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Crítica furiosa de Nunca Apagues La Luz

Pongamos que Nunca apagues la luz es el DVD de la semana, que estamos muy cerca de Halloween y como es el mes de octubre toca una buena ración de películas de terror. Pongamos que hemos escuchado que Nunca apagues la luz ha sido terrorífica y ha sacado una buena tajada en taquilla. Pongamos que somos un poco escépticos, pero que nos han invitado a verla y que no queremos ser el invitado amargado que rechaza cualquier propuesta. Pongamos eso.

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Crítica de Nunca Apagues La Luz. ¿Cine de terror?

Lo cierto es que no sé ni por dónde empezar. Bueno, sí. Qué demonios. Veo que en FilmAffinity tiene un 5,3 y en IMDb llega hasta el 6. ¿Cómo puede ser? Seguro que los que hayáis visto la película coincidís conmigo en que son notas demasiado altas para Lighst Out. Y como no quiero criticar el trabajo porque sí, os voy a dar mis razones para suspender este largometraje que ha recaudado un buen pellizco entre los espectadores españoles.

El corto de Nunca apagues la luz

Supongo que ya es conocido por la mayoría del público de esta película que el germen de Nunca apagues la luz está en un corto. Me imagino que se sabe porque recuerdo vagamente que este vídeo se hizo viral y causó una sensación de inquietud al jugar precisamente por un temor primario que todos tenemos alguna vez. Cuando apagamos la luz de alguna habitación y tenemos la puerta abierta, estoy seguro de que alguna vez hemos visto recortarse una silueta siniestra, aunque sea por nuestra vívida imaginación de acérrimos fanáticos del cine de terror. Hasta aquí bien; el corto de David F. Sandberg está muy chulo y te deja impresionado.

Ahora bien, ¿convertirlo en un largometraje? Por supuesto que la historia no da mucho de sí y es por eso que apenas han podido cubrir los 70 minutos que apenas dura con embarazosas escenas y una historia muy floja que apenas se sostiene.

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La primera escena de Nunca Apagues la luz empieza muy bien,

pero ya huele un poco a ese tufillo conformista de “vamos a hacer lo que sea para tener una película y presentarla en el cine”. Tenemos lo siguiente: un padre de familia que trabaja hasta tarde y deja SOLO, y subrayo el solo, a su hijo PEQUEÑO con una mujer que está en tratamiento por esquizofrenia. Las personas con esquizofrenia pueden llevar una vida normal en la mayoría de los casos y no son peligrosas ni van a rajarte el cuello: tienen una enfermedad que se puede controlar. Sí, bien, pero en esta película los brotes esquizofrénicos de la mujer son más que alarmantes. No tiene mucho sentido que el padre haga eso.

El caso es que el monstruo de Nunca apagues la luz sigue al padre hasta el trabajo y le da una muerte espantosa en el primer juego de luz – oscuridad. Bien, tenemos aquí un arranque un poco prometedor que levanta las esperanzas. Pero es que se estrellan enseguida.

Los personajes

Teresa Palmer, una actriz que le está cogiendo mucho gusto al cine de terror, encarna a una joven independiente con las ideas muy claras. Su pareja en pantalla es Alexander DiPersia, que hace del no-novio de la joven. Este personaje tiene una evolución asombrosa y el pobre se mantiene de calzonazos a imbécil sin poder ir más allá, aunque, eso sí, es más valiente de lo que apostaba. Ellos deciden encargarse del niño para que pueda dormir, ya que nadie se hace cargo de la madre y del crío a pesar de haber pasado por algo tan tormentoso como haber perdido al padre y a su ayudante en circunstancias muy extrañas. ¿Eso para qué? La lógica en Nunca apagues la luz se queda a un lado.

Cuando Teresa se lleva a su hermanito a casa, recuerda que ella sufrió otros episodios semejantes de falta de sueño por un ser que la acechaba en la noche, que le robaba sus dibujos y que le dejó cicatrices en el brazo. Pero eh, qué más da. Resulta que ahora le ha entrado el gusanillo por investigar y descubre en su casa unos archivos psiquiátricos del carácter más privado posible al acceso de cualquiera. Tiene grabaciones de cómo frieron a una niña en directo, pero, eh, de nuevo, vamos a dejar la lógica a un lado. ¿Qué psiquiatra no daría esas pruebas alegremente?

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Echemos un vistazo a la criatura

Abandono todo interés de seguir profundizando en la crítica del guión narrativo de Nunca apagues la luz porque dan muchas ganas de llorar de malo que es. Vamos a posar la atención en Diana. Diana era una joven con problemas de piel a la que no podía darle la luz porque le hacía daño. Mató a su padre y la metieron en un psiquiátrico. Allí, antes de morir calcinada por una terapia de electroshock, conoce a la madre de los niños y se hace amiga de ella. En realidad lo que hace es meterse en su cabeza y vivir dentro de ella, por lo que es la madre de los niños quien proyecta a la criatura (¿esquizofrenia?) y por eso Diana puede hacer sus maldades desde la oscuridad.

Por favor. POR FAVOR. Es una introducción pésima, sacada de una mente con muy poca imaginación a la que no le importa ahogarse en clichés sin sentido. Lo único que podemos concederle es que juegue con el miedo de la oscuridad que tenemos todos, pero también rompe esa regla alguna vez y resulta patético.

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Algunas conclusiones

Las actuaciones de Nunca apagues la luz no tienen nada del otro mundo. La fotografía es interesante, por decir algo, porque en algunas escenas se utiliza luz auténtica (la que llevan los personajes) y eso es un esfuerzo reconocible, pero no pasa de ahí.

Personalmente, no podría darle más de un 2 y sé que es una nota muy baja. Sin embargo, este no es el cine de terror que me gusta a mí. Nunca apagues la luz no ofrece ningún reto y, aunque saltes en la butaca, no tiene una sola chispa de ingenio y nunca la recordaré. No, no te recomiendo esta película de terror para Halloween. Pero si la ves, me gustaría que compartieras tus opiniones conmigo.

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