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Crítica: “Only God Forgives” con Ryan Gosling y el director de “Drive”

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La nueva película de Nicolas Winding Refn no ha sido recibida con el mismo entusiasmo que su anterior proyecto. Drive se ha convertido en una película de culto y no era sencillo alcanzar ese nivel dos veces seguidas. ¿Era tan buena Drive? Probablemente no, pero aportó frescura al género negro contemporáneo, creó un personaje, el de Ryan Gosling, difícil de olvidar y renovó la estética de esta clase de cine. Pero la última parte del metraje de Drive no estuvo a la altura de la notable presentación de la historia y del personaje.

Un personaje que puede rastrearse también en Julian, el protagonista de Only God Forgives. Ryan Gosling regenta un club de boxeo en Bangkok junto a su hermano. Es una tapadera para la venta de drogas. Más tarde nos enteramos de que  Julian ha tenido que huir de la justicia por un asesinato en su país. Huye de un pasado turbio, como el conductor de Drive.

La primera parte del metraje nos presenta un escenario lúgubre de tintes oníricos donde los personajes se mueven como autómatas. Largos pasillos, luces de neón, puertas que se abren y se cierran, miradas al infinito… Y no podemos evitar ver la influencia de David Lynch. No será el único director que dirija los pasos de Refn en esta película. La elección de Bangkok para situar la historia es acertada. Prostitución, drogas y violencia forman parte de la vida nocturna de la ciudad del sudeste asiático. En este sentido, a veces nos hastiamos un poco de esta sublimación del mundo del hampa, pero sin ella, que sería de la historia del cine, ¿no?

Una vez que asistimos al doble asesinato del inicio de la película, la historia ya ha sido presentada. Tenemos al trío protagonista. Entre ellos, pierde claramente Ryan Gosling, cuyo papel tiene menos fuerza de lo que esperábamos. Por otro lado, está la terrible madre y jefa del negocio de drogas. Y el policía cantante de karaoke y justiciero a tiempo parcial.

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En este punto, debemos detenernos en la violencia de la cinta que, como suele suceder, ha hecho correr ríos de tinta. Only God Forgives es una cinta muy violenta. ¿Es esto un problema o una ventaja? Muchos espectadores se rasgan las vestiduras ante buena parte del cine contemporáneo debido a sus explícitas escenas de violencia. El cine oriental de las últimas décadas, del que sin duda bebe Winding Refn, está plagado de películas en las que saltan muelas, se cortan extremidades o se rebanan cuellos.

Park Chan-Wook es un experto en casquería de este tipo. Pero ya hace décadas  que Seijun Suzuki enseñó el camino de la violencia poética a muchos cineastas, entre ellos a Tarantino. Es el director norteamericano el que a mediados de los 90 institucionalizó esta clase de cine con Reservoir Dogs o Pulp Fiction. Varias generaciones de aficionados al cine, nacidas a partir de los 80, han mamado estas películas hasta tal punto que el cine de Tarantino es la referencia absoluta de buena parte de los espectadores jóvenes de la actualidad. Todo lo que se parezca a él, mola.

La violencia existe. Está en todas partes. Mostrarla, aunque sea de forma desmesurada, no tiene por qué ser un factor negativo. Pero las escenas de violencia en una película deben ir acompañadas de una justificación narrativa. Como las escenas de sexo. Buñuel ya cortó un ojo en los años 20. Haneke es capaz de mostrar (Funny Games) y no mostrar (Código desconocido), y dar en la diana. El modus operandi del justiciero interpretado por Vithaya Pansringarm en Only God Forgives resulta un tanto inverosímil. ¿Un policía que castiga impunemente con juicios rápidos en plena calle y luego se va de karaoke? ¿O es un personaje simbólico?

Nicolas Winding Refn coquetea de nuevo con las tragedias clásicas en esta película. Ryan Gosling adora a su madre. Cuando investiga con su mano la vagina de su novia prostituta busca el calor que su madre le niega, anhela volver a la confortabilidad del vientre materno. Y no reacciona a pesar de Kristin Scott Thomas, el personaje que mejor funciona de la película, le suelte que su polla no es tan grande como la de su hermano… Mito de Edipo versión Winding Refn.

Y ya. La historia de Only God Forgives no da para mucho más. La relación madre-hijo queda ligeramente perfilada y no se explota lo suficiente. No sabemos si es que el director danés quería una cinta corta, no tenía más presupuesto o prefería dedicar el metraje a lentos paseos lynchnianos. Al final lo que nos queda es una película irregular de buena factura visual. Pero no es suficiente. Hoy en día, si un proyecto tiene un buen presupuesto, cualquier equipo técnico medianamente competente es capaz de crear un envoltorio atractivo. Pero si no se refuerza con un guión sólido, el proyecto no funciona como debería.

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Winding Refn, al contrario que en Drive o Valhalla Rising, en la que contó con un escritor de apoyo, escribe el guión en solitario. Tal vez influido por algunos directores orientales como Kim Ki-Duk, prefiere que sean las imágenes y no las palabras las que definan la historia y los personajes. Pero al danés el recurso no le acaba de funcionar del todo, especialmente en el caso del personaje de Ryan Gosling.

Sintetizando, Only God Forgives es una cinta atractiva, con algunos elementos interesantes, pero que deja una sensación de vacío. Pesan demasiado las referencias a otros directores y el resultado final no convence.

Lo mejor: la atmósfera, la música, el personaje de Kristin Scott Thomas y su relación con Gosling.

Lo peor: Refn no entra a matar, desperdicia lo mejor de su película (la relación madre-hijo) para centrarse en un esteticismo vacío. O dicho de otra forma, mucho ruido y pocas nueces.

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