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Pequeñas maravillas del cine: “Lars y una chica de verdad”

Hoy Ryan Gosling es todo un icono del cine. El talento y el carisma de este estiloso chico están lejos de toda discusión, pero no conviene olvidar que parte de su infinito encanto radica en que Gosling no es una estrella al uso. Este tipo es tan grande porque las normas no van con él. Da igual el perfil de proyecto que sea. Si Gosling lee algo que le gusta, el dinero nunca es problema. Lo suyo es el cine y su leyenda siempre hablará de la megaestrella que siempre volvía al cine más independiente.

Lars (Gosling), un joven muy dulce y muy tímido que vive con su hermano y su cuñada, lleva, por fin, a casa a Bianca, la chica de sus sueños. Lo malo es que se trata de una muñeca que compró en Internet, aunque él la trata como si fuera una mujer real. Aconsejada por una doctora y con la intención de ayudarlo, su familia decide seguirle la corriente. 

Sobre el papel, hablar de una película en la que su pánfilo protagonista se enamora de una muñeca hinchable parece que no da para mucho. Incluso los riesgos de caer en la estupidez se antojan demasiado elevados. Por eso, el que Lars y una chica de verdad se maneje con tanta soltura no deja de sorprendernos. La película choca en sus primeros pasos, pero poco tarda en hacernos entrar en su juego. Difícilmente se puede llegar a ser más encantadora que esta brillante cinta.

Lars y una chica de verdad no tuvo la repercusión merecida para semejante calidad. Casi nadie recuerda su más que merecida candidatura al Mejor Guión Original allá por el año 2007. Puede que no sea demasiado sencillo acceder a ella, pero sería una locura dejar pasar la oportunidad de disfrutarla por ausencia de esfuerzo. Pese al muñeco de por medio, pocas obras con amor tan humano encontrarás.

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