Fracaso ‘startup’ en España, ¿tabú, estigma social o galones para el éxito emprendedor?

Fracaso ‘startup’ en España, ¿tabú, estigma social o galones para el éxito emprendedor?
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Carlos Polo, cofundador de NTS, F1 Ayuda Online, Doocuments y ahora Perpetuall.

“¿Por qué nos caemos? Para aprender a levantarnos”. La memorable frase que pronuncia Michael Cayne en ‘Batman Begins‘ es un buen punto de partida para entender el fracaso empresarial en el mundo ‘startup’. Es todavía un estigma y ‘tema tabú’ en España que en otros países adquiere valor positivo en forma de grado de experiencia y aprendizaje para quien tiene que cerrar su empresa.

El debate vuelve a reabrirse. Así lo entiende Carlos Polo, navarro afincado en Bilbao, que vuelve a intentar montar una ‘startup’ después de cerrar dos negocios F1 Ayuda Online (2006) y Doocuments (2012), y fundar otro con éxito NTS Solutions (2002), según informa Gananzia.

El último proyecto en el que participa es Perpetuall, una aplicación móvil en la que trabaja mano a mano con Ander Suárez y Jon Ander Romero, para convertir la gestión de la agenda de contactos del móvil, el reenvío de llamadas en una tarea sencilla y rápida desde la app, así como evitar que perder el móvil sea una tragedia.

Si el fracaso en montar un ‘startup’ en España estuviese bien visto, Polo ya habría una parte del camino recorrido para alcanzar el éxito de su proyecto. Sin embargo, el miedo escénico a volver a empezar a veces llevar a muchos emprendedores a desechar esa idea y enrolarse en un trabajo por cuenta ajena.

“Fracasar una vez es normal, y si no es traumático, hasta gracioso. Fracasar dos veces ya es un asunto más serio, y sin embargo probable. Pero claro, hilar tres fracasos seguidos supondría mi funeral empresarial. A ver cómo le digo yo a un socio inversor que confíe en mí con 3 fracasos a mis espaldas”, explica Polo en su blog.

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No es el caso del cofundador de Perpetuall o de otros muchos emprendedores como, por ejemplo, un ‘desconocido’ experimentado en el sector Risto Meijide, quien confesaba esta semana sus fracasos emprendedores, entre ellos con la puntocom Doctor Music en 1999).

“Cuando decidí lanzar la nueva ‘startup’ pensé que lo mejor sería no contárselo a nadie (…) Decidí, que si el proyecto tenía cierta tracción, lo haría público, y en caso contrario, si cerraba, pues aquí paz y después gloria, de forma que el menoscabo reputacional personal se minimizaba”, resume en su post, en el que califica como “enfermedad” su ilusión por construir, de nuevo, un negocio.

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