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Crítica: “Grandes esperanzas”

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El cine no es como el teatro. Una obra como Hamlet es  llevada a la escena decenas de veces y muchos espectadores acuden sin dudarlo. Pero una adaptación cinematográfica de un clásico literario es un asunto arriesgado. Especialmente cuando se trata de una novela de Dickens que ya hemos visto bastantes veces. Algunos recordarán Cadenas rotas de David Lean. El director de La hija de Ryan abordó con su habitual solvencia el famoso relato de Dickens. Muchos años más tarde, Alfonso Cuarón intentó inocular modernidad a la historia, especialmente a nivel estético, y el tiro le salió por la culata. Pero, al menos, intentó ofrecer algo diferente.

Mike Newell no peca de ambición con su revisión del clásico decimonónico. Ni Newell ni el guionista ni los productores. Grandes esperanzas es una cinta correcta, bien ambientada, con varios actores reputados y un buen equipo técnico que se encarga de dotar de gran belleza a muchas escenas. Hasta pequeños detalles como el sonido, que casi siempre pasa desapercibido, logra destacar. Pero el espectador que busque emociones fuertes, grandes giros de guión o una reinterpretación del clásico en clave contemporánea, se equivocará de sala.

En cierta forma, Grandes esperanzas es una película anacrónica. Solo hace falta echar un vistazo a los tráiler previos a la cinta para entender que el cine comercial se halla en un camino sin retorno hacia la espectacularidad y los fuegos de artificio. Tras varios minutos de apabullante música e imágenes fastuosas, llegan, por fin, los títulos de crédito. Como en aquel capítulo de Los Simpsons, un espectador un tanto impaciente puede enervarse ante una introducción tan larga.   grandes-esperanzas2

Grandes esperanzas es una película británica. Un detalle nada anecdótico. Si Hollywood hubiese optado por volver a revisar el clásico el resultado habría sido muy diferente. Siguiendo la línea Cuarón, muy posiblemente… Mike Newell, célebre por Cuatro bodas y un funeral, se tomó muy en serio este acercamiento a la novela de Dickens. Y su único objetivo ha sido reproducir la novela con la máxima fidelidad tratando de salvar las limitaciones temporales de una obra cinematográfica.

Pip acude una mañana al cementerio. Allí está su madre. Un reo le sorprende y le exige una lima y algo de comer. Pip, que vive con su hermana y su marido herrero, no faltará a la cita a la mañana siguiente. Más tarde es llamado por una misteriosa señora que no sale de su mansión  para que juegue con su hija. Pip sueña con convertirse en caballero y cortejar a la bella Estella. No lo podrá hacer siendo herrero, pero un buen día recibe un sorprendente noticia de boca de una poderoso abogado londinense… Grandes esperanzas.

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Al margen de su director, habituado en los últimos años a cintas poco autorales, la película cuenta con dos grandes actores británicos que son el anzuelo comercial. Ralph Finnes interpreta a Magwitch y Helena Bonham Carter a Miss Havisham. ¿Están bien? ¿Están mal? Últimamente nos preguntamos con demasiada asiduidad qué es un buen actor o cómo detectar una gran interpretación. Hace poco nos sorprendíamos al leer como un crítico se deshacía en elogios al valorar la trayectoria de Al Pacino diciendo algo así: “Da igual el papel que interprete, siempre es Al Pacino“… ¿Eso es bueno? Todo lo contrario.

Fiennes se limita a apretar los labios, encorvarse un poco y coger el cheque y la mujer de Tim Burton abre bien los ojos, pone rictus de loca y cierra la billetera. Ambos son meros reclamos de una película cuyo peso recae en Jeremy Irvine y algunos secundarios de gran prestigio, y actuación mucho más contenida y correcta que las estrellas, como Robbie Coltrane, Jason Flemyng y Ewen Bremmer (Trainspotting).

Grandes esperanzas va de menos a más en cuanto a ritmo, con una última media hora bastante acelerada y un final demasiado abrupto. Por el camino, Newell y compañía nos dejan muestra de su capacidad para generar escenarios creíbles bañados de una maravillosa fotografía. Probablemente lo mejor de la película. Todo en Grandes esperanzas es muy británico. Todo está en su sitio y nada desentona. Pero tal vez le falte algo de alma. Una adaptación sobria y contenida que apreciará el grupo de aficionados al cine hartos del 3D y las películas multimillonarias con guiones que caben en una servilleta (en una servilleta pequeña).