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Crítica: “La mejor oferta” con Geoffrey Rush

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Virgil observa a sus mujeres

Nos quejamos en muchas ocasiones del poco interés de buena parte del cine actual por presentar guiones elaborados. Cuando llevamos media hora viendo La mejor oferta, la nueva película de Giuseppe Tornatore, nos entusiasmamos ante una historia que parece tener unas sólidas bases. Un personaje atractivo, una trama interesante y un escenario cuidado. Pero una de las facetas más laboriosas del cine es mantener el pulso a una historia que se inicia con fuerza.

Tal vez nos pongamos un poco pesados con estos temas, pero seguimos considerando, a pesar de que la historia del cine ya tiene más de un siglo, que el guión es el fundamento de una película. Hay otros elementos importantes, pero si ese falla, la estructura se viene abajo. Hay directores muy reconocidos por la crítica que se enorgullecen de trabajar sin guión. Bela Tarr o David Lynch, por citar dos ejemplos. Pero más bien cabría decir que, a la hora de rodar una película, no cuentan con un guión convencional. Pero sí saben que quieren contar, aunque no siempre acierten con la estructura.

La mejor oferta se desinfla a medida que avanza debido a los artificios narrativos que terminan convirtiendo una trama sugerente en una historia convencional.  El cine es una simulación, representación. Todo es mentira. Y el espectador lo sabe. Pero entra en la sala de cine dispuesto a dejarse engañar… Hasta cierto punto. El número de un mago nos gusta cuando no conseguimos desentrañar fácilmente las claves de su truco.  Si vemos el conejo antes de que salga de la chistera, el mago falla. Y nosotros perdemos interés en el siguiente número. El conejo (o la coneja, en este caso) de Tornatore sale de la chistera a mitad de metraje. Y una película que apuntaba alto, termina dejando una cierta sensación de desencanto.

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Jim Sturgess ‘manipula’ al autómata

Tornatore es especialmente conocido por Cinema Paradiso. Muchas la aman, otros se irritan con su sentimentalismo. Pero la última escena de esa película es un gran hallazgo que cierra de forma inolvidable una cinta un poco irregular. En La mejor oferta el sentimentalismo del cineasta siciliano está más apagado pero mantiene algunos recursos molestos como el uso constante de la música para remarcar emociones. El espectador no necesita un guía emocional permanente que le enseñe en qué momento hay que llorar. Aunque el guía sea Ennio Morricone.

Virgil (Geoffrey Rush) interpreta a un reputado coleccionista y agente de subastas que vive concentrado en su trabajo. El arte es su vía de escape. Rechaza con altivez el contacto humano. Hasta tal punto que usa guantes durante todo el día. Solo se los quita para tocar los cuadros con los que trabaja. Una de sus tasaciones le lleva a una villa propiedad de una enigmática joven que sufre una extraña enfermedad. Allí descubre los mecanismos de un autómata que irá recomponiendo con ayuda del experto Robert, interpretado por Jim Sturgess.

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¿Qué hay detrás de la puerta?

La presentación de Virgil es eficaz. Pero ya hemos visto muchas veces esta clase de seres excéntricos, altaneros y con fobia social. Una especie de Jack Nicholson en Mejor… imposible versión intriga. Una vez que se introduce el personaje de la joven la trama crece. Aun no sabemos muy por dónde van los tiros y eso multiplica el interés por la historia. ¿Una película de misterio? ¿Un thriller?

Pero cuando vemos como el personaje de Virgil visita el taller de su amigo Robert en diez ocasiones en una hora de película empezamos a temernos lo peor. El conejo sale antes de tiempo de la chistera y la historia da un giro radical. Mantendrá el resto del metraje un cierto aire de intriga con personajes como la enana de la cafetería, pero Tornatore ya se mueve hacia otra dirección. Y aunque nos espera un giro más de guión al final, la película no consigue mantener la tensión de su primera parte. El efectista recurso del autómata, más que metáfora del personaje principal, termina representando el carácter de La mejor oferta.

Lo mejor: la presentación de la historia, la ambición de Tornatore y la solvencia de Geoffrey Rush.

Lo peor: la película no mantiene la tensión de su inicio y se desinfla en su segunda parte. El uso de la música.

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