Bolsamania

Crítica de “El médico”

Crítica de “El médico” según un espectador que no ha leído el libro

Basada en la novela homónima de Noah Gordon pude leer en los créditos. La conozco, sí, pero nunca he podido concederle un hueco en la infinita lista de libros pendientes que crece cada maldito día. No sabía, sin embargo, de qué iba más allá de lo que podía sugerir el título. “El médico” y una portada de aspecto antiguo, oriental. Eso y el triste tráiler* que pasan de vez en cuando en la televisión fueron mis fuentes de información. Como podréis imaginar, mis expectativas eran nulas.

Philipp Stölzl es el director de esta curiosa adaptación. Por lo que tengo entendido, más que basada está ligeramente inspirada en el libro del que toma el nombre, pero como ya os he dejado claro, mi perspectiva es la de una persona que no puede hacer comparaciones entre “El médico” de papel y “El médico” de la gran pantalla, así que… allá voy con mi opinión sobre la película.

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Si tuviera que encuadrarla en un género, la adscribiría, creo, en las de crecimiento personal. El protagonista, Rob Cole (Tom Payne), ve con impotencia cómo su madre se muere de la enfermedad del costado y los deja huérfanos a él y a sus dos hermanos. De los pequeños no se vuelve a saber nada, pero Rob, que es un muchacho tenaz y buscavidas nato, se alía con el barbero ambulante (Stellan Skarsgard) para tratar más o menos de aprender a curar ciertos malos. Gracias a los viajes y a que su mentor sufre una enfermedad supuestamente incurable, entra en contacto con la comunidad judía, más avanzada en la medicina que ellos. Así Rob también conoce la existencia de un médico (Ben Kingsley) de oriente muy sabio que quizá tenga la clave para la enfermedad del costado que tanto lo estigmatiza. El viaje dura un año, pero él está dispuesto a lo que sea por conocer a ese médico (o físico). Durante el trayecto conoce a una joven resultona (Emma Rigby) que le gusta, pero no lo distrae de su empresa y finalmente llega como puede hasta la ciudad en la que ese médico comparte sus conocimientos. Al mismo tiempo, hay una línea de musulmanes extremistas que no soportan que el Shah (Olivier Martínez) tolere la convivencia entre ellos y los judíos, además de que no están de acuerdo con las enseñanzas de Ibn Sina.

Y ese, en líneas generales, es el argumento, casi la película entera, pero tranquilos, que ahí no os he destripado nada. Ahora lo haré.

el-medico-the-physician-pelicula-2013-005[1]Ya sabemos que el cine es una potente arma de adoctrinamiento. Tal vez esto sea más patente durante los períodos de guerra, ya que nos ayudan mucho a señalar a los malos (nazis, comunistas, etc.) o a los buenos, pero, en realidad, nos dice qué pensar todo el tiempo, solo que la mayoría de veces no nos damos cuenta. En “El médico”, sin embargo, se aprecia cierto matiz norteamericano en la forma de tratar a los extremistas. Creo que sirve para ilustrar un par de cosas: por un lado, encabezan al enemigo actual y es que si comparamos al líder (Fahri Yardim) con cualquier homólogo de nuestro tiempo no encontraremos apenas diferencias (enemigo actual frente, según la película, chico blanco cristiano). Otra cosa, y es en la que estoy totalmente de acuerdo, es que el fanatismo religioso, sea del lado que sea, ha frenado el avance de las civilizaciones, lo que en otros términos significa atrasarla. No quiero entrar en esto porque el blog es de cine y hasta aquí puedo llegar, pero seguro que más de uno me entiende.

También me ha llamado la atención que todo el mundo, sea de donde sea, habla igual. El barbero inglés tiene el mismo acento que el Shah. Sé que esto atiende a la economía y a, quiero suponer, efectos prácticos, pero es un poco desconocertante, al menos para mí, que todos se expresen con el acento neutro. Entiendo que subtitular media película -o un cuarto- puede disuadir a los pocos espectadores que aún hoy pueden afrontar el coste de una entrada de cine para una película sin efectos especiales -sin espectáculo-, pero es algo que no entiendo. Tampoco se ha reflejado el aprendizaje del chico: el espectador debe suponer que es muy aplicado y que durante el año de travesía ha adquirido las habilidades expresivas de un nativo para desenvolverse tan bien como un judío europeo en alguna parte de la Irán actual (no recuerdo el nombre de la población, no me lapidéis).

En cuanto a lo demás, gloriosos paisajes nos deja “El médico”. Una fotografía bonita, del color de la arena, con ese toque oriental que tanto gusta a Hollywood y tan bien queda en el cine. Nos transporta a un lugar exótico, a una Edad Media demasiado alejada de la salvaje Europa. La historia no está mal; me ha gustado ver la ilusión del chico por conocer a Ibn Sina (Avicena), el amorío -siempre tiene que haber uno por ahí entorpeciendo-, las amistades e, incluso, el pobre esbozo que se hace de la personalidad represiva del Shah. Lo cierto, y esto siempre es un punto a favor, es que su duración es apenas apreciada si uno logra viajar junto a Rob Cole. Cuando salí del cine y vi la hora que era no podía dar crédito. ¿De verdad “El médico” dura 150 minutos? Benditas expectativas inexistentes…

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*En serio, ¿quién se ha encargado del márketing de “El médico” en España?

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