Bolsamania

Dos Rombos: “Herida” con Jeremy Irons y Juliette Binoche

herida

La gente herida es peligrosa, saben que pueden sobrevivir“.

En 1992 se estrenaba Herida del galo Louis Malle. Veterano director, se inició en el cine en pleno auge de la Nouvelle Vague con cintas notables como Ascensor para el cadalso o El fuego fatuo. En algún momento se debió cansar de tanta nueva ola y se desentendió de buena parte de los cánones del joven cine francés de los 60 y voló en solitario. Tal vez por ello muchos aficionados al cine no le sitúen en el mismo escalón que a Truffaut o Godard.

En los años 80, tuvo algunos contactos con Hollywood y finalmente en 1992 completaba una de sus mejores películas que a la postre sería su penúltima cinta, ya que murió tres años más tarde. Herida es una subyugante historia de pasión desatada, sexo y tragedia protagonizada por Juliette Binoche y Jeremy Irons. La actriz francesa estaba consolidando su carrera gracias a cintas como Tres colores: Azul mientras que Irons era ya un veterano asentado en el mundo del cine.

Ambos sacan partido a todos sus recursos. Tal vez para algunos sean actuaciones excesivas, pero la historia en sí misma es muy excesiva. Pero inolvidable. Si a Irons le viene como anillo al dedo del papel de lord británico desesperado, Binoche plancha su personaje frío, enigmático y herido. Y Miranda Richardson, la mujer de lord, el suyo. (nominada en los Oscar a mejor actriz de reparto)

La historia no tiene desperdicio. Jeremy Irons es el ministro de finanzas inglés y lleva una vida burguesa con una familia clásica. Todo está en su sitio. El hijo mayor trae un día a cenar a su nueva novia. Solo necesitan una mirada. La suerte está echada. Irons establece una relación con Binoche a espaldas de su hijo. Una relación marcada por la pasión desmesurada y los intensos encuentros sexuales.

Tal vez la promoción de la cinta trató de explotar en exceso su carga erótica (ya desde su portada) y engañó a buena parte de los espectadores. Herida es mucho más que tres o cuatro polvos entre su pareja protagonista. Pocas veces en la historia del cine hemos asistido a una pasión que precise de tan pocas palabras. El epílogo de la película con Irons reflexionando en la casucha  de un pueblo mediterráneo roza la perfección. Y todo ello bajo las notas de la formidable banda sonora del reputado Zbigniew Preisner (también en Azul).

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