Bolsamania

Crítica: Sully

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Nota: 8

No sabemos lo que nos deparará el futuro, pero lo que está claro es que haber compartido el mismo tiempo que Clint Eastwood es un auténtico honor. Pese a sus 86 años, el maestro sigue ejerciendo como tal. Por sus venas no corre sangre, sino cine y talento a raudales. Es probable que el punto álgido de su carrera haya quedado atrás, pero la lista de grandes obras que plagan su filmografía sigue engordando con trabajos como Sully.

No podemos esperar que el viejo Clint vuelva a facturar un Sin Perdón, un Mystic River o un Million Dollar Baby. Sería casi milagroso encontrar tal cosa. Sin embargo, Sully pertenece a esa maravillosa clase media del director en la que encontramos obras como Un mundo perfecto. Efectivamente, lo que hemos calificado como “clase media” en la filmografía de Clint Eastwood es un perfil de película que, para cualquier otro director, sería su obra cumbre.

SULLY

Chesley “Sully” Sullenberger es un piloto comercial que en 2009 se convirtió en un héroe cuando, al poco de despegar, su avión se averió y el comandante logró realizar un aterrizaje forzoso del aparato en pleno río Hudson, en Nueva York, con 155 pasajeros a bordo. Teniendo en cuenta que estamos ante una cinta que toma como base un accidente aéreo (Sully preferiría decir que no fue un accidente, sino un aterrizaje en el Hudson), sorprende que Eastwood apueste por semejantes dosis de sobriedad. Sully es la intimidad del héroe. Las dudas, miedos y fantasmas de un tipo normal encumbrado por millones de personas. Ahí es donde entra la mirada de un Tom Hanks que tiene la mayor virtud que un actor puede atesorar: Es creíble en cualquier papel que haga.

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Sobre el papel, parece que Sully podría ofrecernos unos pocos minutos de emoción con el incidente central, pero poco más. Sin embargo, la fórmula narrativa del filme muestra una audacia digna de aplauso. Gestionando el tempo con audacia, Sully alterna pasajes de un modo ágil, sin renunciar a esa intimidad antes mencionada, lo que se traduce en poco más de 90 minutos realmente entretenidos. El metraje justo para una cinta enormemente inteligente.

A estas alturas y tras leer lo apuntado, lo normal sería situar a Sully entre las mejores cintas del viejo Clint. Sin embargo, el trabajo de varios actores secundarios chirría levemente. No es la primera vez que esto le ocurre a Eastwood, como ya vimos en Gran Torino. Además, el desenlace de la película sobreviene de forma abrupta, siendo poco adecuado para el tono del filme. En cualquier caso, pequeños puntos de fricción en una de las mejores obras del año.

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