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Crítica: “Camille Claudel”

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Mala sangre, La insoportable levedad del ser, Herida, Azul, El paciente inglés, Código desconocido, Caché, Copia Certificada…  La Binoche pronto cumplirá 50 años y tiene en su haber innumerables películas, la mayor parte de ellas de calidad. Desde que asomara la cabeza unos minutitos en Yo te saludo, María de Godard, la actriz parisiense ha ido creciendo hasta convertirse en una referencia de la interpretación a nivel mundial. Camille Claudel, estrenada hace un par de semanas en España, es Juliette Binoche. Y un poco de Bruno Dumont

El director francés no se complicó demasiado para plantear esta historia. Camille Claudel fue una escultora célebre por su obra, pero también por haber mantenido una relación con Auguste Rodin. Camille no pudo asimilar la ruptura con el autor de El pensador o Los burgueses de Calais y terminó entrando en depresión nerviosa. Abandonó la escultura y fue recluida por su familia en una institución mental hasta su muerte (1913-1943).

En 1988 ya vimos la primera aproximación cinematográfica a esta artista de la mano de Bruno Nuytten con Gerard Depardieu y la bella Isabelle Adjani como protagonistas. Aquella era una historia biográfica al uso, pero eficaz y bien rodada. Camille Claudel 1915 no tiene nada que ver. Tan solo nos muestra unos días de vida de la artista en el sanatorio mental esperando la llegada de su hermano Paul.

Si Hollywood coge esta historia la plantearía de la siguiente forma: breve introducción de la protagonista en el manicomio, un travelling hacia los ojos vidriosos de Claudel y flashbacks hacia la época de juventud de la artista. Pero Bruno Dumont no hace nada de eso. Y es un punto a su favor.

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La historia de Claudel está contada a través de las reacciones emocionales de Binoche a lo largo de todo el metraje. Poco sabemos acerca de su personaje, al margen de la información escrita que se nos da al principio. Claudel, aparentemente sana, está rodeada de mujeres enfermas. Mira con desdén a sus compañeras. A veces sonríe. Vigila su comida para que no la envenenen. Y maldice a Rodin y otros artistas por haberle robado su obra… El desequilibrio de la protagonista es más contenido que el de sus compañeras. Como dice su hermano, es la locura del genio, que combina orgullo y manía persecutoria.

Bruno Dumont entrega su película a Binoche. Sabe que es apostar casi sobre seguro. Apenas hay líneas de diálogo, salvo las parrafadas místicas de Paul Claudel en la última parte de la película. Así, durante la primera hora de metraje, la cámara sigue a Camille a través del sanatorio. La protagonista es una persona derrotada por la vida, incapaz ya de asimilar el impacto emocional de sus decepciones sentimentales y artísticas. La pasión que vivió en el pasado ha sido de tal magnitud que ha envenenado su lucidez.

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Lo mejor de esta película de cámara es observar los matices interpretativos de su actriz protagonista. Detrás de cada sonrisa y lágrima, de cada mirada perdida, está un trocito del pasado de Camille. El momento cumbre llega cuando Camille asiste al ensayo de una escena de Don Juan, interpretado por dos enfermas del sanatorio. El rostro de Binoche pasa de la sonrisa, a la tristeza, y de la tristeza a la desesperación. Pura vida, pura Binoche. El corazón de Camille está herido de muerte. No hay vuelta de hoja.

Pero en la película no hay mucho más. Luego aparece el hermano, cuya función es instrumental. Explica la vida de Camille a través de sus pensamientos y sus conversaciones con el cura y con el médico. También desbarra un poco sobre Dios. Y perdemos interés.

En Camille Claudel también hay un gran trabajo estético. Los interiores del sanatorio muestran un gran sentido plástico, y los encuadres están trabajados al milímetro. Las compañeras de Binoche hacen un trabajo excelente. Es posible que alguna esté loca de verdad, no sabemos…

¿Conclusión? Camille Claudel es una película arriesgada, a contracorriente, pero poco satisfactoria.

Lo Mejor: Binoche, como casi siempre. El arriesgado planteamiento narrativo.

Lo Peor: Redundante, podía haber durado media hora o cinco. Binoche no es suficiente.