Bolsamania

Crítica de “Expediente Warren” con Vera Farmiga y Patrick Wilson

A pesar de la reticencia que me producía ver una película dirigida por James Wan con un guión al que su inseparable amigo y compañero Leigh Whannell no había echado mano, he de confesar que he disfrutado de “Expediente Warren” todos y cada uno de los 112 minutos que dura el asunto. El realizador australiano ha imprimido su sello personal en cada escena y ha hecho que su película destaque sobre otras que vienen con una trama parecida.

En “Expediente Warren”, también conocida como “The Conjuring“, encontramos un director que cada vez se asienta mejor en el terreno del miedo. Su cine evoluciona, aunque no deja de ser fácilmente reconocible: el uso de la música en el momento clave le delata. Una buena banda sonora es la aliada perfecta en una cinta del género y Joseph Bishara entiende muy bien de lo que va el tema. Ya demostró en “Insidious” un potencial bien exprimido que se advierte de nuevo en “Expediente Warren”. Le agradezco de corazón -del que me queda después de algún que otro susto- que haya sabido seguir en su línea, pero sin repetirse, para que el mero recuerdo de la melodía haga que los pelos de la nuca se me ericen y me plantee seriamente mirar hacia atrás, por si hay alguna presencia a mi espalda.

Otro factor que delata a James Wan es la fotografía; desde el tratamiento de la imagen hasta los objetos que aparecen en ella revelan su identidad sin posibilidades de confusión. La apariencia de sus personajes, la forma de actuar, de mirar, de tocar es bastante similar a lo largo de su filmografía. Podríamos establecer una constelación de elementos recurrentes que acabarían por enredar todas sus películas. Es un director que disfruta haciendo guiños a sus fans y cuida mucho esa parte.

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Respecto al argumento de “Expediente Warren”, poco se puede contar que no se sepa con un simple vistazo al tráiler: una pareja de investigadores de lo paranormal, tal vez un Íker Jiménez y una Carmen Porter dentro de unos años, se topa con el caso más complicado de su vida. Una familia que se ha mudado a una casa maldita está experimentando la angustia de ser el objeto de una bruja despechada que se suicidó con el fin de guardar sus tierras para siempre. Era una mujer capitalista y se lo tomaba muy a pecho.

Con lo de moda que se ha puesto que las películas de miedo se centren en cazadores de espectros con sus aparatos aparatosos y sus mediciones científicas, esperaba que “Expediente Warren” patinara bastante, pero lo cierto es que la tensión se ha distribuido de una forma “agradable” y ha sabido dosificarse. Los sustos están bien repartidos y, por suerte, hay alguno más de los que se presentan en el tráiler, aunque arruinan el de las palmas, que es el que más me gusta. La elección ha sido sabia al preparar dos tramas: la de la familia Perron y la de los propios Warren.

Los elementos que usa James Wan para que botemos en la butaca son simples y efectivos. Usa un juego infantil que desde el primer momento produce respeto: uno sabe que el juego de las palmas (consiste en que alguien se vende los ojos y localice a los demás jugadores pidiendo que golpeen sus manos) va a desencadenar un susto en algún momento. La caja de música antigua con el payaso y la espiral también resulta prometedora. Si te dicen que Rory se deja ver al finalizar la música, ahí ya estás centrando toda tu atención en prevenir su aparición. La dulce muñeca Annabelle, transformada para la película al gusto extravagante de James Wan poque la original habría causado otra impresión, y su historia se suman al carro. Los muebles antiguos también desempeñan un papel importante, sobre todo el armario. Son cosas que, por sí solas, no producen turbación, pero en manos de Wan se convierten en semillas del terror.

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En cuanto a las actuaciones, no es una película para lucirse, pero destacaría la de Joey King, una de las hijas medianas, por su expresividad. Vera Farmiga está a la altura de su sobrecogedora clarividencia y Patrick Wilson hace lo que está en su mano, a pesar de que su personaje es bastante plano.

La única parte que me produce insatisfacción es el final, pero yo sé a qué se debe: ¡se planea una segunda parte para “Expediente Warren”! Y es que, desde que nos dejaron pasar a su bien abastecida colección de los horrores, se olía por toda la sala un tufillo a secuela. Ya informaremos al respecto.

¿Y a vosotros qué os ha parecido?

 

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