Bolsamania

¿Por qué el público pasó de amar a odiar a Meg Ryan con solo una película?

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Un caso curioso el de Meg Ryan. Estamos más que acostumbrados a ver como el la industria de Hollywood es tan capaz de encumbrar estrellas como de hundirlas. Lo que no es tan común es que esto suceda de la noche a la mañana, que se produzca en la cumbre de una carrera o que el público sea el que lo decida.

Ella era la novia de américa. Ese título que ha ido saltando sobre algunas de las actrices más queridas por el público americano encontraba en Meg Ryan a una de sus grandes exponentes. Todo lo que hacía la dulce y divertida actriz era capaz de despertar el interés de millones de espectadores.

“Top Gun”, “Cuando Harry encontró a Sally”, “Algo para recordar”, “Tienes un e-mail”, “City of Angels”… Durante una década entre finales de los años 80 y finales de los 90, el nombre de Meg Ryan era sinónimo de éxito. Las comedias románticas y las cintas de amor no tenían secretos para una actriz que, con solo 38 años, se embarcaba en el proyecto que terminaría con su carrera.

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Cuando Meg decidió apostar por el drama puro y enrolarse en un proyecto titulado “Prueba de vida”, poco podía imaginar que estaba a punto de enterrar su carrera. Puede que la cinta no fuese muy buena, pero decir que el resultado artístico acabo con la trayectoria de la intérprete es algo muy lejano a la realidad.

Lo cierto es que, por aquellos días, Meg Ryan compaginaba su título de “novia de América” con el de miembro de “la pareja de moda”. Ella y Dennis Quaid formaban el matrimonio más estable y querido de Hollywood. Desde 1991, la relación de ambos era ejemplo dentro de una industria poco acostumbrada a las parejas estables. Pero entonces conoció a un tipo llamado Russell Crowe. Durante el rodaje de “Prueba de vida”, al actriz y el recientemente ganador del Oscar por “Gladiator” iniciaban un idilio que se convertía en la comidilla de toda la prensa. El filme se convertía en todo un fracaso y su matrimonio con Dennis Quaid terminaba al instante.

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Desde entonces, nada más. Ninguna oportunidad para una Meg Ryan que intentaba salvar los muebles con cintas menores como “Kate y Leopold”, pero ya era tarde. La industria sabía que la novia de América era la mujer más odiada del momento. Nueve películas menores en 15 años, constantes operaciones estéticas y sobredosis de bótox para apuntillar a la que un día fue la estrella más resplandeciente de la industria.

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