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Dos Rombos: “El tambor de hojalata”

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¿Es un niño? ¿Es un enano? Tras ver por primera vez El tambor de hojalata (Palma de Oro en Cannes y Oscar a la mejor película de habla no inglesa), muchos espectadores quedaron estupefactos ante la actuación de su actor principal, el suizo David Bennent. El nivel de exigencia interpretativa y, sobre todo, algunas escenas de alto contenido sexual en las que se veía envuelto su personaje hacían difícil asimilar que aquel joven actor solo tuviese 13 años en 1979, año de estreno de la cinta.

El tambor de hojalata estaba basada en la novela homónima del premio Nobel Günter Grass. Dos décadas después de la salida al mercado de la novela del autor alemán, se preparaba su adaptación cinematográfica. Uno de los mayores problemas eran encontrar un actor capacitado para dar vida a Oskar Matzerath, un niño que nace plenamente consciente de sí mismo, y que a la edad de 3 años, y tras recibir un tambor como regalo de cumpleaños, decide dejar de crecer. (Uno de esos niños que dan cosica…)

Oskar nace en Danzig (actual Gdansk polaca), que en los años 20 era una ciudad autónoma no perteneciente a ningún otro estado. Fue de una de las consecuencias del Tratado de Versalles que se firmó tras la I Guerra Mundial y que sancionaba, especialmente, a Alemania. Los acontecimientos políticos y sociales son el telón de fondo de la película. Asistimos a la efervescencia de los felices años 20, al ascenso del nazismo, al choque entre polacos, alemanes y judíos, a la invasión de Polonia y la posterior ‘liberación’ por partes de las tropas soviéticas.

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El tambor de hojalata, dirigida por Volker Schlöndorff, es una cinta extravagante con un punto bizarro y grotesco. Puede encuadrarse en un determinado estilo conocido como realismo mágico al que pertenecen algunas obras posteriores como la singular Léolo de Jean-Claude Lauzon. A buen seguro que cineastas como Terry Gilliam o Jean-Pierre Jeunet tienen El tambor de hojalata entre sus cintas de cabecera.

Casi todo el metraje puede interpretarse en clave metafórica. Oskar reacciona de forma radical ante un panorama familiar un tanto peculiar que es el reflejo de una sociedad que se derrumba. ¿Y el sexo? El tambor de hojalata está plagada de referencias sexuales simbólicas, algunas sutiles, otras más gruesas y escenas impactantes, algunas de ellas protagonizadas por Oskar… Un cóctel explosivo que conquistó, sorprendentemente, a la crítica mundial en 1979.

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