Bolsamania

Crítica: “Godzilla: Rey de los monstruos”

Nota: 5

Estas cosas no pueden pasar. El mundo está lleno de talento y en el cine lo hay a raudales. Geniales guionistas, enormes directores, sensacionales técnicos… Si a todo ello le sumamos un presupuesto mastodóntico, parece difícil imaginar un resultado decepcionante. Es evidente que alguien importante de dentro de este tipo de producciones toma decisiones infames. Godzilla: Ry de los monstruos es un caso claro de que todo empieza a estropearse cuando se le da luz verde a un guión inaceptable.

En el año 2014, esa enorme y legendaria criatura llamada Godzilla se plantaba en nuestras vidas con una cinta que se quedaba a un paso de resultar sensacional. Teníamos momentos realmente épicos y emocionantes, pero la historia dejaba ver sus costuras de forma preocupante. Además, el ritmo se le iba de las manos al bueno de Gareth Edwards. Era casi buena. Así, con el anuncio del desarrollo de Godzilla: Rey de los monstruos, todos teníamos esperanzas de que se caminase en la dirección correcta y se subsanasen los viejos errores. Nada más lejos de la realidad.

Es un exceso con muy poco sentido y un auténtico desastre de historia. Godzilla: Rey de los monstruos tiene la virtud de que, a pesar de eso, es capaz de entretenernos un rato. Eso sí, el empalago para los sentidos, el exceso de destrucción y el abuso de efectos especiales con situaciones ciertamente prescindibles son la nota común.

Vera Farmiga, Charles Dance, Kyle Chandler, Sally Hawkins, Ken Watanabe… El genial reparto también se desperdicia con diálogos que rozan el ridículo. Eso sí, esa fuerza de la naturaleza llamada Milley Bobby Brown es capaz de imponerse en el terreno humano y pasarnos a todos por encima. No es normal la capacidad para hipnotizarnos que tiene la Eleven de Stranger Things. De hecho, dedicarle dos horas de vida a Godzilla: Rey de los monstruos compensa ya solo por el momento en el que la jovencita le pega un desgarrador grito bajo la lluvia esa mala bestia llamada King Ghidorah.

Cuando tratas de revestir de dignidad todo lo que ocurre, corres el riesgo de que la cosa pierda su efecto. Tres cuartos de lo mismo ocurre si coges la maniobra narrativa más épica de la primera entrega y la repites tres o cuatro veces en esta segunda cinta. No hay emoción. Nada importa demasiado en esta Godzilla. Alguien tiene que empezar a cuidar mejor al enorme kaiju en lo que a cine se refiere, porque esta fuerza de la naturaleza da para mucho.

Héctor Fernández Cachón

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