El amargo 24M electoral de Indra

El amargo 24M electoral de Indra

Indra tiene 40.000 empleados en todo el mundo, 21.000 en España. Trabajan a toda máquina para dar esta noche los resultados de las elecciones autonómicas y municipales del 24M. Será su último día en paz antes de la tempestad. Pronto miles de ellos dejarán de pertenecer a la empresa. La tecnológica española afronta sus horas más oscuras y su próxima reestructuración la dejará irreconocible para siempre. El encargado de operar y hacer el trabajo sucio es el banquero Fernando Abril-Martorell (53 años), el ‘señor lobo’ de grandes patrimonios y empresas cuando tienen problemas.

El primer ejecutivo cuenta con el apoyo de los mayores accionistas de Indra: el Estado con la SEPI (20%), la familia March con C.F. Alba (10%) y Telefónica, que ha tomado el control del grupo pese a ser un accionista minoritario (3%). En las próximas dos semanas duplicará esta participación (al 6%) cuando ejecute los derivados que tiene en cartera y comience a mostrar los planes para Indra. Abril-Martorell ha tirado de manual y ha contratado a una consultora (The Boston Consulting Group) para respaldar su propio plan, que pasa por reducir plantilla, cerrar algunas líneas de actividad y vender otras.

Fernando, el reestructurador

Sindicatos y empleados están alerta porque el bisturí llegará a todos los rincones de Indra. Los rumores no cesan: desde que los despidos se elevarán a más de 3.500 o que la división de sistemas (14.000 empleados) pasará a manos del capital riesgo. También que Ericsson se quedará con el área ‘telecom&media’ o que la nueva Indra Digital (ciberseguridad y consultoría) está hecha a imagen y semejanza de la filial que más crece dentro de Telefónica.

Abril-Martorell, hijo del que fuera vicepresidente económico con Adolfo Suárez, es experto en estas lides de cortar, cerrar, despedir, vender, refinanciar, reordenar y poner patas arriba una empresa de gran tamaño. Será su tercer gran ERE. Viene de hacerlo en el Grupo Prisa, editor de El País y As, donde hizo malabares para salvar al grupo de una quiebra cierta: venta de Canal+ a Telefónica, de Santillana a Pearson, refinanciación de la deuda de 5.000 millones….  También ejerció de villano con un ERE de 2.000 personas, en su mayoría periodistas.

No fue la primera vez que recibió ese clase de encargo. El ex banquero de JPMorgan y Credit Suisse también lo vivió en la Telefónica de finales de los años 90 -y principios de 2000-, cuando se registró el mayor ERE de la historia en España (10.000 empleados de la operadora). Lo diseñó como director general financiero de la operadora; terminó el trabajo años después desde la posición de consejero delegado (2000-2003) con la llegada a la presidencia de César Alierta, que rescató al ejecutivo para enterrar el legado de Villalonga, Terra Lycos y las desorbitadas cifras que pagó por las licencias UMTS móviles en Europa.

Fue uno de los cerebros detrás de las famosas ‘stock options‘ de Telefónica como máximo responsable del área financiera. Él se quedó fuera de las que más dinero dieron (Terra) y su premio de consolación fue pilotar la salida a bolsa de TPI (Páginas Amarillas). Dimitió el 2 de junio de 2000 -con Villalonga como presidente-, pero fue renombrado consejero delegado del grupo dos meses después (agosto) ya con Alierta en la presidencia. En 2002, con Abril-Martorell como CEO y Alierta de presidente, Telefónica firmó unas pérdidas de 5.600 millones de euros tras sanear la empresa.

¿El futuro de Indra?

Como en los años 90, antes de su privatización en bolsa, el Estado es su mayor accionista (20%). Lo es porque el anterior (Caja Madrid-Bankia) tuvo que vender obligada por el rescate español orquestado desde Bruselas. Será este verano (8 de julio) cuando todo cambie para el principal contratista público en materia de suministros tecnológicos, desarrollos de defensa, seguridad y procesos electorales.

Entonces, en su ‘Día del Inversor’, Indra tiene previsto explicar a los inversores el alcance y pormenores de su necesaria reestructuración. En 2014 registró unas pérdidas de 92 millones de euros y ha obligado a la compañía a suprimir su dividendo. En el primer trimestre de 2015, Indra se anotó unas pérdidas de 20 millones de euros. Caen las ventas, crece la deuda y se esfuma la rentabilidad. Con todas las cifras en la mano, la tecnológica se ha visto legitimada por ley para azotar con ERE sobre su plantilla.

¿Qué ha pasado para llegar a esa situación? Entre otras causas se encuentra la mala marcha de sus negocios en Brasil, el desplome de las contratas desde la Administración pública (20% de su negocio) o la dudosa rentabilidad de sus adquisiciones (Politec. Europraxis…). En 2010 tenía una posición neta de caja de 170 millones. Cuatro años más tarde su deuda se ha disparado por encima de 600 millones de euros. Demasiados años pendiente de las licitaciones del BOE o su implicación en casos de corrupción han dejado a Indra fuera de juego en muchas de sus áreas de negocio. Grave, ¿será mortal?

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