Bolsamania

Doce películas infravaloradas (II)

Gangs of New York (2002): La película que el gran Martin Scorsese llevaba planeando desde su más tierna infancia será recordada por el colectivo como la cinta que perdió diez premios y como la película de casi tres horas que no sabe hacia donde camina. ¿Es justo? Probablemente no lo sea. Si el bueno de Martin sabe de dos cosas esas son “gangsters” y “cine”. En este caso, el genial director reconstruye ladrillo a ladrillo la tierna infancia de la ciudad de Nueva York con sus claros y sus numerosas miserias. El aroma que se desprende a cine inmortal desde el primer fotograma es motivo suficiente para considerar a esta enorme red tejida por Scorsese como una de las grandes joyas de los últimos veinte años. Tres actos en los que el director nos lleva a los puntos emocionales que pretende con apabullante soltura. Puesta en escena impecable y legendaria interpretación de ese monstruo de la pantalla llamado Daniel Day-Lewis. Día a día la película va ganando adeptos empeñados en ponerla donde merece.

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Star Wars. Episodio I: La amenaza fantasma (1999): Mucha gente reniega de la cinta que supuso el retorno de la magnífica saga galáctica quince años después de la inolvidable “El retorno del Jedi”. La escasa entidad del villano Darth Maul y la pesadez de Jar Jar Binks son dos de los argumentos generalmente esgrimidos, pero seamos justos: era imposible estar a la altura del legendario Darth Vader o del divertidísimo y entrañable Chewbacca. Las comparaciones resultan evidentemente odiosas, pero ninguna película de la saga supuso una expansión tan atractiva del universo “Star Wars”, abriendo todo un nuevo universo desconocido hasta ahora ante los ojos de los millones de seguidores. Puede que la cinta sea demasiado infantil, pero en este caso la sensación es inevitable debido a la oscuridad que se nos había mostrado con anterioridad. Nos encontramos ante una agradable historia que con el tiempo se está revalorizando. No deja de ser representativo el hecho de que para una generación de jóvenes que tuvieron su primer contacto con la saga “Star Wars” gracias a “La amenaza fantasma”, esta sea su película preferida. Por algo será.

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Camino a la perdición (2002): Cuando hablamos de Sam Mendes, instintivamente recordamos la película “American Beauty”, su ópera prima y la que le reportó el Oscar al Mejor director. No cabe duda que la cinta protagonizada por Kevin Spacey y Annette Bening es la obra más mordaz de los últimos veinte años, pero resulta alarmante que la arrolladora personalidad de esta cinta eclipse a “Camino a la perdición” dentro de la filmografía del genial director. En esta maravilla del cine negro, Mendes alcanza el punto álgido de su carrera con niveles de lirismo y clasicismo que ponen los pelos de punta al más pintado. Por si esto fuese poco, hablamos del último gran papel en el cine del mítico Paul Newman. Solo por ver su final bajo la lluvia merece la pena vivir.

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 El show de Truman (1998) y ¡Olvídate de mí! (2004): Momento para reivindicar dos películas brillantes y un actor que es mucho más de lo que parece. Cuando el nombre de Jim Carrey figura en los títulos de crédito de una cinta, automáticamente la seriedad y percepción de calidad de la obra se desploma. Gran error. Tras esa ensalada de muecas, se oculta un gran intérprete que, para más inri se embarca en proyectos con brillantes directores como son Peter Weir y Michael Gondry.

En el caso de “El show de Truman”, nos encontramos con una feroz crítica al mundo de los realities y a la pérdida progresiva de la intimidad, con un protagonista que siempre ha vivido sin saberlo en un plató gigante y con una vida retransmitida en directo desde el día de su nacimiento. Un guión redondo, un director asombroso y unos actores en estado de gracia para una obra que trae a la industria lo que más necesita: originalidad.

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Si de “originalidad” hablamos al referirnos a “El show de Truman”, no podemos encontrar mejor término para referirnos a “Olvídate de mí”. Tomando como base el libreto del magnífico Charlie Kaufman, Gondry tira de ese estilo tan fresco que le caracteriza para construir una agridulce historia sobre el mundo del subconsciente. No se empeñen en que es confusa. Lo que pasa es que es diferente, honesta y, sobre todo hermosa.

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La puerta del cielo (1980): Hace unas semanas nos referíamos a esta cinta en nuestro artículo “Películas que hundieron una carrera”, concretamente la de su director Michael Cimino. Tras lograr la gloria con “El cazador” (cinco Oscars incluidos), Cimino se postulaba como el director que habría de marcar una época en el cine, pero nada más lejos de la realidad. Con “La puerta del cielo” Cimino se ponía al frente de un gigantesco western que acabaría con su carrera de forma fulminante debido a los recortes en metraje de la productora United Artist (dejaron los 325 minutos presentados por el director en 149) que a su vez se tradujeron en un rechazo absoluto del público y en unas pérdidas millonarias. Toda una lástima que así sea recordada, ya que “La puerta del cielo” es un ejercicio cinematográfico impecable, además de uno de los westerns más brillantes de la historia. A medio camino entre el western clásico y el crepuscular, la cinta es la melancolía hecha cine. El tiempo la colocará en su sitio, pese a que por el camino hayamos perdido al gran Michael Cimino.

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(Parte I)

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