa que recuerda los años sesenta, cuando temas como la guerra de Argelia, las denuncias sobre el Gulag, la fascinación que ejercían entre muchos jóvenes la revolución cubana y el maoísmo, el compromiso y la militancia de los intelectuales, animaban un debate efervescente que enriquecía la política y la cultura francesas”.

La primera ronda de las presidenciales galas aumenta la inestabilidad y repercute en la deuda. Los analistas e inversores señalan que se produciría un efecto dominó sobre las primas de España e Italia, que registran repuntes cercanos a los 20 enteros desde el pasado 29 de marzo, coincidiendo con el momento en que la primera ministra de Reino Unido, Theresa May, firmó el documento para activar la desconexión británica de la UE.

La líder del Frente Nacional se centra en pescar votos en el futuro de Francia y Europa, animada por la decisión de los británicos de abandonar la UE, Le Pen considera que hoy esa salida es posible y va a proponer a los franceses un referéndum, mientras sugiere la idea de recuperar la soberanía monetaria y abandonar el euro. En la misma línea, Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, propone la salida concertada de los tratados europeos y la negociación de otras normas en concertación con todos los países que lo deseen, o simplemente la salida francesa.

Conocido el resultado del referéndum del Brexit y la dimisión de Cameron, el cálculo original de Theresa May era que debía evitarse anticipar elecciones pues su partido por primera vez en dos décadas detentaba más del 51 % de la cámara de los comunes, y que había que esperar y debilitar aún más al laborismo. Por eso May había negado hasta ahora que fuera a convocar elecciones antes de la fecha prevista, en 2020. Ahora sus razones las ha resumido en esta frase: “La única forma de garantizar la certeza y la seguridad para los años venideros es celebrar elecciones anticipadas”.

Las reacciones no si hicieron esperar y el líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, recibió con entusiasmo el anuncio de May, asegurando el apoyo de su partido y añadiendo que el Partido Laborista ofrecerá al país una alternativa efectiva a un gobierno que no ha podido reconstruir la economía, que ha provocado la caída del nivel de vida y ha aplicado recortes dañinos a nuestras escuelas y a nuestro NHS [Sistema Nacional de Salud].

La primera ministra británica, reitera su promesa de reducir el índice de inmigración neta anual a menos de 100.000 personas, respaldando la promesa de su predecesor, David Cameron, de reducir la cifra a “decenas de miles”. Sin embargo, en los periódicos británicos se ha especulado con que los conservadores podrían no incluir los datos exactos en el manifiesto. Durante la visita a una empresa londinense y ante las preguntas de los medios, May ha informado de que se estudiará el nivel de inmigración sostenible para el país, que ella establece en decenas de miles. May ha asegurado que “salir de la Unión Europea permite controlar nuestras fronteras en relación con las personas procedentes de la UE, así como con aquellos que vienen de fuera de ella”.

Hace unos días, un alto cargo del Gobierno cercano a May declaraba que “no se trata de poner números”. El índice de inmigración en Reino Unido es tres veces superior al deseado por el Ejecutivo y con los datos de febrero se sitúa en torno a las 273.000 personas.

 

Te puede interesar...

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.