Bolsamania

Crítica | Joven y bonita (Jeune et jolie)

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Existe una frase hecha  muy popular y bastante soez que se puede llegar a citar en determinadas ocasiones: “Todas putas“.  Esa frase suele oírse en conversaciones entre amigotes, como una muestra de resignación, de autocomplacencia varonil… Y de incomprensión. No hay nada que seduzca más que una mente incomprensible. Pero el hombre no piensa admitirlo y prefiere cerrar el tema con un exabrupto de ese tipo. La protagonista de Joven y bonita seduce, a nivel narrativo, por tratarse de uno de esos personajes poliédricos y ambiguos que ofrecen una perspectiva incómoda del sexo femenino. Incómoda para el hombre. Y para la mujer.

No es la primera vez. En rara ocasión, en el cine, hay una primera vez para algo. Belle de jour de Buñuel ya exponía una cuestión parecida. François Ozon actualiza la película del director español reduciendo la edad de su protagonista lo que puede multiplicar la incomodidad en algún espectador.

Isabelle (Marine Vacth) solo tiene 17 años. Es el despertar sexual. Pero hay despertares y despertares. Por muchos manuales, folletos y educación sexual que tenga un adolescente, el sexo es una vertiente vital demasiado intensa y personal. El tabú existe y (parece) existirá todavía durante una buena temporada. Si Catherine Deneuve vivía en un ambiente bastante tradicional y dentro de un matrimonio clásico, Isabelle pertenece a una familia pequeño-burguesa aparentemente progresista. La madre insiste a su hija para que salga y haga alguna locura, cosas de chicas de su edad… Pero Isabelle tiene la mente en otro sitio. ¿En cuál?

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Tras el verano, volvemos a ver a la protagonista. Entra en una habitación de hotel para encontrarse con un hombre mayor. Se convierte en una profesional. ¿Por dinero? ¿Por placer? ¿Por experimentar? ¿Por revelarse? ¿O por pasar el rato? Un poco de todo, tal vez. Pero por encima de ello, Isabelle busca algo que no encuentra en su rutina. Más allá del Liceo y las vacaciones familiares, los chicos y las amigas, la protagonista de Joven y Bonita anhela. Así, sin más, como todos.  Unos ocultan sus deseos y ocupan su tiempo con pasatiempos más o menos viciosos. Isabelle traspasa la frontera de lo políticamente correcto, revienta el tabú e investiga sus propias extrañas. Las físicas y las intelectuales.

O tal vez no sea para tanto y a Isabelle solo le guste amar y ser amada. Habría que preguntárselo a ella… Porque Isabelle es un delicioso enigma. Dulce con su hermano y con su amiga. Afilada con su madre, equívoca con su padrastro, dominante con su noviete… Es joven, bonita, y muchas cosas más… Pero François Ozon elude penetrar a fondo  en la psicología del personaje. Elusión y sugerencia mejor que rotundidad.

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Tras poco más de 80 minutos llegamos al desenlace. La protagonista pone en funcionamiento su tarjeta alternativa y va a reunirse con otro cliente. La conversación que mantienen cierra de forma eficaz la película. Las fantasías sexuales femeninas asustan, a los hombres… y a las madres: “Isabelle, me das miedo…”, dice la madre de la protagonista en un momento de la historia. Al final de la película, la chica sonríe en la habitación, es dueña de su destino. ¿O no?

Por todo ello, Joven y bonita es una película apreciable. Genera debate y reflexión, lo cual no es sencillo de encontrar en el cine actual, especialmente dentro de las propuestas comerciales. François Ozon puede estar satisfecho de su nuevo proyecto. A pesar de los referentes directos de su historia (Belle de jour o las películas de Éric Rohmer, por ejemplo) ofrece una cinta entretenida y estimulante.

Lo Mejor: El personaje de Isabelle cautiva por sus múltiples facetas.

Lo Peor: A nivel temático tiene referentes demasiado directos.

Aquí  podéis leer la crítica de Héctor también en Alucine.

…Y “Midnight City” de M83, canción que aparece en Joven y bonita y muy popular gracias a varios anuncio de televisión:

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