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Las 15 mejores películas de 2014 para Alucine: Lista completa

Posición 15ª:

“The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro”

Después de que la trilogía de Sam Raimi, allá por 2012 Marc Webb apostaba por un reinicio de la saga. El hombre araña se llevaba un auténtico lavado de cara. Protagonistas, villanos, tono… Todo era distinto en “The Amazing Spider-Man”, pero para muchos no resultó suficiente. Un espectador aturdido por el giro al mundo de los superhéroes que nos ofrecía Christopher Nolan con su Batman no terminaba de encajar al celebre Spider-Man en su nueva película. Lo que todo el mundo esperaba como un “Spider-Man Begins”, poco tenía que ver con la oscuridad del hombre murciélago, pero es que Peter Parker y Bruce Wayne tiene poco en común más allá de su orfandad.

Sea como fuere, el nuevo Spider-Man de Andrew Garfield se convertía en todo lo que se esperaba del célebre personaje de Marvel. Peter Parker empezaba a hacer todo lo que un adolescente se plantearía de tener tan extraordinarios poderes: divertirse. Frente a ello, poco más que la responsabilidad y ciertos pesos o traumas propios de la edad. La gestión de todo ello en un contexto único llega en “The Amazing Spider-Man 2: El Poder de Electro” a la poderosa altura que siempre esperamos de nuestro querido hombre araña. La cinta no terminaba de seducir, pero ya comenzaba a levantar aplausos entre la crítica y parte del público. Nosotros nos sumamos a ese aplauso y agradecemos la frescura de la cinta construida por Marc Webb. Aventuras, diversión, suspense, lírica y humor para la sensacional película, con nuestro aplauso especial para la última media hora del filme.

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Posición 14ª:

“Begin Again”

Una de las posiciones de nuestra lista se la gana, sin lugar a dudas, la película de John Carney. El director que nos enamoró con “Once” vuelve a unir amor y música en una de las cintas más destacadas de la temporada. Muchas veces nos encontramos con que estamos sentados en la sala de cine con un nivel de expectativas poco determinado. La película comienza y nos vamos dejando llevar por un camino desconocido. Entonces, de cuando en cuando se da esa sensación tan gratificante de que una extraña magia va impregnando el ambiente. Es la esencia que desprenden las películas que, más que gustarte, te enamoran. El pasado año fue “Un Invierno en la Playa”. Este 2014 es el turno de “Begin Again”

Gretta (Keira Knightley) es una mujer enamorada. Ama a su novio Dav (Adam Levine), ama la música y ama el futuro que le espera. Tras su llegada a Nueva York, todo cambia dramáticamente. Dav ha alcanzado el éxito y la fama, de modo que decide abandonar a Gretta. Así las cosas, la joven se queda sola en un mundo que desconoce y sin saber qué hacer cada día al levantarse. Toda su vida ha quedado hecha añicos de la noche a la mañana. Es entonces cuando sus pasos se cruzan con los de un productor de discos (Mark Ruffalo) que ya ha visto pasar sus mejores días y que está sumido en una profunda crisis profesional y personal.

Eso es “Begin Again”: La concepción del aparente final como un nuevo principio. El tándem formado por Keira Knightley y Mark Ruffalo nos regala algunos de los mejores momentos cinematográficos del año. Un canto a la esperanza y a la búsqueda de los sueños por parte de dos personajes que sacan fuerzas de la nada para seguir adelante. Simplemente magnífica.

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Posición 13ª:

“La LEGO Película

¿Saben esas veces que, al finalizar la película toda la sala explota en un espontaneo y unánime aplauso? Pues “La LEGO Película” es una de ellas. En pleno invierno aterrizaba en nuestras salas una película animada basada en el popular juego de piezas, convirtiéndose al instante en una de las joyas del año. Hasta ese momento, el peculiar humor de las pequeñas figuras desmontables nos era conocido gracias a sus versiones para consola de las películas más famosas, pero ni remotamente podíamos esperar un divertimento de tales dimensiones.

Tan absurda como inteligente, el espíritu mismo de los Monty Python parecía haber hecho presa de una plantilla de personajes absolutamente seductora. Por si esto fuese poco, “La LEGO Película” se sacaba de la manga un guión para quitarse el sombrero. Capaz de recoger en una historia la esencia misma del juego de piezas original, el filme camina al más puro estilo George Orwell hacia un desenlace absolutamente fantástico.

Por divertirnos como lo ha hecho, por emocionarnos y por haberse convertido en un auténtico soplo de aire fresco dentro de la animación y del cine en general, “La LEGO Película” se gana uno de los puestos de nuestra lista. De hecho, es muy probable que también se lo gane en futuras listas, ya que Warner Bros. ya ha anunciado varias secuelas.

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Posición 12º:

“The Babadook”

Llegará a las salas españolas el 16 de enero, pero su estreno en Sitges ha calado profundo. A veces resulta complicado quitarse la sensación de que en el cine está todo inventado. La escasa capacidad de sorpresa de muchos de los productos actuales se hace especialmente visible en el género “terror”. Fórmulas mil veces vistas y lugares comunes hacen que la mayoría de las cintas nos despierten cierta pereza. Entonces aparece alguna cosita como “The Babadook” que nos hace recuperar la fe en la humanidad, en el cine y en todo lo que haga falta.

Desde Australia y de la mano de Jennifer Kent nos llega una cinta sencillamente turbadora. La angustia alcanza cotas épicas al mismo ritmo que una cruel desazón embriaga nuestro espíritu. 2the Babadook” cuenta la historia de una mujer que, seis años después de la muerte de su esposo en un accidente de tráfico, todavía lucha por salir adelante. Junto a ella, su hijo de seis años vive aterrorizado por un monstruo que le aparece cada noche. Cuando un inquietante libro de cuentos llamado “The Babadook” aparece en su casa, todo se vuelve cada vez más oscuro y delirante, entrando madre e hijo en una espiral descontrolada de terror.

No es solo por las perfectas interpretaciones de su pareja de protagonistas o por su facilidad para transmitir sus oscuros sentimientos. Tampoco es una poderosa dirección que hace que nuestras rodillas tiemblen o que entornemos los párpados sobrepasados. Lo que realmente nos golpea como una maza es el impresionante guión cargado de metáforas, dobles sentidos y, finalmente lírica que nos regala “The Babadook”. No es solo terror. Es imprescindible para cualquier cinéfilo. “masterpiece” de las buenas.

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Posición 11ª:

“Godzilla”

Este año, uno de los más ilustres personajes de la ficción volvía a irrumpir en la gran pantalla. Con un aire completamente renovado, el mítico “Godzilla” hacía temblar de nuevo las salas de cine de todo el planeta. Lo hacía, ni más ni menos que acompañado por el “monstruo” de la pequeña pantalla, Bryan Cranston (aka Walter White, aka Heisenberg) y por una plantilla de actores de primer nivel. Ni quince minutos tardamos en darnos cuenta de que la idea del director Gareth Edwards es la de devolver a la enorme criatura su aura de leyenda. Con una secuencia inicial que nos pone un nudo en la garganta, “Godzilla” da comienzo a la recuperación del terreno perdido.

Nuestro gigantesco amigo no irrumpe en pantalla hasta casi pasada una hora. Probablemente tantos excesos han acabado por atrofiar el paladar del espectador, lo que puede hacer que a muchos la espera les resulte demasiado larga, pero “Godzilla” es trepidante durante cada minuto de su metraje sin necesidad de acudir a la pirotecnia habitual. No deja de resultar maravilloso encontrarse blockbusters tan precisos y preciosos en su acabado.

No nos equivoquemos: “Godzilla” tiene sus buenas dosis de destrucción, sus momentos trepidantes y todo lo que se le puede exigir a una película que tiene como protagonista a especie de terápodo de más de cien metros de altura, pero también es oscura y elegante. También abraza a la criatura como lo que es: una leyenda. Y toda leyenda ha de estar revestida del adecuado misticismo. Por devolvernos al origen mismo del cine, “Godzilla” se gana uno de los puestos de nuestra lista.

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Posición 10ª:

“Short Term 12, Las Vidas de Grace”

Lo que pone sobre la mesa “Las vidas de Grace” es un ejercicio cinematográfico tan arriesgado y honesto, que difícilmente podemos hacer algo más que rendirnos a sus pies. Grace (magnífica Brie Larson) es un personaje absolutamente normal y reconocible. No lleva una vida muy diferente a la que podríamos llevar cualquiera de nosotros. De hecho se puede decir que incluso la vida le sonríe. Tiene un novio que la adora por encima de todas las cosas y un trabajo en el que se siente enormemente realizada. Pese a que no resulta muy sencillo enfrentarse cada día a los adolescentes en situación de vulnerabilidad de los que se ocupa el centro que supervisa, ella está plenamente entregada a ellos y lo hace con plena dedicación y cariño. ¿Dónde está entonces el conflicto? Pues esa es la gran virtud de la cinta: El conflicto está en vivir. Está en ese brillante contrapunto ofrecido por unos jóvenes que no están mucho más perdidos que Grace. La cuestión es que Grace ayuda a camina a todos ellos, pero es incapaz de caminar ella misma.

Grace no sufre por el presente. Sufre por el pasado. Las viejas heridas impiden a la joven abrazar la felicidad que el dios de las pequeñas cosas ha tenido a bien ofrecerle. Lucha contra ella misma. Sus miedos son sus propios fantasmas. La mera sombra de lo que un día sufrió es suficiente para que las cicatrices se abran de nuevo, dejando pequeñas manchas de sangre. En “Las vidas de Grace” vamos acercándonos lentamente a un personaje que nos desnuda su corazón, tan difícilmente descifrable. Lo hace sin grandilocuentes momentos de drama. Sin gritos desgarradores ni llantos desconsolados. Si alguien tan poderoso como el dios de las pequeñas cosas se dedica a cuestiones tan naturales, sería una obscenidad que Destin Cretton cogiese su cámara y abordase “Las Vidas de Grace” de un modo mesiánico. Las cosas importantes de la vida se pueden mostrar también sin grandes dramas.

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Posición 9º:

“Guardianes de la Galaxia”

Los “Guardianes de la Galaxia” probablemente se trate del grupo de superhéroes más disfuncional que nos han dado las viñetas de Marvel. Cuando vas a desarrollar una película protagonizada por un saqueador mujeriego y temerario, un mapache adicto a la pólvora, una mujer verde, una especie de hombre-árbol y un vigoréxico ávido de venganza debes ser consciente del nivel de seriedad que puedes otorgarle para no caer en el ridículo. Si te pones metafísico, lo normal es que no te soporte nadie (recordemos el “Hulk” de Ang Lee) o, lo que es peor, si pasas de todo te puede salir una especie de “Linterna Verde”. ¿Cuál es entonces la fórmula del éxito? Pues no tardaréis en detectarla, porque “Guardianes de la Galaxia” la tiene y la muestra con orgullo: Acción, ternura y, sobre todo mucho humor.

Es poco común encontrarse con una cinta tan audaz y mordaz. Cuando no estamos disfrutando de auténticos momentazos de magnífica acción, nos estamos partiendo la caja. Cualquiera de las conversaciones entre sus protagonistas se gana nuestro profundo respeto. Por si esto fuese poco, el constante homenaje ochentero nos pone nostálgicos de mala manera. Poco se puede reprochar a una cinta en la que, por ponernos exquisitos, necesitaría de una mayor atención al personaje de Gamora y podría prescindir de ciertos aspavientos visuales innecesarios para lo que propone.

“Guardianes de la Galaxia” es la mejor película de aventuras en mucho tiempo. Su esencia es la de “Indiana Jones” y su espíritu, el del mejor Spielberg. Son héroes hechos de otra pasta. De la misma que aquel valiente terrícola sobre el que hablan las leyendas. Aquel que se hacía llamar Kevin Bacon en esa épica historia conocida como “Footloose“.

Seguimos caminando hacia el número 1 de nuestra lista con las 15 mejores películas de 2014. En esta ocasión llegamos al octavo puesto de la mano de una saga resucitada que nos está dando cine de auténticos quilates en los últimos años.

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Posición 8ª:

“El Amanecer del Planeta de los simios”

Les recomiendo que se tapen los oídos a todos los abanderados de ese romanticismo corrupto que considera que “viejuno” siempre implica “mejor”. Allá vamos: “El Amanecer del Planeta de los Simios” es incluso superior a la original “El Planeta de los Simios” firmada por Franklin J. Schaffner allá por 1968. No hay que rasgarse las vestiduras. Vale que el final con Heston maldiciendo todo maldecible con la rodilla hincada en la playa no está pagado, pero ocurre que cada minuto de las más de dos horas que dura esta auténtica joya titulada “El Amanecer del Planeta de los Simios” es cine de muchos quilates. Desde la primera mirada que César nos clava nada más comenzar la cinta, resulta difícilmente descriptible la sensación generada en nuestro interior. La inquietud y el miedo se mezclan con una ternura y visceralidad que clavan al espectador es la butaca. La piel de gallina no se debe al salvaje aire acondicionado de las salas. Esta vez no. El motivo es que se ofrece una experiencia sobrecogedora.

La cinta habla por si sola. No requiere de un montón de individuos con aires de grandeza (como un servidor) diciendo que es buena o mala. También habla por si solo Andy Serkis, brillante actor que le presta sus gestos, su voz y su alma al ese simio llamado César protagonista de la cinta. Que la reiteración sirva para enfatizar la humilde (de tan humilde, casi miserable) opinión del aquí firmante. Todo lo lo que se le puede pedir a una película nos lo ofrece “El Amanecer del Planeta de los Simios”. Si algo se le puede reprochar a la magnífica cinta de Matt Reeves es no tener más tiempo a Gary Oldman en pantalla. Por lo demás, nos descubrimos la cabeza.

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Posición 7ª

“Nebraska”

Desde hace un buen puñado de años hay un cineasta llamado Alexander Payne que no hace más que firmar una obra maestra tras otra. Puede que un calificativo tan contundente suene rotundo en exceso para calificar la obra del autor de “Election”, “A propósito de Schmidt”, “Entre Copas” o “Los Descendientes”, pero es que en la virtud no tiene que aparecer necesariamente en las más grandes y ambiciosas historias. De lo cotidiano es de donde saca el jugo un director y guionista que conoce las miserias humanas y sus crisis existenciales preocupántemente bien.

Los padres. Siempre han sido ellos y siempre serán. Suya es la culpa de gran parte de lo que somos. De lo que no tienen culpa, si es malo, también podemos hacerles responsables. Los protagonistas de “Nebraska” son un buen ejemplo de ello. Perdedores de dos generaciones distintas, pero demasiado perezosos y desesperanzados con la vida como para reprocharse ya nada. Cuando Bruce Dern y su hijo Will Forte se miran a la cara, lo único que ven es un reflejo de sí mismos. La demencia de un padre otrora alcohólico con un hijo que no guarda Unidos en busca de un premio que nunca ha existido. Dos humanos actuando como humanos con sus siluetas recortadas en el blanco y negro de los áridos parajes de “Nebraska” son el atractivo de una cinta capaz de mantenernos el bello de punta durante todo su metraje. ¡Qué buen sabor de boca deja el gran cine!

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Posición 6ª:

“El Gran Hotel Budapest”

El estilo se tiene, o no se tiene. Esas cosas no se pueden disimular. Cuando nos sentamos en una butaca de cine o ante nuestra pantalla casera nos encontramos con las propuestas ofrecidas por directores, cuya mano nos resulta reconocible, pero en pocos caso el estilo salta tanto a la vista como en el caso del genial Wes Anderson. El hombre que envió a Bill Murray en busca de un tiburón leopardo a las profundidades marinas o que se marcó una escena “erótica” entre niños lo ha vuelto a hacer: “El Gran Hotel Budapest” es otro ejercicio estilístico absolutamente impagable.

Cada plano, cada color, cada diálogo o cada actuación juegan a la radical propuesta cinematográfica de un director que no sabemos si nos arranca la sonrisa por lo mordaz de sus secuencias o por lo brillante de su mera existencia. Una inmensa fortuna y la lucha entre los candidatos a su herencia son el caldo de cultivo ideal para que Ralph Fiennes, Edward Norton, Willem Dafoe, Adrien Brody, Tony Revolori, Saorise Ronan, Jude Law y un sinfín de enormes actores muestren de lo que son capaces con un perfecto equilibrio entre todos ellos. Con un aire de hermosa y triste nostalgia, Wes Anderson nos abre las puertas del Gran Hotel Budapest en una mezcla de humor y lírica para la que ninguna lengua ha encontrado todavía una palabra que se adecue o le haga honor

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Posición 5ª:

“Inside Llewyn Davis”

Los hermanos Coen acuden a su búsqueda habitual de perdedores sobre los que hacer pivotar la historia pertinente, para dar con uno merecedor de versos y versos. Llewyn no es un perdedor al uso, un cómico patoso o un simple tipo metido en situaciones que le van grandes… o si. Lo cierto es que la vida le va grande. No es un tipo atravesando una mala racha. El mundo ha decidido coserlo a leches y no tiene piedad de él. Está hundido en el fondo de un pozo arañando las paredes para intentar salir, pero hay algo que se ha agarrado a su vieja chaqueta de pana decidido a no soltarlo. Un mal compañero de viaje llamado “fracaso”. Y así camina el cantante de folk. Personaje de una de sus canciones. Ni demasiado bueno para triunfar, ni demasiado malo como para abandonar.

El vinilo que suena tiene dos caras bien diferenciadas. En la primera queda claro que Llewyn no es ningún triunfador precisamente, pero siempre puede aparecer un golpe de suerte que haga cambiar todo. De hecho se nos escapa más de una sonrisa cortesía de las afiladas plumas de los hermanos Coen. Diálogos propios de la casa se mezclan con situaciones patéticamente cómicas, pero el frío empieza a calar poco a poco en nuestros huesos a medida que Llewyn comienza a tambalearse. Es entonces cuando la segunda cara del vinilo nos muestra que las situaciones con las que sonreíamos eran una muesca tras otra en el corazón marchito un personaje al que se la suerte ha decidido definitivamente dar la espalda y que ha perdido toda esperanza. Sea como fuere, con un gato en brazos que ni siquiera es suyo, Llewyn hace un último intento por salir adelante. Lo hace con la mirada oscura, porque negro es el mundo que se presenta ante sus ojos. No es coincidencia que el minino se llame “Ulises”.

Entre humo de cigarrillo, tristes acordes y la melancólica voz del genial Oscar Isaac transcurre la obra más cruda de los hermanos Coen. En “A propósito de Llewyn Davis” alcanzan su madurez narrativa dándonos una cruel lección. Cuando nos han preparado todo para que nos riamos del fracasado de Llewyn nos miran fijamente y nos dicen “Borrad esa sonrisa de vuestras caras. Este hombre está sufriendo”.

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Posición 4ª:

“La Isla Mínima”

Principios de los ochenta. En un remoto pueblo de las marismas del Guadalquivir, la desaparición de dos adolescentes ha sacudido la aparentemente tranquila convivencia. Dos policías magistralmente encarnados por Raul Arévalo y Javier Gutiérrez son los encargados de llevar la investigación. Ambos están en el último lugar del mundo en el que les gustaría. Tanto uno como el otro son víctimas de si mismos, castigados a lo que se antoja como un molesto y degradante trabajo, pero lo que van a encontrar allí son los ecos de un tiempo que parecía olvidado. Comienza así un viaje en el que la búsqueda del asesino no es más que una coartada para diseccionar a una sociedad en cambio y una condición humana en la que la maldad se muestra como un rasgo no solo latente. Eran tiempos en los que los hombres sentían miedo y las mujeres se resignaban a ese miedo. Eran momentos en los que los poderosos campaban a sus anchas y donde la humildad apenas se distinguía de la necedad. Eran instantes en los que los jóvenes soñaban y la vida se encargaba de castrar sus sueños… ¿Eran?

Puede resultar extraño decir esto, pero “La Isla Mínima” es un thriller policiaco genuinamente español. Los precipicios junto a los que se mueve son los de una sociedad demasiado reconocible. Las miserias y los elementos más turbios que, en manos de un director con clase se transforman en sobria elegancia. En esa dinámica de perfección entra la mano de la pareja protagonista y de los fantasmas que les acompañan. Cabezas de un reparto sensacional, Raul Arévalo y Javier Gutiérrez sostienen el peso de la obra con una solvencia que en el caso del segundo roza la maestría. Ese tipo de nombre tan convencional hace en “La Isla Mínima” algo extraordinario. Trabajador del cine, hombre humilde y afable, Javier Gutiérrez ha mostrado lo que es, pero que no había tenido oportunidad de mostrar: Un actor como la copa de un pino.

Esta gente no tenía aspiraciones mesiánicas. Este grupo no pretendía refundar los mismos cimientos del cine patrio. Solo eran y son un montón de personas empeñadas en hacer lo que más les gusta poniendo todo su entusiasmo. El resultado no podía ser otro más que “La Isla Mínima”. El resultado no podía ser otro que cine con mayúsculas.

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Posición 3ª:

“Her”

A principios de año nos sorprendía una película protagonizada por un tipo de aspecto “nerd” interpretado por Joaquin Phoenix. Lo que parecía ser, en su planteamiento una cinta con aires de ciencia ficción y argumento poco accesible se convertía en una de las historias de amor más hermosas del cine. El amor entre un hombre muerto de ganas de querer y un sistema operativo con la seductora voz de Joaquin Phoenix se transformaba en un ejercicio de lírica pocas veces conocido. Por cortesía de Spike Jonze, “Her” es una de las grandes maravillas cinematográficas de los últimos años.

Poco importan las apariencias. Lo único cierto es que todo el mundo desea, en lo más profundo de su corazón amar y ser amado. El protagonista de “Her” no es una excepción. Da igual el aire “retrofuturístico” del que se reviste la cinta. Esta es una película puramente humana que solo puede salir de la pluma de un director y guionista que sabe de las dimensiones del amor, que sabe lo que es querer y sabe lo que es sufrir hasta que el cuerpo arde. Por devolvernos el cruel reflejo desde el espejo con u sentimiento que, tarde o temprano todos vivimos, “Her” se gana una de las posiciones de privilegio al mismo tiempo que nuestro cariño eterno.

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Posición 2ª:

“Magical Girl”

Carlos Vermut firma su segundo largometraje tras “Diamond Flash”, esa obra de culto low cost que nos enseña lo lejos que se puede llegar con un guión glorioso. Lo hace con una historia en la que se mezcla mundo manga, enfermedades mentales, niñas con cáncer, José Sacristán y Manolo Caracol. Seguro que la fórmula no la habrán oído nunca. Tampoco la volverán a escuchar, porque eso es lo que hace tan estimulante la propuesta cinematográfica de Vermut. El ilustrador pinta en “Magical Girl” un cuadro que nunca hemos visto antes. Cada trazo del dibujo que se esconde bajo el filme resulta de un movimiento de muñeca que no obedece a normas, ni conoce de autoridad alguna más que el mero deseo de hacer cine.

Luis (Luis Bermejo) intenta hacer realidad el último deseo de una hija con cáncer (Lucía Pollán), Bárbara (Bárbara Lennie) vive en una constante lucha contra sus trastornos mentales y Damián (José Sacristán) sufre el tormento de un pasado que no le deja escapar. Tres historias. En apariencia tres hilos que forman una madeja, pero en esencia tres madejas que forman un hilo. Un hilo que embriaga y arrastra. Cada minuto de metraje de “Magical Girl” es tan seductor, como desgarrador. La sobria apariencia del filme se convierte en el ejercicio estilístico más majestuoso que el cine nos ha ofrecido en varios años. El arte de la sugerencia elevado a la enésima potencia logra que nuestra excitación aumente según se suceden los impecables planos de la obra. Todo esta en su sitio, pero nada lo está.

A la sensación de que a penas podemos hacer pie entre tanta desolación contribuyen, en buena medida una plantilla de protagonistas a los que el término “perfección” no les hace honor. Lennie, Bermejo y Sacristán logran interpretaciones seductoras. De esas que atraen como canto de sirena para golpearte sin piedad, porque hay rotunda realidad en la “Danteniana” lírica de Vermut. La realidad no pretendida de un mundo en el que “La Colmena” vale lo mismo que un folleto de tres al cuarto. La más pura y espontanea. La que impregna el pecaminoso trozo de pastel llamado “Magical Girl”.

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Posición 1ª:

“Boyhood”

Hablar de “Boyhood” es hablar de su curiosa sistemática de rodaje. El director Richard Linklater decidía rodar una película durante quince años. Cada uno de ellos, el equipo se reunía durante unos pocos días para despachar las pertinentes secuencias. El resultado es la lírica más hermosa. Esa que solo se puede encontrar en las personas más reconocibles. En la humanidad y su vertiente más cotidiana. Los protagonistas de “Boyhood” envejecen doce años desde el primer plano de la cinta, hasta el último. Lo hacen Patricia Arquette y el genial Ethan Hawke, pero especialmente hermosos es apreciar este extremo en un protagonista que se presenta como niño en el primer plano y se despide como hombre en el maravilloso final.

Pero lo realmente magnífico de “Boyhood” no es esa curiosa forma de rodar. Nadie recuerda esto cuando pasan los cinco primero minutos del filme. Lo maravilloso es un guión en el que pasa algo magnífico: La vida. Las ilusiones de un niño, los miedos de un adolescente, la pérdida de la inocencia o el amor y el desamor son tangibles hasta lo devastador. De hecho, también hay tiempo para encontrarnos con unos adultos que nos recuerdan eso de que nunca dejamos de madurar, de crecer y cambiar.

El próximo mes de febrero, es muy probable que “Boyhood” levante la estatuilla que la coronará como la mejor película del año, pero eso importa poco. Desde el momento en el que salimos embriagados de la sala del cine le dimos el mejor premio que puede ganar una película: el respecto de un espectador que se acaba de enamorar. Muchas gracias, amigo Linklater.

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