Crítica | “El puente de los espías”, de Spielberg

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Spielberg, macho, estoy harto de ti. De lo grueso de tu simbología, de tu corrección política, del cuidado que pones en no ofender a nadie mientras certificas en cada película que los estadounidenses son el no va más a todos los niveles.

Estoy harto de tu concepto de entretenimiento en el cine, para ti entretener es simplificar, suavizar, convertir cada historia, sea bélica, de ciencia ficción o histórica en un pasatiempo sensiblero en el que el espectador llore un poco y ría otro tanto y salga del cine muy contento de sí mismo, porque es capaz de emocionarse.

Tus películas siempre son para todos los públicos, y para ti el público es una masa aborregada que necesita ser llevada de la mano mientras tú le indicas en qué momento toca lloriquear y en qué momento ha de sonreír. Cucharaditas de puré en forma de cine. Sí, tus películas son puré: fácilmente digerible, fácilmente expulsable.

Estoy cansado de que Tom Hanks siempre haga el mismo personaje, cansado de las fanfarrias cargantes de tus bandas sonoras, cansado de que un erudito del cine como tú, con un dominio técnico tan abrumador, sea incapaz de aparcar su tendencia pedagógica en el cine.

Por eso, pienso en tu filmografía y solo siento algo ya por El diablo sobre ruedas, El imperio del sol y poco más, la segunda de las cuales adolece también de muchas de las cosas antes expuestas, pero logró atraparme en mi niñez y, bueno… a esa película se lo tengo que perdonar todo.

Glienicker-Brucke

Vi El puente de los espías casi por obligación, amparándome en el interés que tengo por la Guerra fría y Berlín. Spielberg vuelve a demostrar que técnicamente es un superdotado. Pero también vuelve a mostrar todos sus defectos, que son infinidad y han sido inflados por el paso del tiempo.

La historia de El puente de los espías no daba para 135 minutos, tal y como Spielberg la plantea centrándose en el personaje de Donovan. Y es que si algo se puede decir de este director es que, a pesar de todo, rara vez aburre gracias a su ‘legendario’ sentido del ritmo. Pues en este caso aburre fino.

Que el guión de esta película esté nominado en los Oscar, demuestra que el criterio de estos premios es más que discutible. Pero con los Oscar yo mismo cometo idéntico error año tras año: creer que el criterio artístico se antepondrá a otros valores, cuando, obviamente, nunca ha sido así.

Muchas críticas ya han señalado los errores de esta cinta, así que tampoco merece la pena seguir más, tan solo me quedo con la última y elocuente secuencia. Un Donovan enfriado y cansado deja el gélido Berlín y llega a la ‘primavera’ de Nueva York, con su familia recibiéndole en mangas de camisa. Grueso como una Big Mac, Steven.

Lo Mejor: Mark Rylance está bastante bien, pero estaría mejor si no repitiese su coletilla ‘¿importa?’ hasta tres veces, no vaya ser que se nos olvide en qué momento tenemos que reír…

Lo Peor: acabar harto de un director tan capacitado como Spielberg.

David Rubio