Bolsamania

Doce películas infravaloradas (I)

Si hace unos días poníamos la mirada en un buen puñado de grandes películas para analizarlas, no sin dificultad, desde un punto de vista crítico en las dos partes de “Películas sobrevaloradas”, hoy intentamos crear ese clima de confianza para hablar de esas cintas que, a pesar de sus innumerables virtudes cinematográficas no ocupan la elevada posición que deberían en el sentir colectivo. En las dos partes de que consta el artículo, reivindicaremos doce películas a las que el tiempo debería colocar en un mejor lugar del que hoy ocupan.

Hijos de los hombres (2006): Parece mentira lo desapercibida que pasó la película de Alfonso Cuarón el “año de los mejicanos”. Mientras Gonzalez Iñárritu y Guillermo del Toro coleccionaban premios y palmadas en la espalda por “Babel” y “El laberinto del fauno”, el brillante Cuarón pasaba desapercibido con una película impecable en su esencia y asombrosa en apariencia. “Hijos de los hombres” nos entrega, además de una trascendente reflexión sobre la naturaleza del hombre, una de las realizaciones más atrevidas y potentes que se recuerdan. Planos secuencia para la historia y un nuevo alarde de clase del que probablemente sea el mejor director de fotografía de la actualidad, Emmanuel Lubezki, se unen a la historia basada en la novela de P.D. James para configurar esta auténtica joya del séptimo arte.

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El Padrino III (1990): Las comparaciones son odiosas. Y si no, que se lo pregunten a la tercera entrega de “El Padrino”. Cuando hablamos de una secuela de la mejor película de la historia del cine, lo más probable es que salga mal parada, pero si encima resulta que “El Padrino II” marca un nuevo hito en la cinematografía mundial, ya hay que hilar muy fino. Por estos motivos y por la pérdida de algunos de los personajes emblemáticos de la familia Corleone, “El Padrino III” se convertía automáticamente en el centro de las iras de los más puristas. ¿Inferior a sus predecesoras? Probablemente ¿Mala? Ni remotamente. Todo lo contrario. La cinta cierra con maestría la gran trilogía de Coppola, entregándonos incluso alguno de los pasajes más memorables de la saga. Impecable, emocionante y poético ejercicio cinematográfico para disfrutar una y otra vez.

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El Protegido (2000) y Señales (2002): He aquí un alegato en defensa del brillante director hindú M. Night Shyamalan. Desde que firmase “El sexto sentido” allá por 1999, el público la ha tomado con un director atrevido y honesto. Shyamalan construía en “El protegido” el nacimiento de un superhéroe con la oscuridad que le caracteriza. Sin que nos demos cuenta, Shyamalan nos cuenta una auténtica historia de cómic en la que probablemente sea la mejor cinta de superhéroes de la historia (lo siento, Christopher Nolan).

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Apenas dos años después, con “Señales” llegaba una cinta de ciencia ficción en la que Mel Gibson se enfrentaba a unos hostiles extraterrestres. En un ejercicio de intriga inolvidable, Shyamalan firma otra película con un final tan sorprendente como arriesgado. Maestro del cine fantástico, el director se enfrenta en cada una de sus nuevas cintas a la ira de la crítica que, por alguna razón desconocida ha acabado por convencer al público. Creativos de sello propio y estilo tan personal merecen mayor respeto, sobre todo si firman cintas de tal potencia.

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Atrapado en el tiempo (1993): Si un género ha sido tradicionalmente menospreciado por crítica y público ese es el de “comedia”. La cinta de Harold Ramis es un claro ejemplo de ello. Pocas veces se encuentra uno con un ejercicio cinematográfico tan completo. Pasando por alto que es una comedia extremadamente divertida (argumento que ya sería suficiente para sustentar su inclusión en nuestra lista), el ejercicio narrativo es absolutamente impecable, tomando como base un guión tan lúcido como ingenioso. A esto debemos añadirle unos cuantos elementos trascendentales, como esa fina y ácida ironía con la que se plasma la rutina en la que se ven inmersos un 99,9 % de los ciudadanos de este planeta o la magnífica representación del ser humano como único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Si encima el protagonista es el siempre genial Bill Murray en uno de sus mejores papeles, es obligada nuestra reivindicación de la cinta como un clásico moderno que merece ocupar mejor posición en la mente colectiva.

5

El árbol de la vida (2011): Para muchos una farragosa obra de ese tipo extraño que es Terrence Malick. Para unos pocos, auténtica obra maestra. La curiosa realización y montaje de la cinta convierten a “El árbol de la vida” en una película rechazada por un público que la considera excesivamente trascendente e incomprensible. Puede que todos estemos encarando su visionado desde un punto de vista erróneo. “El árbol de la vida” no es ni difícil, ni sencilla. Es la vida misma. Un paseo emocional por la historia del mundo. La arrolladora personalidad de Malick resulta erróneamente confundida con exceso de pretenciosidad, lo que no es justo, ya que desde sus principios Malick no es más que un hombre empeñado en que nosotros, como espectadores, podamos entrar en la pantalla hasta lugares más profundos de los que nos haya ofrecido jamás un director. Si en una de sus obras lo consigue es aquí, en “El árbol de la vida”, donde con suma honestidad nos pone la mano en el hombro y nos empuja al interior de una tormenta de emociones. Obra imprescindible para cualquier cinéfilo.

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