Bolsamania

“Marisa en los bosques”, esa maravilla que acaba de llegar a nuestros cines sin hacer ruido

Nota: 8,5

Es el momento de evolucionar con nuestras creencias. El dios de las pequeñas cosas, al que el aquí firmante rendía culto irredento, acaba de desaparecer de un plumazo. Y es que esa pasión desmedida por proyectos de bajo presupuesto y escasas pretensiones, pero arrebatadores, permanece intacta. Sin embargo, lo que ya no parece adecuado es referirse a este tipo de producciones como “cintas pequeñas”. No es justo ni honorable referirse a Marisa en los bosques como un proyecto modesto.

Hay talento e ilusión. Hay esfuerzo y audacia. Difícil encontrar capital comparable. Cuando un filme tira de ingredientes como los señalados, se antoja ridículo hablar de “low cost”. Cierto es que no encontramos explosiones o disparos en Marisa en los bosques. Tampoco la madre de Marisa se llama Martha. Se igual modo, no se trata de la secuela de un exitazo… o sí. Para ser fieles a la verdad, Marisa en los bosques es la continuación de “Marisa con 20 años” o “Marisa con 25 años”. Lo que pasa es que estas no eran películas, sino las fases de la vida de una mujer que está viendo como se escapan los que, erróneamente, todos consideramos los mejores años de nuestras vidas.

A Marisa le sigue gustando la imagen que le devuelve el espejo, pero le cansa un poco. A los 35, parece que cuesta ajustarse al imperativo social de convertirse en “persona de bien”. Y es que la mano del director y guionista Antonio Morales refleja a la perfección ese panorama desalentador al que se enfrenta esa generación de jóvenes de ilusiones cercenadas e hija de los años 80. No existe la opción de elegir entre el camino de la derecha, el del centro o el de la izquierda. El panorama que nos encontramos es el de un desierto en el que hay que jugársela en una dirección. Un desierto o un bosque.

Luce que es un primor. Marisa en los bosques se mueve de forma suntuosa, lo que en buena medida se debe al empeño de Patricia Jordá en conseguirlo. Ella es Marisa y la mujer alrededor de la que gira todo. No le pesa a una actriz que se revela como una fuerza de la naturaleza. El guión de Antonio Morales y la fotografía de Dani Lisón crean el caldo de cultivo ideal para que así sea. Y no es que Marina en los bosques esté exenta de algún altibajo en su desarrollo dramático o que no haya algún secundario molesto, pero este es un peaje que se paga con gusto ante semejante alarde de libertad creativa.

El pasado fin de semana aterrizaba en las salas españolas Marisa en los bosques, una de esas joyas que encuentran acomodo en un puñado de salas. Ahí es donde entra la mano del soberano público. Suya es la responsabilidad (casi obligación) de llenarlas, permitiendo que Marisa en los bosques vaya propagándose. Imposible no caer rendido a los encantos de esta mujer perdida.

Héctor Fernández Cachón

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