Bolsamania

El DVD de la Semana : “A Propósito de Llewyn Davis”

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NOTA: 8,5

A veces no es fácil elegir el camino adecuado. El mundo está lleno de bifurcaciones. Hay quien opta por el camino más fácil para acabar descubriendo dramáticamente que no existe camino sencillo, de modo que ya pueden imaginarse lo que les espera a aquellos que optan por el camino complicado. Calamidades, penurias, desdicha e infinitas adversidades es lo que se encuentran tipos como el bueno de Llewyn Davis (Oscar Isaac). En la Nueva York de principios de los 60, Llewyn coge su guitarra y, con lo puesto, toma el camino del folk. La odisea está servida.

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Los hermanos Coen acuden a su búsqueda habitual de perdedores sobre los que hacer pivotar la historia pertinente, para dar con uno merecedor de versos y versos. Llewyn no es un perdedor al uso, un cómico patoso o un simple tipo metido en situaciones que le van grandes… o si. Lo cierto es que la vida le va grande. No es un tipo atravesando una mala racha. 4El mundo ha decidido coserlo a leches y no tiene piedad de él. Está hundido en el fondo de un pozo arañando las paredes para intentar salir, pero hay algo que se ha agarrado a su vieja chaqueta de pana decidido a no soltarlo. Un mal compañero de viaje llamado “fracaso”. Y así camina el cantante de folk. Personaje de una de sus canciones. Ni demasiado bueno para triunfar, ni demasiado malo como para abandonar.

El vinilo que suena tiene dos caras bien diferenciadas. En la primera queda claro que Llewyn no es ningún triunfador precisamente, pero siempre puede aparecer un golpe de suerte que haga cambiar todo. De hecho se nos escapa más de una sonrisa cortesía de las afiladas plumas de los hermanos Coen. Diálogos propios de la casa se mezclan con situaciones patéticamente cómicas, pero el frío empieza a calar poco a poco en nuestros huesos a medida que Llewyn comienza a tambalearse. Es entonces cuando la segunda cara del vinilo nos muestra que las situaciones con las que sonreíamos eran una muesca tras otra en el corazón marchito un personaje al que se la suerte ha decidido definitivamente dar la espalda y que ha perdido toda esperanza. Sea como fuere, con un gato en brazos que ni siquiera es suyo, Llewyn hace un último intento por salir adelante. Lo hace con la mirada oscura, porque negro es el mundo que se presenta ante sus ojos. No es coincidencia que el minino se llame “Ulises”.

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Entre humo de cigarrillo, tristes acordes y la melancólica voz del genial Oscar Isaac transcurre la obra más cruda de los hermanos Coen. En “A propósito de Llewyn Davis” alcanzan su madurez narrativa dándonos una cruel lección. Cuando nos han preparado todo para que nos riamos del fracasado de Llewyn nos miran fijamente y nos dicen “Borrad esa sonrisa de vuestras caras. Este hombre está sufriendo”. Es entonces cuando bajamos la mirada avergonzados. Eso es “A propósito de Llewyn Davis”. La soledad cantada al ritmo de la cámara. La amarga nostalgia de una felicidad que nunca existió y que nunca existirá.

Héctor Fernández Cachón