Bolsamania

Crítica de “La espuma de los días”

Nunca he sido muy de Michel Gondry. No he visto toda su filmografía y no soy un ferviente seguidor de su trabajo: unos me gustan y otros no. Su nombre no me condiciona para un lado ni para el otro, aunque sé que es un amante de los artificios y de los trucos visuales. “La espuma de los días” se presenta como una propuesta sugerente dentro de la cartelera del último fin de semana de septiembre porque, como sabréis, está basada en el libro homónimo de Boris Vian y Boris Vian es mucho Boris Vian.

la espuma de los días

Sus libros son disparatados, surrealistas y extraños, pero están llenos de una frescura que no se ha marchitado ni un poco desde que se publicaron. En “La espuma de los días“, Vian proyecta su crítica hacia la religión, se burla de Sartre, habla de la vida, de las condiciones de la enfermedad -que se imponen no solo en el enfermo, sino en quienes lo quieren-, de la diversión, de la música, que es un tema que le encanta porque él mismo, además de escritor, traductor e ingeniero, también fue músico y otras cosas que vosotros mismos podéis apreciar sin que esté yo aquí haciendo la lista interminable. Michel Gondry, con ayuda de Luc Bossi, intenta atrapar la esencia de “La espuma de los días”, cosa nada fácil, y ponerla en una película junto, además, su toque personal, una combinación que a mí, con honesta sinceridad, no ha terminado de gustarme del todo.

Tampoco me gustan las elecciones para los actores principales. Si no soy de Michel Gondry, mucho menos de Audrey Tautou. Hay algo en ella que me rechina, que me produce rechazo, que tenga que “tolerarla”. Tal vez se deba a su protagonismo en “Amelie” y desde entonces… ¿Le habéis cogido tirria a algún actor o actriz inexplicablemente -o no tan inexplicablemente-? Eso es lo que me pasa con ella. Sin embargo, creo que en “La espuma de los días” no lo hace tan mal (a pesar de que a mí me irritó). Su personaje ya de por sí es un reto.

Romain Duris ya me gusta un poco más, aunque nunca me lo había imaginado como un posible Colin y, desde luego, no es una decepción. Juntos tienen cierta química delante de la cámara, pero visto desde un punto extravagante, no está mal que ni siquiera combinen porque contribuyen a hacer más rocambolesca la historia de amor.

Por otro lado, los artificios visuales, los inventos y demás hacen de ésta una película muy animada, pero Gondry apuesta demasiado por ellos y se centra en crear un producto demasiado excéntrico, demasiado “diálogos raros”, escenas sin conexión aparente y otras cosas que pueden fatigar al espectador. La música tampoco acompaña bien a “La espuma de los días”. Sabiendo la fascinación que sentía Vian por el jazz, es un poco injusto que la canción principal venga de “The Lumineers“. A esta amalgama de condicionantes negativos aún se le suma otro muy crítico: el tiempo. Gondry abusa del reloj y alarga la película hasta los 130 minutos haciéndola prácticamente insostenible.

Si hubiera trabajado el guión la mitad de que sus efectos visuales, seguramente habría conseguido algo más logrado y sólido. De todas formas, nos quedamos con una de esas películas que a uno les encanta y a otros les horroriza. Y como en el término medio está la virtud, según Aristóteles, yo me quedo con las cosas buenas que me han gustado y he podido disfrutar (Omar Sy es una de ellas, sin duda) y me olvido del resto. Llevar un libro como ese a la gran pantalla siempre es difícil y controvertido; Gondry se ha arriesgado y… ¿cómo creéis vosotros que lo ha hecho? ¿Os parece mejor la versión del ’68 que Charles Belmont firmó?

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