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Crítica: “Amor”

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La última película de Michael Haneke ha cosechado premios y elogios a partes iguales. Palma de Oro a la mejor película en Cannes, nominada a mejor película de habla no inglesa en los Oscar, ganadora del Globo de Oro en la misma categoría… El respetado crítico Sergi Sánchez ha dicho de ella que es “la historia de amor más auténtica del cine reciente… Una obra maestra absoluta“. Hasta Carlos Boyero ha manifestado su devoción por la cinta de Haneke…

Pero no solo de premios y críticas de especialistas vive el cine, aunque a veces parezca lo contrario. Al terminar la proyección de esta película se pudieron oír unas sonrisas en la sala… Y es que un espectador no pudo contener un resoplido en el último fundido a negro: “Buff”. Las sonrisas de otros espectadores fueron una señal de empatía. “Te entendemos”, parecieron expresar.

¿Qué es lo que produjo la película de Haneke en esa persona para que terminase hastiado? El director austriaco acostumbra a arrinconar a su público. Le obliga a transitar por un desfiladero estrecho y peligroso. Y no tendrá ayuda. Haneke no ofrece recompensas prosaicas. Nadie te esperará al final del camino con una lata de bebida isotónica, ni un poco de EPO. Al finalizar el metraje estarás como al principio, pero con arañazos en alma y cerebro.amor1

Sus películas son así. Afiladas y ásperas. Tensas. Gélidas. Pero también impredecibles. Y Amor no lo es. El que acuda al cine sin conocer la trama siempre tiene algo ganado: el factor sorpresa. Conocer la sinopsis de una película es un arma de doble filo. Te puede indicar si algo se adecúa a tus gustos, pero la mente se prepara para desarrollar una historia que ya tiene asumida. Por eso, casi siempre, es mejor no saber nada de la cinta. Y mucho menos leer las críticas sobre la misma. (Es el momento de quitar esta página si aun no la has visto…).

En definitiva, si acudes al cine tras leer la sinopsis de Amor, ya sabes lo que vas a ver. Pero lo que es peor, si no sabes nada de la historia, la introducción te ofrece todas y cada una de sus claves. Es decir, tras tres minutos de película, ya tienes claro que te espera una muerte lenta y dolorosa.  ¿Por qué está estructurada así la historia? (No es una pregunta retórica).

Michael Haneke apostó por dos actores veteranos y curtidos en el cine francés. Por un lado, Jean-Louis Trintignant. Con 82 años, ha puesto la guinda a una larga carrera. Trabajó en los años 60 con directores como Eric Rohmer, Claude Lelouch o Costa-Gavras.  Muchos le recordarán de Un hombre y una mujer o de Mi Noche con Maud. También estuvo en películas de Truffaut. Y en los últimos años destacó al lado de Irène Jacob en Tres Colores: rojo de Krzysztof Kieslowski. En esta última, Trintignant ya ofrecía una gran actuación con unos patrones similares a los que podemos ver en Amor.

Emanuelle Riva es el otro pilar de la película de Haneke. Alain Resnais la bautizó en el cine por todo lo alto con Hiroshima, Mon Amour. También trabajó con George Franju y más adelante, de nuevo, con Kieslowski, como madre de Juliette Binoche en Azul, una de las mejores películas francesas de los años 90.

amor2Riva y Trintignant son el principio y fin de esta película. Por sus miradas, sus silencios y sus caricias pasan todo lo bueno de esta historia. Y es que Amor es una película de actores, de cómo dos intérpretes veteranos son capaces de sacar lo mejor de sí mismos para brindar al espectador una última ofrenda. No obstante, ambos tienen un papel muy diferente. Si Riva debe transitar de la determinación a la demencia, Trintignant tiene que ofrecer una actuación más compleja, más contenida, repleta de vaivenes emocionales, sin línea recta.

El título de la película deja poco lugar a la duda. Es una historia de amor. Dura, dolorosa pero previsible y carente de fuerza. Y es que los mejores momentos de la película se desarrollan en ese salón tan burgués y tan francés. O en la cocina. Son esas conversaciones en familia y esos silencios cuando la cinta de Haneke emociona e inquieta, como en él es habitual. Pero cuando la historia se traslada al dormitorio, se alarga tanto la agonía hasta que finalmente algún espectador termina dedicándonos un sonoro “Buff, por fin, vamos al 100 Montaditos”…

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