Crítica: “Paraiso: Amor”

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“Un Michael Haneke de serie B”. Así definió Días Perros (también conocida como Canícula), la película más célebre de Ulrich Seidl, el crítico Jordi Costa de El País. Y es que Seidl también es austriaco. Y en cierta forma no le falta razón a Costa. Seidl ofrece una visión de la vida y el cine con muchos puntos en común con su compatriota. Pero Seidl se bebe la última copa cuando ya no hay nadie en el bar, cuando Haneke ya lleva durmiendo un par de horas. Digamos que Haneke tiene medida. Seidl, menos…

Paraíso: Amor es la primera parte de la trilogía Paraíso de Ulrich Seidl. Su intención, según parece, no era crear tres películas, pero tras haber rodado mucho material y ya en la sala de montaje, optó por separar las tres historias. Paraiso: Amor se presentó en Cannes el año pasado mientras Haneke se llevaba la Palma de Oro por una película también titulada Amor… Pero son amores distintos.

Teresa es una mujer divorciada con una hija adolescente que se va de vacaciones a Kenya. Pasa de la cincuentena pero aun mantiene la ilusión de volver a enamorarse, o al menos de ser amada de nuevo. Ya en su lugar de destino traba relación con un grupo de compatriotas que le aconsejan sobre los placeres de la zona… No tarda en probarlos. Ofertas no le faltan.

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Teresa vieja a Kenia para amar y hacer el amor. Y termina follando. Esa sería una forma de reducir esta historia a su esencia. Y es que ‘amor’ es una de esas palabras que hemos inventado para denominar muchas cosas diferentes. Amor puede ser paraíso, pero también humillación, obsesión. El amor de Haneke es obstinación, promesa, fidelidad, tránsito. El amor de Seidl es ilusión, horizonte, caricia. Y finalmente decadencia, embrutecimiento, falo. ¿Esto es amor?, nos preguntamos varias veces a lo largo de nuestra vida… Las palabras son sogas de nuestra libertad, en más ocasiones de lo que sería deseable.

Paraiso:Amor fue recibida con cierto rechazo por la crítica internacional. El hecho de que la protagonista fuese una mujer no ha gustado demasiado. El cine es una cosa de hombres. Para qué nos vamos a engañar. La mayor parte de directores, productores y guionistas son hombres. Y a pesar de que cada vez más surgen grandes directoras, este negocio huele a testosterona.

Hay muchas películas sobre mujeres. Casi siempre hechas por hombres. La condescendencia o la veneración suele ser la consecuencia de ello. Ingmar Bergman fue un gran narrador de historias sobre mujeres. Pero incluso él pecó en alguna ocasión de exceso de deferencia. No en Persona, por ejemplo.

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Por todo ello puede resultar “provocador” asistir a una historia protagonizada por una mujer de 50 años y gorda que va a Kenia para disfrutar del sexo. Su comportamiento y el de sus amigas no son del todo decorosos. ¿Qué sucedería si el protagonista fuese un hombre? La recepción y el impacto de la película hubiesen sido radicalmente distintos. Aun queda mucho que superar en todo este asunto del género. También la populista y falsa veneración por el sexo opuesto. “Si las mujeres dirigiesen el mundo… (pero no pensamos dejarlas)”.

Y es que creemos que hombres y mujeres tienen pasiones y problemas muy similares. La vida de Teresa no es un paraíso. Como la de casi todos. Hace lo que puede. En Kenia va en busca de aventuras y las encuentra. Ríe y llora, disfruta y se desespera. Ama y se siente amada. Y traicionada. Vive, en suma.

¿Qué hay de provocador en todo esto? ¿Que salen penes? ¿Que las tetas están caídas? Aunque somos todos muy cosmopolitas y tolerantes, aun hay determinados temas que incomodan.

Paraiso:Amor es una cinta rodada con un estilo seco, cercano al hanekismo, si se nos permite. Sin música, con largos planos de cámara fija. Brillante en algunas escenas. Con pequeñas citas poéticas. Pero sobre todo es una película osada. Paraiso: Amor palpita. Tiene vida.

Lo Mejor: singular, arriesgada y exigente. Buena interpretación de los actores. Gran trabajo en la caracterización psicológica del personaje principal. El último plano.

Lo Peor: Puede provocar reacciones adversas. Alguna escena resulta agotadora.