Bolsamania

Crítica | “Emperador”, con Tommy Lee Jones y Matthew Fox

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No es fácil aportar una nueva visión de las consecuencias de la II Guerra Mundial. El cine de las últimas décadas ha ofrecido una ingente cantidad de títulos que tratan de desentrañar muchas de las claves del conflicto armado más grave vivido durante el siglo XX. Emperador se ocupa de un suceso muy concreto: las primeras semanas de convivencia entre americanos y japoneses tras la rendición de estos últimos. El general MacArthur aterrizó en Japón para dirigir la reconstrucción del país oriental. Después del lanzamiento de la bomba atómica el clima social en Japón era de gran tensión. El mismo país que había arrasado Hiroshima y Nagasaki ocupaba el poder en territorio japonés. Cualquier chispa podía derivar en un nuevo conflicto…

En 1977, Gregory Peck interpretaba a un arrogante y decidido MacArthur en la película homónima. Fue una aproximación interesante a un personaje fundamental de la historia político-militar de la segunda mitad de siglo XX. Pero Emperador deja el personaje de MacArthur en un segundo plano, en este caso interpretado por un notable Tommy Lee Jones y se ocupa de la investigación llevada a cabo por el general Bonner Fellers (Matthew Fox) que debía valorar la responsabilidad del emperador Hirohito en la guerra.

Buena parte de la crítica ha cargado contra Matthew Fox directa o indirectamente. Se compara al actor de Lost con Tommy Lee Jones y Fox no sale muy bien parado. De acuerdo, Lee Jones tiene una gran presencia. Es de esos intérpretes que llenan la pantalla, que son capaces de dominar cada escena. Fox no tiene el carisma de su compañero de reparto, pero su papel exigía otras cualidades. Tal vez por eso fue el elegido, o tal vez nos ponemos de su parte porque nos cae bien…

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El aspecto más negativo de Emperador y que, probablemente, perjudica la labor de Matthew Fox, es su parte melodramática. La cinta se inicia con un viaje en avión. La plana mayor del ejército encargado de dirigir la transición japonesa se traslada al país oriental. Bonner Fellers abre un portafolio en el que vemos una foto de una mujer. Malo. No llevamos ni dos minutos de película y ya nos endilgan una historia romántica. Qué difícil es encontrar una película bélica facturada en Hollywood que no contenga una subtrama romántica. ¿Es imprescindible?  ¿Es imposible empatizar con un protagonista de una cinta de este tipo si no está enamorado, casado o tiene hijos? Creemos que no lo es, pero… es lo que hay.

Si prescindimos del melodrama de la película, Emperador es una cinta sobria, eficaz, con ciertos instantes de tensión y que expone un aspecto de la II Guerra Mundial poco tratado en el cine. Las semanas que siguieron al desembarco de MacArthur y los suyos fueron claves para la reconstrucción de Japón. Desde Estados Unidos se presionaba para juzgar a Hirohito. ¿Había sido él emperador el ideólogo del ataque a Pearl Harbor? ¿Qué grado de responsabilidad tuvo en la guerra?

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Emperador destaca por la contención en el discurso y el ritmo del proceso de investigación llevado a cabo por Fellers. Es el personaje interpretado por Fox el que tendrá que lidiar con un gran conflicto: mantener el orgullo estadounidense en Japón sin abrir la Caja de Pandora. Con los cadáveres aun calientes, los americanos debían  andar con pies de plomo y no tomar ninguna decisión radical. Con Hiroshima y Nagasaki todo el mundo había tenido suficiente… Emperador recoge este clima de tensión vivido en la Japón ocupada con bastante solvencia.

Emperador es una pequeña pero valiosa película. Este parlamento de Konoe, uno de los miembros del gobierno japonés depuesto, lo demuestra. De vez en cuando, Hollywood sabe hacer algo más que ondear la banderita de barras y estrellas:

“Sí, nos apoderamos de China, pero ¿no nos precedieron Gran Bretaña y Portugal? No tomamos Filipinas de los filipinos, sino de los americanos, quienes se lo quitaron a los españoles. Si es un crimen internacional tomar territorio por la fuerza, ¿quién condenó a los líderes británicos, franceses, holandeses, alemanes y americanos? Nadie. Y, ¿cuál es la diferencia con Japón? Ninguna. Mire General, solo estamos siguiendo su buen ejemplo”. Ahí queda eso.

Lo Mejor: El discurso. La sobriedad.

Lo Peor: La parte melodramática sobra.