Bolsamania

Top 10: Villanos más odiados (Parte II)

 

5. Cómodo en “Gladiator”: Una de las películas más emblemáticas de las últimas décadas reduce su argumento a algo bien sencillo: vengarse del puñetero cómodo. Joaquin Phoenix ya empieza la película cargándose al bueno de su padre, tratando de cargarse a Máximo y masacrando a su familia. Normal que solo nos dediquemos a jalear a Russell Crowe en su cruzada para acabar con el traicionero emperador.

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4. Emperador Palpatine en “Star Wars: El Retorno del Jedi”: El Emperador Palpatine no nos cae muy gracioso en ninguna de las entregas de la saga galáctica, pero en la última ya es que le dábamos de host… De guantazos. Darth Vader tiene sus cosas, pero se le ve que es buen tipo en el fondo. Solo Palpatine se interpone en el esperado reencuentro padre-hijo de Vader con Luke. Menos mal que se opta por hacerle “volar”.

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3. T-1000 de “Terminator 2”: Ahora que el Terminator de Arnold Schwarzenegger se nos había reinsertado en la sociedad con éxito, aparece esta puñetera máquina de matar a la que no hay forma humana de destruir. Ni cuando crees haberle reventado la cabeza se detiene la bestia parda. Menos mal que nuestro querido “gobernator” compensa su deficiencia de tecnología con una buena dosis de artimañas…

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2. Amon Goeth en “La Lista de Schindler”: Este es uno de esos casos en los que se une el factor “nos encantas” con el sentimiento “te odiamos”. El nazi al que da vida Ralph Fiennes en el clásico de Steven Spielberg nos resulta terrorífico. La crueldad del hombre no tiene límites y los sofocones que nos llevamos por su culpa, tampoco. Nos pasamos media película esperando que algún judío haga pagar al nazi tanta maldad.

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1. John Doe en “Seven”: Tan consternados estamos cuando el personaje acaba su macabra obra, que casi ni de odiar tenemos tiempo. Necesitamos un puñado de horas después de cada visionado de “Seven” para empezar a asimilar lo visto. Es tan capullo el individuo en cuestión, que nada que podamos hacerle nos otorgaría resarcimiento o justicia divina para aplacar la herida que deja en nuestro corazón. Maldito John Doe…

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(Parte I)