Bolsamania

El cinéfilo indignado: Te miro y me caes mal, Christopher Nolan

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“Christopher Nolan es el mejor director del mundo mundial”, “Christopher Nolan es supermegainteligente”, “Christopher Nolan es interesante hasta cuando estornuda“… ¡Si tanto os gusta Christopher Nolan, casaos con él! Como bien reza una cabecera que no deja espacio para la imaginación, periódicamente un servidor desatará sus más bajos instintos fílmicos en una auténtica espiral de subjetividad, mezquindad, prejuicios y rencor. No me miréis así, que vosotros sois iguales o peores. Como habréis podido deducir, mis audaces amigos las primera líneas de esta especie de sección/autoterapia van dedicadas al “mesías” Christopher Nolan. Si. Soy consciente de que esto es pisar terreno pantanoso y de que adoráis a este señor sobre todas las cosas, pero me explicaré.

“Interestellar” se convierte en el noveno largometraje en la carrera de un director capaz de meterse en el bolsillo a crítica y público con cada nuevo trabajo, extremo qu30e al aquí firmante le resulta incomprensible. Las cuatro primeras obras de Nolan llevan por título “Following”, “Memento”, “Insomnio” y “Batman Begins“. Todas ellas resultan cintas extremadamente interesantes y honestas. El director se mostraba como un joven de inmenso talento capaz de firmar gloriosos puzzles como el de un Guy Pierce incapaz de recordar lo que había hecho el día anterior o de crear al primer superhéroe no hortera del cine. El respeto de la industria era ya un hecho. No podíamos imaginarnos que el bueno de Christopher aspiraba a hacerse con el control del mundo…

Con “The Prestige” llega el primer bofetón. El director nos invita a jugar a un juego tramposo en el que plantea acertijos que no se pueden resolver. Deshonesto juego y ambición desmedida para una simple historia. Entonces irrumpen “Origen” y las dos cintas de “El Caballero Oscuro”. Ahí ya no es suficiente con disparar la ambición. Son tiempos de sentirse más inteligente del común de los mortales. Hablar de cuestiones sencillas no es ningún defecto. Al final todo en el cine se reduce a un conjunto de individuos con sentimientos y problemas. La mayoría de estos son reconocibles por el común de los mortales, pero a Nolan no le llega. Tiene que darles capas y capas de pintura para que todo parezca mucho más trascendente y su cine más inteligente. Comienza así la táctica del aturdimiento y de los dilemas morales sacados de los decálogos de filósofos o estudiosos en cuyas bases no indaga más que lo que pudiera otorgar a su cine un aire sofisticado.

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Música atronadora, constante manía de explicitar en diálogo cualquier idea subyacente en su guión, horas de cine dedicadas a explicar unas reglas que luego se salta a la torera… ¿Alguien es capaz de diferenciar el final de “The Dark Night Rises” y el de “Inception”? Bueno. Está la peonza y tal… Christopher Nolan es tan original que es capaz de construir ciudades en paredes, en techos y, como demuestra en “Interestellar”, hasta en circunferencias. Qué listo eres, Christopher y qué tontos el resto de gente. Deberían hacerte rey del universo. ¡¿Qué digo del universo?! De todos los universos.

Porque una cosa es ser un chef de alta cocina y otra bien distinta es ser un “manchaplatos”, el hombre que quiere ser Stanley Kubrick (sin ser él nada de eso) se convierte en el primer objetivo del “Cinéfilo indignado” (Si. A veces hablo de mi en tercera persona como Gollum y Christopher Nolan).

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