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Crítica: “Thor: El mundo oscuro”

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¿Otra película de superhéroes Marvel? La célebre compañía de comics ha conquistado Hollywood en la última década junto a su rival DC. El cine actual que llega de Estados Unidos está plagado de películas basadas en comics, muchas de ellas simples acumulaciones de efectos especiales, tramas infantiles y actores y actrices de cierto renombre. Las productoras son conscientes de que muchos espectadores, aficionados a los comics, acuden en tropel a la sala si el título es Lobezno, Batman, o X-Men.

Quizás es que algunos espectadores de este cine no sean muy exigentes o que las productoras tampoco se exigen demasiado, pero el cine de superhéroes, por lo general, es aburrido y repetitivo, un ejercicio rutinario en el que solo cambia el traje del protagonista. Lo demás (la banda sonora, la trama, los efectos especiales) es casi intercambiable.

Por eso Thor: El Mundo Oscuro es una apreciable cinta de superhéroes. Los guionistas y el director han logrado un trabajo eficaz que, sin salirse del tono habitual de este tipo de películas, aporta detalles interesantes y de cierta originalidad (tampoco demasiada, no nos flipemos) consiguiendo que el espectador pase 90 minutos divertidos. ¿Cómo lo hacen? Para empezar, con una eficiente combinación de aventura, humor y drama.

La introducción de Thor: El Mundo Oscuro nos recuerda a la de la primera parte de El señor de los anillos, tal vez lo mejor de aquella discutible y un poco pesadita epopeya de 7 horas de duración. Se nos presenta el origen del éter, sustancia maligna que será el centro de la trama. Y hacen acto de presencia  Malekith y sus elfos oscuros. Un malo en condiciones es fundamental en el desarrollo de esta clase de cine y Malekith es suficientemente atractivo y amenazador para que muchos espectadores deseen que se salga con la suya.

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Y de la lucha entre luz y oscuridad por los mundos mitológicos nos vamos al Londres contemporáneo. Natalie Portman se dispone a comer con un compañero. Pero la sombra del martillo de Thor es alargada… La película nos anuncia que también disfrutaremos de algunos golpes de humor que rebajan un poco el mito y hacen la película más disfrutable.

A nuestro modo de ver, no obstante, es un acierto que la mayor parte de la historia se desarrolle en otros mundos. Somos de esos que nos sigue pareciendo un poco ridículo observar un personaje en mallas paseándose entre nosotros por la gran ciudad. Y llega Loki, otro personaje clave que goza de la simpatía de muchos espectadores y aficionados a los comics.

Ya con la trama en funcionamiento, se desarrollan interesantes escenas de acción como el asalto a la cárcel por parte del atractivo secuaz de Malekith o la invasión de Asgard. Los efectos especiales son exuberantes, como no podía ser de otra manera, pero tampoco agobian más de la cuenta.

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Thor, con la ¿ayuda? de Loki deberá poner freno a las ambiciones de Malekith. Y así se inicia un viaje que tiene como destino final Londres. La astrofísica Jane Foster, el nudista Erik Selvig, junto con la vivaracha becaria (y el becario de la becaria) se sacarán de la manga un modo para ayudar a Thor en su labor. Es en la parte final donde nos perdemos un poco. El malísimo Malekith, dopado con éter, es abatido con demasiada celeridad, no sin antes destruir, como es de recibo, buena parte de la ciudad. (Tal vez el colectivo de los arquitectos sea el más interesado en que los superhéroes salten de las páginas del cómic a la realidad).

Final demasiado abrupto para una película divertida que gustará a los fans de Thor. Por cierto, no abandonéis la sala hasta el final de los créditos…

Lo Mejor: La introducción, el sentido del humor, la puesta en escena.

Lo Peor: Muy corta, el final llega demasiado rápido. Esperábamos más de Malekith.

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