Bolsamania

Crítica | “Dos días, una noche”

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Creo que una película en la que te aburres, no puede ser muy buena. No me refiero a que sea lenta, árida o hiperrealista, hablo de aburrimiento, de ser previsible. A veces también me aburro de mi mismo, de decir una y otra vez lo mismo. Y en este caso, me voy a repetir y me aburre: tocar un tema social (o político) comprometido, poniéndose del lado de los derrotados no convierte (automáticamente) a una película en buena. Dos días, una noche presenta una temática muy actual, pero poco habitual en el cine comercial. En ese sentido, es una cinta reivindicable, pero la presenta con una forma y un fondo que no convence.

Por eso, Dos días y una noche no esa la obra maestra (buff, qué aburrimiento) que casi todo el mundo dice que es. Es una película necesaria, pero no es buena. Y más, decir que esta película es buena, o una jodida obra maestra, no nos convierte en mejores personas. ¿Qué nos convierte en buenas personas? Ser buenas personas. Pero eso es como pedir a un buitre que deje de comer carroña.

Sandra (Marion Cotillard) amanece un viernes con una desagradable noticia. Su empresa va a prescindir de ella. Con hijos que mantener, el sueldo de camarero del marido no será suficiente. Pero aun le queda una opción. Debe convencer a sus compañeros para que voten a su favor el próximo lunes. Si ella se queda, los compañeros renunciarían a una prima de 1000 euros. O ella, o los 1000 euros por cabeza. Sandra pasará el fin de semana yendo de casa en casa explicando a sus compañeros la situación y esperando que voten por su permanencia en la empresa.

Esa es la película. Sandra de piso en piso, de casa en casa. Defendiéndose, luchando, mendigando y humillándose. Pero también señalando a sus compañeros, comprometiéndoles, mostrándoles su verdadera cara. La idea es buena. Dos días, una noche, nos muestra las diferentes caras de las personas, exhibe la fragilidad, el cinismo, la falta de solidaridad, la frustración, el odio y la fraternidad. De todo hay. ¿Qué personaje encarna mejor nuestra forma de ser? Es un ejercicio interesante. A buen seguro que todos renunciaríamos a nuestra prima. Porque yo lo valgo.

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Entonces, ¿qué pasa? ¿Por qué Dos días y una noche no es buena? Porque a la media hora me cansa. Porque ya podemos visualizar lo que queda de película. Porque creo que no son necesarios 90 minutos para contarnos esta historia. No porque la historia sea pequeña, que no lo es, es muy grande, pero su desarrollo lineal, cansa.

Y más. El desarrollo de la película esconde algunos elementos efectistas detrás del entramado hiperrealista “yo solo pongo la cámara y rueda lo que pasa en el mundo”. Los hermanos Dardenne juegan a dos bandas. Tal vez a ellos mismos les parecía un poco aburrido el desarrollo de la historia y nos cuelan un intento de suicidio solucionado in extremis y un par de situaciones poco creíbles (la reacción de dos parejas a la visita de Sandra).

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Por otro lado, el personaje del marido de Sandra tampoco convence. No entiendo su actitud. Parece ser el encargado de espolear la película con su pesada presencia. A medida que el final se acerca, el aburrimiento deja paso al enfado. Me enfado por lo que muestra la cinta, y ese es uno de los objetivos de la misma, pero me enfado también por la actitud de los protagonistas. ¿Es esto luchar? Entiendo la situación por la que pasa Sandra, necesitada de un argumento para seguir, de volver a sentirse útil, aunque su proyecto no llegue a buen término. Pero no creo que ese sea el camino. Y menos aun entiendo que el marido no sea capaz de verlo. Esto no es luchar, amigo. Esto es una mierda.

No sé, quedarse en el paro con una familia que mantener es muy jodido. ¿Dignidad o pan?, parece preguntarse la película. Dos días, una noche es una cinta que debe verse. Su discurso obliga al debate, y eso siempre es bueno. Pero el desarrollo narrativo de la película aburre y algún personaje exaspera. Cuando llega el final, y vemos sonreír a Sandra, nos alegramos y nos cabreamos. ¿Por qué no empezamos por ahí? ¿Por qué todo lo anterior? Dignidad y pan.

Lo Mejor: Marion Cotillard. Crea debate.

Lo Peor: Aburre. Algunas situaciones son efectistas y no cuadran con el estilo de la cinta. El personaje del marido enerva.

Escrito por David Rubio para Alucine