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Crítica: “Blue Valentine”

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Por fin llega a nuestras pantallas este drama sentimental protagonizado por Michelle Williams y Ryan Gosling. Y es que la historia de Blue Valentine ha sido larga y difícil. Más de 12 años le costó a Derek Cianfrance traducir en imágenes su guión. Ya tenía a los actores y tenía la historia, pero diversos problemas de financiación echaban abajo el proyecto. Y cuando el dinero aparecía, los actores tenían otros trabajos acordados. Finalmente en 2010 vio la luz la cinta con algunos premios en festivales. El Jurado Joven de Gijón le dio el galardón a mejor película y Michelle Williams recibió una nominación a mejor actriz en los Oscar y los Globos de Oro.

Blue Valentine es una historia clásica, poco original, pero que resuelve estos problemas iniciales de forma brillante. Y lo logra gracias a la actuación de sus actores principales y los pequeños detalles. Y es que historias de amor (y desamor) hay tantas como seres humanos y el mundo del cine está llena de ellas. Blue Valentine es un manual para guionistas principiantes: cómo crear un drama romántico eficaz, sorteando lugares comunes y emocionando al espectador a través de las sugerencias. Todo ello sin caer en el amaneramiento.

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Un matrimonio joven con una hija vive un momento difícil en su relación. El dinero no abunda y Dean y Cindy luchan por sacar adelante a Frankie. El personaje de Michelle Williams se encuentra con un antiguo novio y recupera sensaciones que ya creía olvidadas. Por su parte, Gosling lleva una vida algo disipada centrada en criar a Frankie y resolver algunas chapuzas que van surgiendo. Un matrimonio cualquiera en cualquier ciudad del mundo.

El espectador no tarda en empatizar con unos personajes levemente caracterizados. Empiezan a aparecer los primeros detalles brillantes de Blue Valentine. No abundan los elementos para situar la historia. Tan solo se muestran pequeños retazos. Más que suficientes para que el espectador encaje las piezas en su cabeza. Existe un drama latente en esa pareja pero aun no sabemos cuál es.

Gosling decide montar una noche especial en un hotel con su mujer. Tal vez, alejándose por unas horas de la rutina consigan recuperar un poco la pasión. En ese momento, empiezan a desarrollarse flashbacks que nos muestran los inicios de la relación de Dean y Cindy. Atracción juvenil y dulce romanticismo. Y pasión. ¿Cuánta pasión inicial es suficiente para mantener una relación a largo plazo? ¿Cómo cultivar el amor?

Michelle Williams ya había coincidido con Gosling en El Mundo de Leland. Joven y con talento ha aparecido recientemente en cintas como Shutter Island o Mi Semana con Marylin. Es una actriz curiosa. No tiene un imponente atractivo y tampoco lo necesita para triunfar. En Blue Valentine teje una actuación contenida de miradas elocuentes y silencios dolorosos.

Ryan Gosling, por su parte, no necesita presentación. El actor joven de moda en Hollywood ya ha demostrado su enorme carisma y capacidad en películas como Drive, El Creyente o Half Nelson (por la que tuvo una nominación al Oscar). A pesar de tratar temas muy diferentes, Blue Valentine cultiva los mismos parámetros estéticos y narrativos que Half Nelson. Ambas son películas que esconden algo terrible en un envoltorio poco llamativo.

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A medida que la historia de Blue Valentine avanza, nos vamos dando cuenta de que el amor no es, ni mucho menos, el tema central de este relato. Un acuerdo tácito e irreflexivo entre ambos protagonistas en su juventud, modifica su vida futura hasta convertirla en un lento descenso a la nada.

Varias escenas de la película tienen una fuerza expresiva y narrativa poco común. Sin artificios, gritos ni aspavientos, Gosling y Williams nos llevan a vivir durante unas horas en la mente y los cuerpos de sus personajes. Dean y Cindy se enfrentan en la habitación del hotel a un pasado complejo. Como en Secretos de un Matrimonio de Bergman, el arte de esconder bajo la alfombra es, casi siempre, una condena.

El personaje de Williams resulta muy atractivo por su ambigüedad, por su dureza y desamparo, mientras que Gosling engaña en un principio para terminar despertando inevitable simpatía y condescendencia. Una película muy indicada para todos aquellos que han sufrido alguna vez en una relación, todos los que han sido rechazados o han tenido que rechazar… Un brillante drama sentimental con un estupendo plano final que se grabará a fuego en muchos corazones heridos.    

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