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Crítica: “El Hipnotista”

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El Hipnotista es regular tirando a mala. Esa es la crítica resumida al máximo. Ahora vamos a marear un poco la perdiz. Esta cinta está basada en una novela de Lars Kepler que no hemos leído y, por tanto, nos centramos en lo que puede verse en pantalla. Si eliminamos la atmósfera fría e inquietante del film, sus millones de presupuesto en puesta en escena y a Lena Olin, nos quedamos con un esqueleto a modo de telefilme mediocre que mezcla de forma muy poco atinada un batiburrillo de convencionalismos procedentes del thriller, el terror psicológico, la intriga y el drama familiar.

En los primeros cincos segundos de proyección nos llama la atención la aparición del logo de Svensk Filmindustri, la mítica productora sueca que estuvo detrás de la mayor parte de filmografía de Ingmar Bergman. Pero los tiempos han cambiado en la industria del cine en el país escandinavo. Tras este momento nostálgico, comienza han desarrollarse los primeros sucesos de la historia. Los cinco minutos iniciales son notables creando una sensación de inquietud en el espectador, especialmente gracias a la turbadora escena del crimen.

Rápidamente se presentan los diferentes personajes de la historia, entre los que destaca el hipnotista, su mujer, el policía y el niño que sobrevive a la matanza. Empiezan los problemas narrativos. De repente, personajes que no se conocen de nada traban en un minuto un vínculo inverosímil. En ese instante, llegamos a la conclusión que de que la historia debe contar muchas cosas y tiene que ir al grano con rapidez.

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Segundo problema. (OJO, CASI SPOILER) No nos consideramos unos genios descubriendo a asesinos o malos de películas de este tipo con antelación, pero en este caso… No se puede introducir un personaje con un detalle físico llamativo entrando en escena sin que un espectador medianamente observador piense: “Uy, este personaje tiene mala pinta”. Consideramos que es un error de principiante que perjudica la sorpresa clásica final de este tipo de cintas.

Y partir de aquí se desarrollan innumerables fallos de guión, trampas argumentales y efectismos narrativos que pecan de inverosimilitud. No queremos llenar  la crítica de spoilers así que lo dejamos ahí. Tan solo un ejemplo. Desde Seven, las grandes pintadas en las paredes con mensajes amenazantes son un recurso muy utilizado y efectivo. Lo que sorprendía en la cinta de David Fincher se ha convertido en un convencionalismo muy aburrido dentro del thriller con asesinos de por medio. En El Hipnotista, el asunto de las pintadas está metido con calzador. Y así, infinidad de detalles.

A mitad de metraje, la película empieza a perdernos. Fruncimos el ceño y miramos el reloj. Una de las críticas que también acompaña a esta historia es la falta de ritmo. En este caso, no estamos de acuerdo. Es cierto que el thriller suele tener un ritmo narrativo alto. Pero creemos que muchos espectadores se han acostumbrado a un ritmo excesivo acompañado de un fatigoso movimiento de cámara. A nuestro modo de ver, los mejores momentos de El Hipnotista llegan cuando al historia bucea en la relación entre la pareja protagonista.

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En este sentido destaca la participación de Lena Olin, una actriz que debutó en la gran pantalla de la mano de Ingmar Bergman a finales de los 70 y que apareció en varias de sus películas (Cara a Cara, Tras el ensayo, Fanny y Alexander). Olin y Mikael Persbrandt (que aparecerá en las siguientes entregas de El Hobbit) están correctos, pero su relación no se explota lo suficiente porque la historia central, en realidad, transcurre por otros derroteros.

Nos da la sensación de que Lasse Hallström (¿A quién ama Gilbert Grape?, Chocolat, Las normas de la casa de la sidra) ha querido abarcar demasiado y ha terminado creando un revoltijo narrativo difícilmente digerible. ¿Por qué ha querido abarcar demasiado? Por una razón puramente comercial. No solo el cine hollywoodiesne está tristemente sometido a los números de taquilla. Cuando solo un hilo muy estrecho nos mantiene unidos a la historia, la cinta se remata con un desenlace inverosímil al más puro estilo telefilme de sábado a las 4 de la tarde.

Secuestros, hipnotistas, adolescentes turbios, asesinatos, persecuciones, adopciones, abuso sexual infantil, manipulación psicológica, crisis de pareja… A El Hipnotista no le falta de nada.

Lo mejor: La atmósfera, algunos elementos de drama íntimo y la presentación de la historia.

Lo peor: Guión mediocre plagado de fallos, efectismos y situaciones poco creíbles. Combinación inasumible de convencionalismos propios del género.

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