Bolsamania

¿Realmente son tan buenas? Películas sobrevaloradas (Volumen III)

Hace casi un año nos levantábamos con el día “destroyer” y decidíamos analizar ocho de las cintas más relevantes del cine, poniendo en tela de juicio si realmente su calibre era tal como para considerarlas auténticas obras maestras. Como en aquellos días partimos de la base de que el cine es, por encima de todo una cuestión de gustos y como no podía ser de otra forma, el aquí firmante se disculpa de antemano… ¡O no! Aquí comienza una nueva entrega de películas sobrevaloradas:

 

El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace (2012): La brillante “Batman Begins” daba comienzo a una trilogía sobre el hombre murciélago que rápidamente lograría hacerse con el entusiasmo de la crítica y el amor incondicional del público, pero lo cierto es que este capitulo final tiene un buen puñado de elementos que nos irritan de mala manera. Tras el estado de embriaguez en el que son sumió Heath Ledger son su inolvidable “Joker” de “El Caballero Oscuro”, esta vez nos tenemos que fumar a un villano lamentable. Ese Bane que reparte hostias como panes y que parece más listo que cualquiera acaba su andadura por la cinta haciendo, textualmente, pucheros. La desatención a los personajes del filme se cobra media docena de víctimas, siendo la más destacable el de Marion Cotillard, cuya aparición todavía no entendemos. Ridícula también la “sorpresa” final que vemos venir desde el primer minuto (¿Robin?¿en serio?) y el plano de cierre propiamente dicho, difícilmente distinguible de la última secuencia de “Origen”. Aún así, lo peor de todo y lo que no perdonaremos en la vida a Christopher Nolan es ver a Batman paseándose durante el día por las calles de Gotham. El Caballero de la noche se convierte, por unos minutos en un friki con pintas de mamarracho.

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Memorias de África (1985): ¡Qué historia de amor! ¡Qué Pasión!¡ Qué actores!¡Qué paisajes!… ¡Qué rollaco, por el amor de dios! No discutiremos esa frase que todo el mundo le dedica, ya que estamos de acuerdo en que es “una de las mayores historias de amor que ha dado el cine”. ¿Pero no podía ser un poco menor y no aburrir hasta a las piedras? Pues se ve que no. A la gente le gusta y al aquí firmante también cuando divide su visionado en tres días. Resulta poco relevante su hermoso final o todos sus pasionales pasajes, cuando llegamos a los últimos minutos de la cinta ya solo queremos que se acabe y nos la bufa lo que pase. Se habrá llevado un saco de Oscars y tendrá una Banda Sonora increíble, pero el gran mérito que debemos reconocerle es ofrecer un sonido de fondo para siesta solo comparable a las etapas en llano de ciclismo.

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La Milla Verde (1999): Qué bonica “La Milla Verde” con sus personajes buenísimos, sus personajes malísimos, su ratoncillo y tal. Con lo que no contaba Frank Darabont es con los miles de diabéticos a los que que mandó a la tumba su excesivamente edulcorada cinta. Un melodrama de casi tres horas que harían sonrojarse a “Hello Kitty” con sus mensajes de amor infinito, esperanza rollo “Mr. Goodlife” y la fuerza del milagro santurrón. Si en medio de todo metes a un Tom Hank en su versión más “pago mis impuestos, reciclo basura y me gusta la navidad” la tarta ya se vuelve empalagosa hasta lo molesto. Tres horas de lírica del todo a cien con personajes ridículos y con Forrest Gump con problemas de vejiga. Eso, básicamente es “La Milla Verde”.

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(Parte I) (Parte II)

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