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Pero, ¿esto qué es? – Crítica de “Exorcismo en Georgia”

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“Exorcismo en Georgia” es uno de los estrenos que podemos disfrutar en la cartelera de este fin de semana de agosto. Sin embargo, se ha ganado a pulso un espacio en “Pero, ¿esto qué es?“, la sección para las películas ofensivamente ridículas, aburridas o pasadas de rosca. “El ciempiés humano 2” o “Grave Encounters 2” ya tuvieron su hueco, ahora le toca a “Exorcismo en Georgia“, que aunque no lo parezca por su título, también es una especie de segunda parte. ¿Os acordáis de “Exorcismo en Conneticut” con el desaparecido Kyle Gallner y Virginia Madsen? Pues lo que sucede en Georgia es otra historia.

Y no tiene nada que ver con los exorcismos. El título es tan engañoso como el póster promocional, pero, ¿por qué lo hacen? Porque la primera se tradujo por “Exorcismo en Conneticut” y para no perder la cotinuidad de la “saga”, alguien decidió que estaría bien llamarla “Exorcismo en Georgia”, porque era evidente que lo relacionaríamos con esa película del 2009 que tampoco causó demasiada conmoción, aunque el título, para variar, sí tenía relación con lo que sucedía en la trama. El caso es que ya estamos acostumbrados a traducciones más que absurdas en el mundo del cine.

Siento mucho si a alguien le parece un gran spoiler asegurarle que no va a ver (con los ojos) ningún exorcismo, ni siquiera de refilón, en “Exorcismo en Georgia”. Lo que se va a encontrar es algo ligeramente diferente, aunque también espeluznante: visiones y fantasmas. La historia no arranca mal: una familia encantadora con niña pequeña se cambia de casa. La hermana gorrona aparece para instalarse en el jardín con su caravana. Pronto sabemos que las chicas tienen visiones, especialmente la madre, que se medica contra su don y quiere renegar de él para llevar una vida normal. (En este punto me preguntaba cuál de las tres mujeres iba a ser la poseída. Iluso de mí.)

Pero en su nuevo hogar no podrá hacerlo. No puede descansar de su don si quiere intentar proteger a su hija, quien mantiene vivas charlas con el último propietario de la casa, un hombre al que todos tachan de malvado, incluso el párroco de esa zona. (¡La niña, la niña será la poseída!, pensé.) Pero no os fiéis de nada, que “Exorcismo en Georgia” es una de esas películas que pretenden ser tramposas todo el tiempo.

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Lo más parecido a un exorcismo que hay.

La trama gira en torno a unos fantasmas atrapados (¿qué? ¿nadie va a ser poseídos? ¿y mi exorcismo?). Antiguamente, aquél era un punto por donde se ayudaba a los negros esclavizados a conseguir su libertad yendo hacia el norte, pero como era un camino muy largo y peligroso, tenían que hacer algunos altos en el camino. Obviamente, ocurrió algo que todavía perturba a los inquilinos del presente y estos, como viene siendo lo apropiado en la fórmula de este subgénero tan gastado y manido, tienen que liberar a estos fantasmas, combatir el mal y restablecer el equilibrio.

Tom Elkins, que hace su debut direccional con esta película, ya ha estado trabajando en diferentes apartados del mundo del cine. Fue uno de los editores de la predecesora, “Exorcismo en Conneticut” y se ve que, de algún modo, la idea de continuar con las historias de fantasmas lo apasionó. Buscó un caso real, le pidió a alguien que lo guionizara y se dijo que sería su película. Más le valdría haber trabajado un par de años más como asistente de director para aprender a narrar visualmente con algo de ritmo y suspense, porque aparte de que la historia es una idea de cabeza enorme, el pulso no se nota. Podría haberla dirigido uno de los fantasmas que el resultado no habría cambiado mucho.

En cuanto a las actuaciones es difícil obtener calidad en una cinta tan mediocre y con un tema que entrelaza las apariciones fantasmagóricas con la esclavitud norteamericana. No son papeles fáciles de asimilar, pero como tampoco se espera una empatía precisa y concreta por parte del público, es admisible que se relajen delante de las cámaras. Curiosamente, la que más en serio se lo toma es la niña, Emily Alyn Lid, quien ya tiene cierto rodaje en el cine. Abigail Spencer está muy guapa, pero hasta ahí puedo decir y con Katee Sackhoff y Chad Michael Murray más de lo mismo.

Lo mejor es que, al estar basada en una historia real, se atreven a poner imágenes de la auténtica familia para recordarla, pero a mí eso me inquieta aún más: en las fotos vemos personas normales, personas que podríamos tener por vecinos, amigos, y demás. Entiendo que es Hollywood, entiendo que es ficción y entiendo que es la película del señor Tom Elkins y no mía, pero creo que a algo como “Exorcismo en Georgia” no le vendría mal detalles como ése para perfilar el realismo que se supone que se quiere transmitir. Pero claro, si encima no ponen mujeres despampanantes y un marido más o menos buenorro, ¿quién va a ir?

En definitiva y sin destripes innecesarios, “Exorcismo en Georgia” es una pérdida de tiempo. Si buscáis algo con lo que asustaros, echadle un vistazo a “Expediente Warren” porque ésta decepciona a lo largo de sus 100 minutos de metraje.

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