Bolsamania

Regresa “Hannibal” (NBC) con su segunda temporada

La primera temporada de “Hannibal” se cerró en Estados Unidos, su país de origen, con 1,93 millones de espectadores. La segunda temporada, sin embargo, se ha abierto con 3,35 millones. Calculo que se le caerán un par si es que no algo más cuando llegue al episodio final, pero el número de gente que ve un programa nunca ha sido un indicador muy fiable para determinar si es bueno o malo, si acaso en lo que a una inversión se refiere y como nuestros cuartos no están metidos en este asunto, poco nos importa el share.

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Estáis invitados a la comilona de Hannibal. <3

Reconozco que es una serie que me irrita. Me irrita porque está muy bien hecha (¿es posible? sí, lo es) y cada escena, cada maldito fotograma intenta transmitir una perturbación perfecta que me ataca los nervios. “Hannibal” se toma muy en serio a sí misma y lo cierto es que tiene una sólida base para actuar con tanta prepotencia frente a su público: en esta serie se encuentran dos de los personajes más interesantes que tenemos desplegados en el panorama televisivo de la temporada, por no llevarlo más allá, que podríamos: ¿a cuántos no les fascina la figura de Hannibal, ya sea encarnada por Anthony Hopkins, Gaspard Ulliel o Mads Mikkelsen? ¿Y qué pasa con Will Graham y su empatía extrema? Si ya de por sí pueden, cada uno, inspirar historias muy retorcidas, imaginad lo que pasa cuando ponemos a estos dos, casquería y a Bryan Fuller en una batidora.

La serie tiene una fotografía exquisita: la pares en el minuto que la pares, encontrarás algún detalle en el que recrearte porque está llena de ellos (el departamento de fotografía, insisto, es una pasada). Los mejores momentos para hacerlo son en los recuerdos o ensoñaciones de Will, cuando Hannibal cocina o, qué queréis que os diga, cuando hay cadáveres y asquerosidades macabras de por medio. Lo puedes apreciar en movimiento, pero si te detienes a verlo comprenderás cuánto esmero han puesto en esta serie, el mimo con el que la han adornado para que cada segundo sea un impacto para tus retinas. A esto se le suma la banda sonora, que ayuda a agregar tensión, misterio o suspense a los momentos clave. Y, por supuesto, el guión, ¡qué importante es! O, más bien, el script y su realización…

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No sé si es lo que más me repatea el hígado. Yo apuesto que sí. ¿Por qué esas conversaciones, esos tonos, esos silencios, esas miradas? Tengo la impresión de que toda la serie quiere ser tan intensa, tan cargada de un simbolismo elíptico que el espectador rellena con su propia aportación, tan potente, tan penetrante, tan desbordante, tan inten… uh, no, que me repito. Creo que la idea queda clara.

Tiene un buen argumento, porque lo tiene y eso es indiscutible, pero es esa puesta en escena está demasiado forzada para mí porque es como si tuvieran que usar todos los recursos que pueden para desmarcarse de otras producciones algo más descuidadas; parece que justifican su morbosidad con unas imágenes delicadas, unas conversaciones cagadas de dobleces y un intento -no tan logrado- de añadir el ingenio al menú. “Hannibal” quiere mostrar el lado artístico de una carnicería.

El caso es que a pesar de esto, considero que la serie ha retomado su camino de manera formidable y me ha inyectado, sino la silicona que mantiene los cuerpos del asesino del nuevo caso, sí una buena dosis de curiosidad por lo que pasará en el siguiente episodio.

Parafraseando a Catulo, te odio y te amo, Bryan Fuller.

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