Bolsamania

Crítica: “Cruce de caminos” con Ryan Gosling, Bradley Cooper y Eva Mendes

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“Tenemos que hablar”

Había bastante expectación con respecto al siguiente trabajo de Derek Cianfrance. Le costó mucho sacar adelante Blue Valentine, pero lo logró y conquistó a muchos espectadores con aquella historia de amor de gran carga emocional. Con The Place Beyond the Pines confirma algunas de las habilidades apuntadas en su proyecto anterior pero deja entrever también un par de defectos que perjudican el resultado final de la película.

Lo primero que hay destacar de esta cinta es que sale Ryan Gosling. El actor canadiense se ha metido en el bolsillo a medio planeta con su talento para interpretar personajes duros pero de buen corazón como en Drive o Only God Forgives. Pero Gosling aspira a mucho más que ser un nuevo action hero y está capacitado para ser una gran estrella en los próximos años. Por eso, su personaje tatuado, de camisetas rotas, amante de la velocidad y de pocas palabras y menos gestos de Cruce de caminos no sorprende tanto como debiera.  Además, sus fans se pueden encontrar con una desagradable sorpresa…

Gosling es un motorista que trabaja para un circo haciendo espectáculos. Un buen día se encuentra con Eva Mendes con la cual había pasado una noche un año antes. Se entera de que tiene un hijo… La escena del bautismo del niño con Luke mirando desde la distancia nos aclara la situación sin necesidad de más explicaciones ni aburridos flashbacks en blanco y negro.

Esta es una de las grandes habilidades de Cianfrance. Contar mucho con poco. Varias veces a lo largo del metraje volvemos a asistir a esta clase de escenas cargadas de tensión emocional, con algunos diálogos de gran nivel acompañadas de grandes actuaciones por parte de los actores. Pero al contrario que en Blue Valentine, Cianfrance busca convertir una pequeña historia en una tragedia shakesperiana de resonancias milenarias… El destino y todas esas cosas…

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“Lo siento”

Tal vez es que estamos un poco cansados de ese rollo del destino o que Cruce de Caminos peca de soberbia. O las dos cosas. Pero a Derek Cianfrance se le va la mano un poco en los dos capítulos que suceden al protagonizado por Gosling. Y el problema no es que este personaje ya no esté. Porque está. Su aura envuelve toda la historia. Tal vez este posicionamiento narrativo y emocional por parte de los guionistas a favor de Luke sea excesivo, pero así está planteado Cruce de caminos.

Cuando Bradley Cooper toma el testigo, la cinta no pierde calidad pero cambia de registro. Cianfrance introduce nuevos elementos (trapicheos de policías corruptos) pero mantiene frescos los dos motivos principales de la película: las relaciones padre-hijo, y las relaciones causa-efecto. Cooper nos entrega otro de los grandes momentos de la película en la conversación que mantiene con la psicóloga policial…

Y Cruce de caminos sigue avanzando… Casi hacia el infinito. Y Cianfrance se le va un poco la olla con una tercera parte demasiado efectista. No queremos destripar el argumento como es común en las críticas y comentarios de películas, así que lo dejamos ahí.

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“¿Te llevo a casa?”

Una vez terminada la proyección sacamos varias conclusiones. Cianfrance es buen director y narrador. Disfruta especialmente dibujando situaciones íntimas de gran tensión o emoción y consigue empapar de ellas al espectador.  Es un talento fundamental para hacer buen cine. Por otro lado, sus películas, especialmente Cruce de caminos está impregnada de un cierto aroma religioso y, sobre todo, determinista un tanto peligroso. El pecado, la penitencia, el castigo, etc. Las cosas pasan porque tienen que pasar. No hay otra opción. Si la haces, la pagas. No tragamos con todo eso puesto que la vida, por lo general, no es tan efectista ni determinista.

De esta forma, Cruce de caminos posee también elementos muy artificiosos y poco creíbles que son utilizados por Cianfrance para tratar de justificar su discurso. El resultado es una película ambiciosísima que oscila entre la poesía y la pompa, entre la tragedia íntima y la moraleja universal.

Lo mejor: Cianfrance se confirma como un buen director capaz de conmover al espectador.

Lo peor: efectismo que acompaña algunos sucesos poco creíbles de la historia que son usados para dar mayor trascendencia al discurso.

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