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Ópera prima: “Signos de vida” de Werner Herzog

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26 años tenía Herzog cuando dirigió su primer largometraje. El cineasta germano se inspiró en un relato de su compatriota Achim von Arnim escrito a principios del XIX. Herzog había creado algunos cortos durante la década de los 60. No estudió cine. Cuentan que hasta los 12 años vivió en una montaña perdida con su familia. No vio una película hasta su adolescencia. Este aislamiento, sin duda, configuró el peculiar carácter de Herzog y varias cualidades de su cine, especialmente a nivel temático. Cuando bajó de la montaña se tropezó con las salas cinematográficas y comenzó a desarrollar su afición. No lo dudó. Iba a ser director.

Se saltó todos los procedimientos tradicionales y montó una productora. Llegaron sus primeros cortos. Joven e intrépido, no tardó en reunir el dinero suficiente para facturar su ópera prima. Un paracaidista alemán es enviado a una ciudad de Creta en la fase final de la guerra. Allí se encontrará con otros soldados. Sin mucho que hacer, pululan por una vieja fortaleza dedicados a actividades un tanto peculiares. El paracaidista Stroszek (el Josef K. de Herzog, que aparecerá más veces en sus películas) se entretiene como puede en un entorno paradisiaco pero trastornado por la guerra.

Signos de Vida es una película extraña, especulativa y un tanto deshilvanada. A Herzog todavía le quedaban varios años para ir consolidando su estilo y talento. Pero la cinta ya exhibe buena parte de sus habilidades. El director alemán siempre ha mostrado un gran interés por personajes extraños, alejados de la realidad y que viven en su propio mundo, cueste lo que cueste. Algunos terminan claudicando ante la presión externa. Los soldados del pequeño pueblo cretense se enfrentan a una situación insólita y reaccionarán de manera diversa.

La cinta es también un relato del tedio. Y es que en la guerra no solo hay bombas, tiros y complejos desembarcos. Pero a Herzog no le interesa tanto el tema bélico y enfoca su historia hacia la relación de los personajes con un entorno que desconocen. Algo muy común en su cine posterior.

El director de Aguirre, la cólera de Dios, El corazón de cristal o la propia Stroszek se divierte con esta cinta mientras aprende su oficio. No tardará en demostrar que se trata de uno de los más grandes directores europeos. El Nuevo Cine Alemán nace en cintas como esta, mientras calientan motores otros cineastas como Win Wenders o Alexander Kluge.  

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